Cuando tu hija quiere ser hermana mayor

Siempre pensé que tendría más de un bebé. Una de esas cábalas que haces durante la juventud: “Yo quiero por lo menos tener dos hijos”. Y llegas a la edad adulta y te das cuenta que las cosas no son tan fáciles como pensabas, que existen muchas más variables en esto de tener o no bebés y que a veces, los planes y los deseos cambian.

Cuando mi hija comenzó a decir que quería una hermanita, era algo que en la vorágine de la maternidad ni siquiera había pensado en serio. Estaba demasiado ocupada, demasiado cansada, con demasiadas cosas por hacer y muchas otras a las que renunciaba diariamente, y lo último que se me pasaba por la cabeza era tener otro bebé.

Con tres años, Lucy comenzó a decir que quería tener una hermana, una niña, pero además tenía que ser una hermana mayor. Logramos que entendiera que era imposible que tuviese una hermana mayor, y que el sexo del bebé no dependía de mí. Ya sabéis, una de esas cosas que te esfuerzas en explicar, no vaya a ser que cumplamos su deseo y no sea lo que ella quiere, que un bebé no se puede devolver.

Siguió insistiendo y llegó un momento, que en medio de la desesperación,  ya le daba igual si era hermano o hermana, ella “quiere tener un bebé” (así lo dice ella). Incluso tiene una “hermana invisible”, que se llama “Esperanza” y cuya vida y obra se inventa y nos retransmite a diario. Ella sabe que “Esperanza” no existe, pero juega con ella.

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Prepárate para el verano con la nueva Silk Expert Pro 5 de Braun

Cada verano llega el sol, la playa, los bañadores y esa preocupación por la depilación. ¿Cómo me depilo? ¿Cada cuánto tiempo? ¿Qué productos son mejores para depilarse? Porque la depilación tiene muchas cosas malas: el dolor, el tiempo que tardamos en hacerlo y lo poco que dura perfecta la zona depilada. Da la sensación de comenzar una y otra vez con la misma tarea. Parece que no cunde y nos da mucha pereza hacerlo, a mi me pasa.

Lo bueno es que el otro día acudí a un evento de Braun donde Patry Jordan nos presentó la nueva depiladora Silk Expert Pro 5, que por suerte soluciona varios de estos problemas.

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Un día antes de la FPP

Hoy hace un año a las 11:30h, me despertaba después de no haber podido dormir nada en toda la noche, (algo que venía siendo normal en las últimas semanas de embarazo), con unos dolores en los riñones “como de regla”. Recuerdo que entre dolor y dolor volvía a dormirme y que le dije a Súper Papá, que se iba a hacer running, que tenía dolores pero creía que me dolía la espalda porque hacía días que me estaba molestando… La cuarta vez que me dió ese dolor me levanté de la cama pensando que eran contracciones. Y lo eran.

Me levanté, fuí al baño y me puse a limpiar el polvo del salón mientras que cronometraba el intervalo entre las contracciones: entre 7 y 8 minutos e irregulares también en duración.

Súper Papá volvió de correr y me dijo que fuéramos a dar un paseo, que hacía un día precioso y mucho sol. Y lo hacía, un sol brillante y un cielo despejado del que me acordaré siempre, pero Lucy había decidido que nos quedábamos en casa a dilatar y eso hicimos.

Yo intentaba seguir limpiando para distraerme pero las contracciones molestaban. Llegó un momento en el que pensé que sería mejor guardar fuerzas y lo dejé todo para centrarme en el trabajo de parto.

Súper Papá hizo la comida: filetes rusos. Pero yo no podía comer, no podía estar sentada, estaba incómoda y aunque recuerdo haber tenido hambre y querer comer, mi cuerpo no me lo permitía.

Ahora pienso qué quizás ese sol tan brillante me molestaba bastante y no era capaz de verbalizarlo. 

Pelota de pilates, colchoneta en el suelo, líquidos… Recuerdo que me obsesionaba no pasar frío, me abrigaba, me tapaba mucho. Cogía una buena postura y pasaba un par de contracciones bien, pero en seguida tenía que volver a moverme. Contracciones cada 6 minutos.

Recuerdo que Súper Papá me preguntó si estaría más a gusto en nuestra habitación. Me pareció una idea genial y cuando entramos estaba a oscuras, iluminada solamente con velas que habíamos comprado con anterioridad. Me sentí segura, con intimidad y afortunada porque él había preparado todo sin que nadie lo dijera. Yo no podía pedir ni pensar con claridad en esos momentos.

No se que hora era, yo perdí por completo la percepción del tiempo.

Con ese nuevo escenario, tumbada en la cama, tranquila, cómoda y casi a oscuras, Súper Papá y yo hablábamos entre susurros y yo callaba cuando una contracción llegaba. Las pasaba bien, excepto alguna que subía de intensidad, pero notaba como mi cuerpo se acostumbraba al dolor para la siguiente que llegaba cada 5 minutos.

Se hizo de noche y pensé que a lo mejor un baño me venía bien, sobre todo para ver si las contracciones seguían o se paraban.

Súper Papá me preparó un baño calentito con velas y me vino bien para aguantar mejor el dolor. Creo que me relajé bastante y eso favoreció que mi cuerpo fluyese. Las contracciones aumentaron de intensidad notablemente, y yo empecé a sentir la necesidad de evacuar, varias veces y entre contracciones. Mi cuerpo se preparaba.

Botes en la pelota de pilates de nuevo, las manos de Súper Papá agarrando las mías y las primeras lágrimas cuando las contracciones aumentaban de intensidad. “Esto ya duele” recuerdo haber dicho.

Súper Papá me ofrece otro baño y accedo. Me dice que está siendo tranquilo y precioso, y que el siguiente parto será en casa. Yo pienso en el frío que hace fuera de esa bañera, de mi casa, en el coche de camino al hospital, en el hospital, las luces, la gente… y pienso que no quiero irme.

En la bañera dos contracciones muy intensas, cada tres minutos. Se me caen las lágrimas. Él dice que nos vayamos al hospital. Yo accedo pero preferiría quedarme y no irme ni ahora ni más tarde.

Me visto con unos pantalones de chandal de Súper Papá y alguna contracción me hace arrodillarme en el suelo. Le insto a que llame a mi hermana, que le cuente la evolución, cómo estamos y que nos vamos, por si algo se nos olvida. No escucho lo que dice pero está emocionada. Ya viene Lucy.

Queremos llegar después de el cambio de guardia, así que salimos sobre las 20:30. Ahora pienso que la inexperiencia nos hizo adelantarnos y tenemos interiorizado que cuando algo duele hay que ir al hospital.

En el coche contracciones menos fuertes. Frío, tensión, nervios… En alerta por primera vez.

No tenía miedo. Sabía que lo estaba aguantando, que mi cuerpo aguantaba y se acostumbraba al dolor. Que esto pasaría y que ni me acordaría del dolor. Y no lo recuerdo, tan solo me viene a la memoria un ligero escozor.

Llegamos al hospital y burocracia en recepción. Ando de un lado a otro, impaciente, como una leona enjaulada, no quiero estar ahí. Hay gente, me miran, me tengo que poner de cuclillas para pasar las contracciones, mucha luz y las contracciones no son las mismas, no duelen tanto y pienso que estoy perdiendo tantas horas de dilatación…

Nos pasan a una consulta. ¿Hola? Llevo con contracciones 9 horas, subeme a maternidad. ¿Qué narices necesitas preguntarme? Necesito oscuridad, intimidad y tranquilidad. ¿Te parece que aquí las tengo? Pero no puedo hablar.

Sala de espera de maternidad. ¿En serio? Debe ser que estoy aguantando muy bien o que no he llegado gritando y no me tomáis en serio. Así no.

Monitores. Las contracciones no son las mismas pero siguen apareciendo cada 5 minutos. Me dijeron 10 minutos y me estoy revolviendo de impaciencia e incomodidad en este sillón ortopédico. Necesito moverme, irme de aquí. Hay ruido, tengo a otras personas al lado, me da vergüenza gritar y quejarme, mucha luz… No son 10 minutos.

Llega una matrona que no es la misma que me recibió. Esta no me gusta. Según salgo de monitores una contracción me hace caerme de rodillas al suelo. Me deja que se me pase, esperaba un “levantate” pero no, me deja pasar la contracción y me ayuda a levantarme cuando ya puedo hacerlo.

Me pasan a hacerme un tacto. Ufff… Con lo que dicen que duele… Y esta matrona no me gusta. Dilatada de 4 cm. Yo creía que iba a ser más, pero no está mal. No me hace daño. Me pongo un camisón y mis bragas.

Me pregunta como quiero dar a luz y le pregunto si está la bañera libre. Me dice que si y que tengo esa habitación disponible si la quiero.

Entramos a la habitación, atenúa las luces y me dice que ahora vuelve.

Súper Papá y yo nos abrazamos emocionados. Estamos allí, tenemos bañera y un paritorio que parece estar bien equipado para nosotros solos. Hemos dilatado en casa bastante, lo hemos pasado bien y yo tengo fuerzas y ganas de ver por fin a Lucy, de ver su carita, de cogerla en brazos… Había quedado con ella el 9 de diciembre, mi FPP y parece que no piensa llegar tarde.

¡DIENTE FUERA!

Desde los tres meses Lucy empezó con los dientes, a babear y a estar incómoda. Nos dimos cuenta de que eran los colmillos pero, ¡Oh sorpresa! No ha sido un colmillo lo que ha asomado, si no el primer diente de abajo a la izquierda, del cual no estábamos pendientes porque no había ni puntito blanco ni nada, y siempre que se quejaba parecía que era de los de arriba. Yo ya daba por hecho que tendríamos este verano en casa a una vampirita, pero parece que se han adelantado los típicos dientes a los colmillos. ¡Con lo exótico que era!

Y no es que lo hayamos visto, es que el lunes 25 de mayo, apunto de cumplir 24 semanas, en una de las veces que te coge la mano y se la mete en la boca con ansia, noté que algo rascaba, y no era un piquito: ¡Tiene fuera el diente! Se le nota entero, ha roto la encía y ya me he llevado un par de mordiscos en el pecho.

Hacía días que estaba nerviosa y un par de veces, sobretodo cuando tiene sueño pero no quiere dormirse (eso que ningún padre entendemos), tiraba del pezón y me hacía daño, pero no había diente ninguno. De un día para otro, diente fuera, y mordiscos dolorosos. ¡Cómo ha cambiado el cuento! Lo hace sin querer claramente, y en cuanto me quejo, ella lo suelta,

Ahora, pobrecita mi Lucy porque el diente le ha salido de una vez, tan rápido que no me extraña que esté completamente descolocada y de mala leche. Unos días antes se mordía el puño con saña y se lo dejó rojo de lo fuerte que apretaba.

Le pongo el mordedor de agua en la nevera para que lo tenga fresquito (dicen que si lo pones en el congelador le hace daño en las encías el hielo), y me gustaría poder darle fruta fresquita para aliviarla más, pero para sentarla a la mesa, primero debe sentarse por si misma y sin ayuda… Por ahora seguimos dándole Paracetamol con un dedo en las encías cuando lo creemos necesario y sin abusar.

La pobre está todo el tiempo tocándoselo con la lengua y el dedito, y automordiendose y mordiendo a todo y todos los que pilla por medio, a mi me tiene frita: pezones, hombros, brazos…  Nosotros sabemos lo que le ocurre y sabemos que le ha salido un diente, pero ella se debe notar algo ahí duro y le debe doler y no sabe qué narices le pasa. Es que lo pienso y me da una penita… Pero es muy bonito y da mucha pena pensar en lo rápido que está creciendo. Cada vez que le notamos el diente no podemos evitar mirarnos y poner cara de ternura,  de lástima y de orgullo, es un mix de sentimientos muy raros…

No hay documento gráfico por ahora porque ni siquiera nos deja casi que se lo veamos, pero doy fe de que es chiquitito y precioso.

Y una duda que tengo, ¿los dientes crecen de sopetón?

¿Siempre dan la sorpresa y salen de un día para otro?

LAS VACUNAS DE LOS CUATRO MESES

Visita al pediatra en el cuarto mes. A la enfermera más bien. Lucy más simpática que nada, creo que no se acordaba de la susodicha en cuestión.

La desnudamos, la pesa y la mide:

  • 7,650kg, casi un kilo más que el mes pasado.
  • 63cm, dos centímetros más que el mes pasado.
  • 42cm de diámetro de la cabeza, la misma cabeza.

Vamos, que está hecha un toro. Según la enfermera, percentil 99,  según la tabla de la OMS para la edad de Lucy, 93. Y solo con pecho, oiga. ¿A oído pediatrucho del libro aquel? ¡Solo con teta! ¡Lactancia Materna Exclusiva y a demanda!

 

Aprovecho para decir que hemos pesado a Lucy 7 veces desde que nació, las dos primeras veces fueron en el hospital. Digo esto porque puede parecer que tengo los pesos a rajatabla, pero nada más lejos de la realidad. De hecho ni siquiera hago caso de los percentiles, me traen bastante al pairo.  Los apunto porque tengo una aplicación muy mona, llamada “Crecer” que me da la curva según diferentes parámetros. 

No todos los bebés son iguales, por lo que no todos crecen y cogen peso igual, así que mientras yo vea a Lucy sana y que coge peso, no me preocupo en ir a pesarla semanalmente. Algún día hablaré de percentiles.

Después de las mediciones oportunas, de las preguntas de rigor y de todas esas cosas, tocaban las vacunas. Pero en lo que las preparaba me preguntó si ya la habíamos dejado con alguien para que se acostumbrara, mi contestación fue que yo no quería que se acostumbrara a eso, me salió del alma. No entiendo el afán por querer enseñarnos crianza en el médico.

Primero el Rotateq, que nos toca pagarlo a los papás y que es bebible, (que Lucy casi lo echa entero, angelito mío, con el pastón que cuesta) y después otros tres pinchazos. El tétanos en el muslito (o debería decir muslaco) izquierdo, y las otras dos en el derecho.

Se durmió sobre las 11 y se despertó a las doce llorando, no tenía fiebre. La pusimos hielo en ambos muslos y le dimos paracetamol por el dolor, porque si se lo podemos aliviar lo hacemos. Se cogió al pecho dispuesta a dormir, pero de nuevo se puso a llorar. Estuvimos un ratito dándola amor, cariñitos y juegos. Se morreó con Súper Papá de lo lindo, hizo cacota dos veces y en cierto momento nos hizo saber que quería dormir y nos pusimos a ello. Se dormiría casi a la 1, y excepto los despertares de hambrecita, hasta las 8 no ha vuelto a abrir el ojo y ha sido para hacer cacota dos veces (ahora le ha dado por hacerlas de dos en dos parece). Se ha vuelto a dormir a las 9 y veremos cuando despierta…

No ha sido tan malo como la otra vez la verdad. Los pinchazos los ha llevado mejor, y yo también, que estaba aterrada rollo madre. Cuando nos fuimos a dar el paseo por la tarde Lucy y yo, le dije a Súper Papá que no íbamos a volver para no tener que ir al médico. En ese plan estaba. Y por la noche estábamos más preparados. La experiencia es un punto. Así que menos horrible, aunque si le preguntamos a Lucy a lo mejor piensa otra cosa.

Y con casi cuatro meses ya nos han dado la hojita de la alimentación complementaria y “consejos para padres”. Con algunas cosas me reía porque son de traca y de no entrar en la web de la AEPED ni de casualidad y otras no me han hecho nada de gracia, pero esto se merece un post precioso.

A parte de esto, el comentario extraño de la jornada fue que mientras Lucy no se salga de la tabla, no pasa nada.

¿Y qué pasa si se sale? ¿A alguien le ha pasado?

50 SOMBRAS DE LUCY

Mi Lucy me maltrata. Es un maltrato doloroso pero dulce. Me siento un poco como Anastasia Steele en manos del señor Grey.

Me tira del pelo. Se coge de los más cortos, los de la nuca, o los más dolorosos, los de las patillas. Ella “sabe” de dónde tiene que tirar. Y una vez los tiene agarrados con sus manitas es muy difícil que los suelte.

Me da cabezazos, en la mandíbula, la nariz, los pómulos… Pero la zona más castigada sin duda son los dientes: El otro día fui al dentista y estuve toda la mañana con la boca dormida. Por la tarde cuando comenzaba a despertarse uno de los incisivos me dolía horrores. Un cabezazo de mi Lucy que con la anestesia no noté la fuerza con la que me dio, pero me dio bien… Lo que no entiendo es cómo ella no llora luego ni se hace daño…

Si te tumbas al lado de ella con la cabeza a la misma altura que la suya, lo más seguro es que te infle a tortas. Se pone nerviosa, hace el “Bruce Lee” y suelta manotazos a quien se ponga por medio, no matter what or who….

También me coge de la cara y aprieta. Puede pillar por medio mejillas, ojos, encías, nariz… Desde que controla sus manitas y quiere coger cosas, experimenta con todo, aunque sea un párpado de mamá.

Lucy con cara de:" Ven aquí que te tire del pelo y te arranque un mechón"

Lucy con cara de:” Ven aquí que te tire del pelo y te arranque un mechón”

Antes me arañaba el escote y los pechos cuando comía, lo hacía sin querer. Ahora da pequeños pellizquitos y arañacitos en la aureola, que es una parte muy sensible y duele. No lo hace a propósito evidentemente, ella no sabe que me hace daño, simplemente le gusta hacérmelo.

¿Y a mi? A mi no me gusta nada que me pegue, odio esos pellizquitos que logran que mi sistema nervioso se altere, pero como la quiero me aguanto. Igual que la señorita Steele con el señor Grey…

Pero lo que me encanta son esos momentos juntas, de juegos, de hacerla reir, de hacerla cosquillas en el cuello, aunque me tire del pelo; De morderle la planta de los pies, aunque me de una patada en la boca… Cada segundo con ella es único.

LAS PRIMERAS VACUNAS DE LUCY

Llevamos retraso con las vacunas. Nos dieron cita para la semana que Lucy cumplía 2 meses pero llamaron a Súper Papá diciendo que no tenían las vacunas todavía y que nos llamarían cuando las tuvieran. Nos dieron cita para cuando casi cumplía los 3 meses… En fin. No solo hemos tenido que pagar las vacunas del rotavirus (Rotateq) y del neumococo (Prevenar), que por cierto cuestan una pasta si no que mi hija se ha vacunado con casi tres meses (12 semanas) de las vacunas de dos meses. ¡Viva la Sanidad Pública de este país!

Recientemente me han informado que el Ministerio de Sanidad volverá a poner gratuita la vacuna del neumococo (Prevenar) a los bebés nacidos en 2014 a partir de abril, así que por lo menos la segunda y la tercera dosis nos salen gratis. No sabéis que alegría, porque parecerá una tontería pero nos hemos gastado más de 140€ y tendríamos que desembolsar la misma cantidad cada dos meses, tres veces. Y yo pienso en esa gente que está en el paro, o se acaba de quedar sin trabajo, o que solo trabaja uno de los dos como es nuestro caso. ¿Cómo podrán afrontar un gasto así? No entiendo que en algo tan importante y necesario haya recortes cuando se están salvando bancos con nuestro dinero. Porque además, si son vacunas obligatorias ya en el 2015, ¿qué pasa con esos niños que anteriormente no se han vacunado? Es un completo despropósito. #meenciendo

Lo malo e inevitable de este tema son los pinchazos que se llevó mi Lucy…

También le tocaba la revisión de los 2 meses, y como tiene casi 3, está enorme. Mide 61 cm y pesa 6,790 kg, así que tanto la enfermera como la pediatra alucinaban con lo grande que está: “parece una niña de 4 meses” decían. Me hicieron las típicas preguntas de qué, cómo y cuánto come Lucy: Leche materna, a demanda, lo que ella quiera. Me preguntó la enfermera que cuanto tiempo estaba al pecho y le dije que ahora que es más mayor y ha aprendido a mamar, en 10-15 minutos lo tiene solucionado, pero creo que ella se pensó que era YO la que la ponía solo 10 minutos.

Al parecer está tan grande que tiene percentil 95 y hablaban entre ellas diciendo que “no podían echarme la bronca, porque era a demanda y solo 10 minutos”. Pasé de decirles que se equivocaban. No voy a poner a mi hija solo 10 minutos al pecho como si la pusiese a dieta, ¡faltaría más! Y tampoco entiendo si en ese momento se creían que eran mi madre y tenían derecho para regañarme como si yo fuese una niña pequeña… Menos mal que no lo hicieron, ¡qué miedo! (guiño, guiño)

Tengo la teoría de que Lucy ha crecido tanto de alto como de ancho muy rápidamente y que si empieza, como sería normal, a coger peso más lentamente, bajaría de percentil y “mis madres postizas” me regañarían. Pero no creo porque mi niña es de buen comer. Espero que tampoco me digan que es que mi leche no la alimenta y me manden cereales a los 4 meses… Esas cosas raras que suelen mandar los pediatras.

Durante toda esta parte de la visita al pediatra, Lucy estaba contenta y risueña, porque es tan mona que la enfermera le hacía carantoñas y cucamonas, así que Lucy sonreía, estaba tranquila y confiada. Pero cuando llegó el momento de la vacuna, la enfermera la tumbó y nos dijo que la sujetasemos las piernas. Yo tuve que sujetarla. Solo recordar como le cambió la cara a Lucy cuando noto el primer pinchazo y el llanto que vino después me pongo mala. Dos pinchazos en el muslito izquierdo y uno en el derecho, seguidos, sin tiempo a que se calmase o se recuperase… No sabía qué le estaban haciendo ni porqué le dolía pero le dolía… Y el llanto, desconocido para mi hasta ahora y completamente desgarrador.

La enfermera decía cosas como que luego no se acuerdan, que en seguida se le pasa… Todo mientras yo la consolaba y se me saltaban las lágrimas, y Lucy seguía llorando quejándose de lo mal que lo había pasado. Señora, claro que se acuerda, si no ya veremos la próxima vez que vayamos y ella recuerde que en esa consulta le hacen perrerías.

Me duele y me siento una inútil, que no la he protegido, porque iba con la idea de coger y abrazar a Lucy, que sobre mi regazo Súper Papá la agarrase la pierna y que así estaría más tranquila… Igual que los primeros pinchazos y perrerías que les hacen en el hospital, que estuvo consolada y protegida en todo momento, pero me da la sensación que en los centros de salud lo hacen todo como si estuviesen en una linea de montaje de una fábrica; ellos tienen su método y se lo hacen a todos los niños igual, no tienen delicadeza especial con ninguno ni miramientos, y me parece que si la próxima vez yo voy con otra idea es posible que tenga que discutir, porque seguramente no quieran hacer el esfuerzo de cambiar el guión.

Nos dijeron que le diesemos Paracetamol (Apiretal) solo si le subía la fiebre a 38º. Esa noche Lucy se durmió, le costó pero como siempre… Sobre la una, al poquito rato de dormirse se despertó con llanto inconsolable, no paraba ni siquiera meciéndola de pie y estaba claro que algo le dolía, no tenía fiebre pero tampoco se calmaba, así que desperté a Súper Papá. Yo estaba convencida de que le dolía algo y tenía los muslitos rojos y calientes, así que cogí hielo que al final no usamos porque en pocos minutos Súper Papá la durmió. Pero al poquito rato, y digo poquito porque los hielos seguían como piedras, volvió a despertarse. No tenía fiebre pero tenía los muslos rojos y calientes, le dolían seguro.

Entre mimitos y canciones la pusimos hielo y decidimos que como el paracetamol también es para el dolor, Lucy no tenía por qué seguir pasándolo mal. Después de dárselo se durmió hasta la mañana.

No ha tenido más efectos secundarios. Pero yo si tengo miedo a las siguientes y después del trato recibido si ella supiese que todavía le quedan más pinchazos, también tendría miedo.

¿Cómo haces para consolar a tu bebé durante una vacuna?

¿Cómo le tratan en el centro de salud?

El día P

Muchas vueltas le he dado, mucho he imaginado y de muchas maneras.

Hablo sobre mi parto. Ese momento que llevo esperando ya casi 40 semanas. Para el que me he estado preparando, leyendo y podemos decir que concienciando.

Es muy difícil apartar de tu mente pensamientos que tienes arraigados desde la infancia: Parir es horrible, duele muchísimo, tu sola no puedes y necesitas ayuda…

Incluso al principio del embarazo tenía ansiedades, me despertaba cuando estaba medio dormida angustiada. Ahora lo tengo más presente, más claro. Tengo un bebé dentro de mi vientre y por algún sitio tiene que salir. Y esperemos que sea por mi vagina. Es lo que hay. Tengo que centrarme, guardar la calma y hacerlo. Nadie se ha muerto de los dolores del parto y muchas mujeres dan a luz de manera natural. Si ellas pueden, yo también puedo.

Durante todo este tiempo he soñado despierta con ese momento: Me he imaginado desde que no llego al hospital y doy a luz en la bañera yo sola, hasta que llego al hospital por los pelos. Todo a mi favor claro. No he tenido pensamientos en los que pasa algo y el parto se complica o en los que estoy horas y horas dilatando.

Me imagino a mi misma en casa dilatando, bajo la mirada de Súper Papá, sus caricias y su apoyo. Tomando duchas de agua caliente, desesperándome un poco a ratos por el dolor… Negándome a ir al hospital. Creo que voy a esperar tanto que cuando llegue el momento no voy a querer irme porque voy a estar más cómoda en casa, pero Súper Papá me llevará y espero llegar muy dilatada.

Haremos el expulsivo en un paritorio casi vacío. Nos dejarán a nuestro aire y disfrutaremos de cada momento juntos. Será duro y cansado. Dolerá, pero no sufriremos. Cada contracción nos hará estar más cerca de nuestra hija. Puede que tengamos suerte y lo hagamos en la bañera que haría ese momento mucho más especial..

Cuando llegue el momento de empujar, yo lo notaré y nadie dirigirá mis pujos, lo haré instintivamente y respetarán el tiempo entre contracción y contracción. Puede que tenga algún desgarro, pero nadie me hará episotomía porque no es necesario.

Me pondrán a Lucía en mi pecho y la oleré. Y ella me olerá a mi. Súper Papá estará a nuestro lado, emocionado, tocando a Lucía por primera vez, dándonos besos a ambas y con los ojos llenos de lágrimas. Los míos también. Es posible que Lucía también llore, pero estará con su mamá y tendrá el pecho cerca. Ella lo buscará y empezará a mamar…

Y por fin la tendremos con nosotros, por fin podremos verle la carita, ver como respira y como se mueve…