El Parto en Casa de una Mamífera

No quiero comparar el parto de una gata con el de una humana. No quiero que creáis que pienso que es lo mismo.

Pero si me parece un buen ejemplo del instinto que una hembra de la especie que sea, llega a tener durante el parto. De cómo el trabajo de parto se normaliza cuando está en un entorno agradable, conocido y con las personas que desea y que, si no existen problemas durante el embarazo, es factible y seguro dar a luz en casa según la OMS y el Ministerio de Sanidad.

¿Qué hubiera pasado si mi gata Boo hubiese tenido algún problema durante el parto? Por suerte nunca lo sabré.
Mi gata no tuvo controles prenatales. Me di cuenta que estaba embarazada porque se le notaba la barriguita y como no es muy amable con desconocidos, el veterinario no quiso ni tocarla dándome la opción de la ecografía. Hace 9 años de esto y yo no lo creí necesario, puede que con 21 años fuese demasiado poco responsable, pero sin darme cuenta también estaba normalizando el embarazo de mi gata. Ella se encontraba bien y el embarazo eran dos meses: ¿Cuánto podía quedarle? ¿Qué podía pasar?

Boo dejó de subirse en los sitios altos que le encantaban, dormía mucho más de lo normal escondida en sitios muy tranquilos y aceptaba los cariños con mucho amor y muchas ganas. Ella se cuidaba igual que cualquiera de nosotras lo hubiese hecho, pero la diferencia es que no creo que supiese lo que le pasaba. Notaba los cambios en su cuerpo , el cansancio, el aumento de peso, pero nunca había visto un parto, ni a un gatito recién nacido, así que no se estaba preparando para ello más que lo que su cuerpo lo hacía por si mismo.

Ni idea de cuándo salía de cuentas, ni idea de cuándo fue su último celo ni de cuando había sido preñada (y eso que el padre estaba en casa), así que lo único que se podía hacer era esperar, confiar en la naturaleza y observar por si tuviera cualquier problema.

El 8 de Julio de 2005 sobre las 7.30h me pareció raro que no se subiese a mi cama para acurrucarse por la mañana ya que tenía esa costumbre. Entonces recordé que la noche anterior había subido, algo que no era normal,  que yo había estado acariciando su tripita y que los gatitos se movían muchísimo.

Más tarde comprendí que seguramente ya tenía contracciones y venía a mí para que le acariciase y cuidase, pero ni un solo ruido ni quejido.

Me levanté como un resorte y fuí al salón. Había preparado una cestita con sábanas para cuando llegase el momento pero Boo no la había utilizado hasta ese día. Cuando la ví ya tenía dos gatitos con ella mamando tranquilamente. ¡No me lo podía creer! Yo ni siquiera me había enterado y ella parecía estar tan tranquila… A su lado, Sairon (el padre) respetando el espacio de la parturienta y alucinando completamente con lo que estaba viendo.

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Había leído que a una gata dando a luz hay que dejarla en paz, que no hay que tocar a los cachorros porque puedes pegarle tu olor y la madre los rechazaría, pero mi gata estaba tan tierna… Parecía que necesitaba mi ayuda, o más bien mi presencia y poco a poco fui acercándome a ella y tocándola con cuidado y respeto. Respondía a mis caricias y parecía que estaba enseñándome “lo que tenía”. Estaba como loca con sus gatitos.

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Yo me preguntaba si ya habría terminado, si había más. Según internet podía transcurrir una hora de intervalo entre nacimiento y nacimiento, pero pasaba el tiempo y no sucedía nada, yo no veía que tuviese ninguna contracción.

De repente Boo comenzó a maullar y a elevar el sonido del maullido hasta que de repente empujó y salió un gatito cubierto de la bolsa que Boo comenzó a quitarle a mordiscos y lametazos. Ella sola desperezó a su bebé, el cuál reptaba buscando los pechos de su madre… Y a la hora y pico, otro más… Fueron cuatro gatitos preciosos, minúsculos y muy tiernos, que tuvieron su cordón umbilical hasta la semana de vida.

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Boo solo se levantaba de la cestita para comer, ir muy rápido a su caja para hacer sus necesidades y volvía corriendo para estar con sus gatitos. En cuánto alguno lloraba se ponía muy nerviosa y lo lamía, lo exploraba y comprobaba que todo estuviese bien. Instintivamente ella sabía que sus bebés querían estar con ella, que necesitaban mamar y ella facilitaba esa labor.

Siempre recordaré el olor que desprendía esa cestita, lo bien que Boo lo hizo todo ella sola, que los gatitos se peleaban entre ellos por los pezones y que me dieron alguna que otra noche de despertares que recuerdo con cariño y emoción.

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También la pena que me dio cuando se destetaron y comenzaron a corretear por la casa como locos, escondiéndose para dormir todos juntitos y que Boo les vigilaba, les acicalaba y hacía recuento cada cierto tiempo.

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Cuando los gatitos empezaron a irse de casa Boo lo llevó muy bien, casi mejor que yo.

Supongo que se daría cuenta que iban faltando gatitos pero ya todos comían pienso y no estaban tan apegados a ella. Dejaron de necesitarla y ella se apartó. Dos meses de embarazo y otros dos de crianza.

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Fue una experiencia tan bonita y todo salió tan bien… Para mi fue una algo únicp y que a lo largo del tiempo me hubiese gustado volver a vivir. Me encantaría que mi hija y yo tuviéramos un parto tan tranquilo y feliz como lo tuvieron Boo y sus gatitos.

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