#Lecturitas: “El monstruo de los abrazos”

Cuando eres madre, tienes muchas cosas que aprender, pero también muchas cosas que enseñar; Algo que he aprendido siendo madre, es que la benevolencia debe estar presente en nuestra vida diaria, igual que la paciencia (pero eso es otro tema). La benevolencia, la capacidad de perdonar, de comprender y empatizar con el resto, es algo que nuestros peques merecen más que nadie y soluciona muchísimos momentos. Y es muy importante enseñarla desde el ejemplo, porque somos su modelo a imitar.

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Los bebés se desacostumbran a los brazos

No se si será un complot mundial, pero nos han mentido. Toda la vida escuchando aquello de “no le cojas que se acostumbra” y resulta que no es verdad.

Aunque porteo a Lucy y la tengo en brazos de aquí para allá todo el santo día, a ella le gusta cada vez más estar en el carro. Lejos de querer más brazos, según crece me doy cuenta que aguanta cada vez más tiempo sin los brazos de mamá.

Poco a poco se sienta, se entretiene en su carro con algún juguete… Nada que ver con las primeras semanas en las que no había manera de dejarla en la cuna porque en seguida se despertaba, o cuando conseguías acostarla y a los diez minutos abría el ojo y te llamaba desconsoladamente.

 

Esto que pasaba no es extraño: Pasó de estar en un paraíso calentito, un útero oscuro e íntimo, con el olor de mamá y papá en el líquido amniótico, oyendo cómo sus padres la hablaban en un tono muy bajo, escuchando el latido casi hipnótico de mamá y mecida las 24 horas por sus caderas, a un lugar frío (y muy frío que nació en diciembre), con mucho ruido y una luz cegadora. Por eso ella y todos los bebés prefieren estar cerca de su madre, o de su padre. Siempre quieren estar con alguien, o encima, o agarrados o abrazados, aunque haya 30º y un sol abrasador y estén sudando como pollitos, ellos son felices cerquita de mamá.

Con el tiempo se van “despegando”. 

A Lucy le gusta estar en la cama o en su colchoneta con sus juguetes y puede pasarse un buen rato mientras yo voy y vengo por la habitación haciendo cosas… Puedo llevarla a la cocina o al salón en el carro y ella se distrae. Podemos pasear con la sillita de paseo y se asoma a ver el paisaje.

Dentro de poco comenzará a gatear y será la novedad y luego a andar, y seguro que querrá hacerlo solita, sin mano ni nada. Cada vez será más independiente…  Y entonces, echaré de menos esa tardes en las que se me sube encima cual escaladora y no me deja ni un segundo tranquila…

Si tu bebé quiere brazos, dale brazos.

No va a quererlos y necesitarlos toda la vida, pero cuando los necesite, que estén ahí.

 

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