¿Qué ocurre cuándo crías con empatía?

A veces no nos damos cuenta de cómo hablamos a los más pequeños. Particularmente tengo una cruzada con esa manía que tenemos de dirigir sus emociones e incluso anularlas.

 

“¿Te has caído? No pasa nada, no te has hecho daño. No ha sido nada.”

“¿Estás enfadada?  Si te enfadas te pones fea.”.

“¿Estás triste? ¡Qué va! No, no lo estás.”

 

Pero ¡oh sorpresa!, a veces cuando los peques se caen se hacen daño, y mejor que ellos no lo sabe nadie. Y también se enfadan, o se ponen tristes. Y no pasa nada. Se puede y se debe nombrar esas emociones y validarlas, dejarles ser y sentir. Como hacemos o deberíamos hacer los adultos.

Desde que soy madre me doy cuenta de estas frases y de la mala costumbre, porque es un defecto horrible, que tienen muchos adultos de gobernar los sentimientos y las actitudes de los más pequeños.

En casa nos dimos cuenta hace tiempo e intentamos desterrar esas frases que casi como un karma se repiten de generación en generación, (porque a veces lo hacemos mal también) y empatizar con nuestra hija. Algo tan sencillo, fácil y que forma parte seguramente de nuestra vida diaria entre adultos, parece que con los niños y niñas no hay que utilizarla.

¿Cómo se cría con empatía?

 

Según la RAE, la empatía es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Cuando alguien es empático tiene la habilidad de ponerse en el lugar del otro y puede entender sus emociones. Es muy útil para prevenir conflictos y ayuda a que las relaciones sean más satisfactorias. ya que nos ponemos en la piel del otro y comprendemos sus frustraciones, alegrías, miedos…

No prejuzgar ni culpar a las personas, escuchar dedicacndo atención plena sin interrumpir, tener paciencia, etc… son características de personas empáticas y que deberíamos utilizar en general y más específicamente con personas que queremos, como nuestros hijos e hijas. Por ejemplo.

Cuando nuestra hija se cae le preguntamos: ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? Vaya, lo mismo que le preguntaríamos a cualquier adulto que se cae al suelo. No me veo diciéndole a una señora que se cae en la calle “que se levante que no ha sido nada”. Pues con un niño lo mismo, aunque la gran mayoría de veces no se haya hecho daño y lo sepamos.

Cuando llora le preguntamos por qué, o si sabemos la razón, es muy fácil decir que sabemos que esta enfadada/ triste y que le entendemos. Y podemos explicarle que aunque llore porque quiere chocolate y lo entendemos, vamos a cenar y no podemos comerlo ahora. Que parece que no, pero siempre reconforta que entiendan lo que te pasa aunque no te solucionen el problema pero te apoyen y acompañen, en vez de decirte “no te pasa nada, que no estás triste”.

¿Alguien se da cuenta de la falta de respeto que supone quitarle importancia a los sentimientos de alguien que sufre o está molesto? Para un adulto, lo que le ocurre a ese bebé en ese momento puede ser una tontería, pero para él es un mundo y hay que respetarlo y acompañarles en ese momento.

 

La manera de criar retoños empáticos es mostrar empatía por ellos.

 

Y aunque parezca mentira, hay padres y madres, tíos y abuelos que no tratan a niños y niñas con empatía. Que cuando lloran no les acompañan, que controlan y manejan sus sentimientos y les dan permiso o no, para enfadarse. Y la manera en la que esos niños se relacionan posteriormente con otras personas, es la misma que han conocido.

¿Qué pasa cuándo criamos niños empáticos?

 

Sorprendentemente (nótese la ironía), llega un momento en el que hablan, se comunican contigo y te preguntan: “¿tas enfadao?, ¿tas bien?, ¿duele pita (tripa)? ¿mucho feliz? ¿mucho triste?”

Y no solo a ti. A cualquier niño del parque o a un familiar.

Te das cuenta que comienzan a mantener relaciones sociales en las que se preocupan por cómo se encuentra el resto, que alguien se cae y no se ríe, si no que pregunta. Que se alegra contigo cuando te pasan cosas buenas, y que si lloras te abraza.

Se comporta igual de bien contigo, que tú te comportas con tu retoño.

Y es ahí cuando te das cuenta que “ser un bicho raro” y tratar a tu hija como la persona que es da sus frutos y es lo que se debe hacer. Y odias esas frases que le dicen cómo debe comportarse, cómo debe sentir y cómo debe ser.

La empatía es una gran virtud, y muy importante a la hora de relacionarse. Enseñar a nuestros hijos e hijas a ser personas empáticas lo considero uno de los pilares de la crianza con apego. Algo que, por otro lado, estaremos practicando y enseñando desde el principio si una de nuestras máximas es criar a nuestro bebé con respeto.

 

 

¿Crías a tu bebé con empatía?

 

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27 pensamientos en “¿Qué ocurre cuándo crías con empatía?

  1. Es una pasada, y criar así se nota luego con el tiempo, la mía con casi 5 tiene muchísima empatía con otros niños y niñas, lo mejor es como expresa y acepta sus emociones, reconoce las nuestras y sabe gestionar las suyas 🙂

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  2. Que me gusta a mi leerte y ponerte cosas para moelstarte… Pues que luego cuando lo cuentas te dicen de todo proque no son capaces de entender que cada familia es diferente, que sus valores no son mejores por ser los más extendidos y esas cosas. ¡Ya sabes! Y al final tú te ríes en casa porque no te queda otra con el panorama que hay

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  3. Y como dicen por aquí en los comentarios, luego toca aguantar comentarios del tipo “toda la vida se ha hecho así” “tan mal no hemos salido” y lindeces por el estilo, cuando si se pararan a pensar un poco en vez de sentirse atacad@s, se darían cuenta que criar con empatía es de sentido común. Buen post!!

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  4. Yo tengo que reconocer que aunque lo intento con todas mis fuerzas cada día, muchas veces se me escapan las dichosas frasecitas. Creo en criar con empatía, intento hablar con ellos siempre, que me expliquen sus cosas, dejar que se expresen como quieran y sientan… Pero hay momentos en los que me desbordo y les digo eso de “no ha pasado nada”. Luego, en frío, reflexiono, hablo de nuevo con ellos, les pido perdón si creo que no he actuado correctamente y al día siguiente… A intentarlo de nuevo. Me pasa como con los gritos… Poco a poco, pero al final espero desterrarlo totalmente. 😉

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  5. Muy buen post, exactamente criar con empatía es lo que intentamos hacer en villa frutitos desde hace 6 años y pico, y como bien dices esto va unido a tratar a los hijos como personas que son, con sentimientos. Esto además de ayudarles a empatizar con otros niños también les ayuda a leer, reconocer y expresar sus sentimientos desde pequeños 😊

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  6. Gran, gran post. Yo me di cuenta de que estamos criando a la niña desde la empatía cuando el otro día me caí y vino corriendo y me dijo: tas hecho pupa?? No llores, yo te doy un besito. Después me dice, todavía duele??? Yo te curo mami, para que estés mejor y te sientas feliz.
    Parecen tonterías pero cuando llora y uno de los abuelos le dice que no llore porque se pone fea o que no tiene porqué llorar soy yo las que le dice que puede llorar lo que quiera si lo necesita. Siempre terminan callando y es que muchas veces no nos damos cuenta de estos comentarios que al final son hirientes para ellos.
    Saludos

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  7. Muy bonito post y completo! Nosotros sí criamos con empatía y ahora lo noto con nuestra hija mayor que tiene 6 años que por su desarrollo evolutivo puede comprender que cada persona tiene su propia vida… es un niña muy Empática porque se ha criado con ella.

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  8. Muy bueno el post.
    Intento criar a mis hijos con empatía, no siempre lo consigo porque todos sabemos que es un trabajo duro, muy duro, el más duro que he tenido nunca pero también el mejor remunerado sin lugar a dudas.
    Me gusta tratar a mis peques como me gustaría que me tratasen a mí, cuando lo veo desde ese punto de vista es más sencillo. Si yo me caigo me gusta que me pregunten cómo estoy y si lloro porque me duele, ¡es porque me duele! y que vengan a decirme que no es nada me haría sentir ridícula.
    Me parece un post estupendo, gracias por compartir.
    Un saludo!

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    • Mil gracias, me alegra que te haya gustado.
      En efecto no es fácil, porque nos han criado de una manera peculiar, en la que los niños suelen ser ciudadanos de segunda. Pero merece la pena intentarlo día a día y da sus frutos.
      Un saludo

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  9. Excelente post. Como dices, es tan duro desterrar esas frases tan arraigadas que tenemos y que han ido de generación en generación. Me viene a la mente una conocida que cuando la niña se caía por andar jugando decía: “No la miren!” porque pues según ella si se le prestaba atención “de más” (válgame Dios) se volvería consentida. A veces se golpeaba duro y allí iba el “No la miren” 😦

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