La Maravilla de la Comunicación 

Nunca tuvimos prisa porque Lucy comenzase a hablar. Nunca nos ha preocupado. Yo siempre decía que no tendría nada que decir y creo que así era porque una vez se arrancó a hablar, no ha parado.

Desde el año de edad decía palabras sueltas, a los 18 meses decía varias palabras, las juntaba y se hacía entender aunque no siempre, pero el verano pasado, con dos años y medio, fue la explosión de la comunicación.

Solo quién ha vivido este momento tan especial sabe lo emocionante que es ver la cantidad de palabras que son capaces de aprender cada día, cómo van formando frases que dejan entrever su personalidad y cómo poco a poco esas palabras inventadas y graciosas cuyo significado solo conocíamos sus padres, comienzan a desaparecer y en su lugar se hacen fuertes las que la RAE acepta.

Se hacen mayores de repente con esos vocablos que hace unos meses era impensable que salieran de su boquita, con ese esfuerzo para que cada fonema corresponda.

En un ataque nostálgico, somos los adultos los que seguimos utilizando esas palabras bonitas y primitivas que solo nosotros entendíamos. Porque la realidad es que ya no volveremos a escuchar un “teki” (chocolate), un “funa” (funciona), un “paki” (parque), un “ieiets” (dientes)…

Aunque Lucy ha sido “tardía” en hablar según mucha gente, cuando lo ha hecho ha sido un tsunami de palabras bien dichas, de verbos bien conjugados y de expresiones coloquiales que no le hace falta escuchar más de un par de veces para añadirlas a su día a día. Se estrenó completamente a lo grande.

Te cuenta todo, lo que ha hecho hace un rato, lo que hizo ayer y lo que hacía cuando “era pequeña”. Y no solo le entendemos nosotros, le entiende todo el mundo. Habla por teléfono con personas imaginarias y reales, juega con sus muñecos con distintas voces reproduciendo conversaciones completas, representa el capítulo de “Ladybug” que acaba ver a la perfección. Ya no solo baila, también canta y se inventa las canciones, tiene una imaginación desbordante y el lenguaje le permite plasmarlo de nuevas maneras.

Y por supuesto, te contesta y se defiende ante injusticias, te dice que le dejes en paz, que no va a contestar si “si” o si “no” (por si acaso lo utilizas en su contra). Pero también te dice que te quiere mucho, que le des un abrazo, un beso de amor, y que lo siente…

Agradece todo, desde que limpies su habitación porque está “mi mi limpita”, hasta que compres comida. Valora lo que haces por ella y ahora puede expresarlo.

Los “¿por qué?” llenan nuestro día a día y la contestación deriva en temas interesantes, su comprensión evoluciona al mismo tiempo que su capacidad de comunicarse.

Su personalidad se deja ver a través de sus palabras. La comunicación completa sus alegrías, sus enfados, sus tristezas… Conoces lo que sucede dentro de su cabecita, su manera de pensar, su nobleza y sus deseos. El puzzle se va completando y es maravilloso seguir conociendo a la persona en la que se está convirtiendo.

Vivimos una etapa maravillosa en la que las risas y los juegos han evolucionado, las confidencias y los momentos de cariños se han desarrollado y son cada vez mejores, y las conversaciones superan cualquier cosa que hayamos imaginado.

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