#DisneyEmociones nos ayuda a desarrollar la inteligencia emocional

¿Cómo ayudamos a nuestros hijos e hijas a gestionar su enfado o sus miedos?

¿Cómo podemos ayudarles a entender lo que les pasa?

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Tuve la suerte de asistir a la presentación de una nueva colección de libros en las oficinas de Disney España, a las que si hubiera ido Lucy se hubiera vuelto completamente loca con la decoración y el merchandising que pude encontrar.

En el evento, Gonzalo Sanmartín, (director general de Disney), Gabriel Brandariz (gerente editorial de SM) y Begoña Ibarrola (psicóloga especializada en inteligencia emocional) hablaron de este gran proyecto en el que han trabajado varios años con un excelente acabado: Disney Emociones.

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Disney es la mayor fábrica de historias del mundo, y le gusta conectar con las emociones de su audiencia a través de ellas. ¿Quién no recuerda los primeros 15 minutos de “Up” y todos los sentimientos que producen? Durante toda nuestra infancia, y ahora las de nuestros hijos e hijas, Disney nos acompaña y todos recordamos películas y personajes con los que nos sentimos identificados.

La inteligencia emocional ha cobrado una gran importancia en estos últimos años. Disney ha querido tener en cuenta este boom, al igual que cada vez más los padres estamos muy concienciados con el tema, y por eso junto a Literatura SM ha desarrollado una colección que pretende ser una herramienta para familias y educadores, que también sea atractiva para los niños y niñas.

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Mucho trabajo e ilusión ha llevado este proyecto, en el que los valores que representan tanto Disney como SM son los ideales para llevarlo a cabo. Querían una solución educativa para la que, como sociedad, tenemos una asignatura pendiente.

Begoña Ibarrola lleva más de 40 años dedicados al mundo de la escritura, la investigación y la docencia, impartiendo formación en educación emocional al profesorado y las familias de los centros educativos y las instituciones con las que colabora.

Según esta psicóloga, que me ha encantado, hemos crecido en un entorno donde la razón y la parte cognitiva del ser humano era la más importante, y nos centrábamos en adquirir conocimientos. Pero desde que sabemos que los seres humanos sentimos antes de nacer y luego aprendemos a pensar, se ha revalorizado el mundo de las emociones. La neurociencia demuestra que no hay aprendizaje, ni salud, ni convivencia sin emoción bien gestionada, y el interés respecto a este tema, incluso en el entorno educativo ha crecido.

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Muchos adultos se dan cuenta que no han recibido esa educación emocional y quieren aprender junto con sus hijos e hijas, y #DisneyEmocionesestá dirigido a toda la familia. Los padres y madres también debemos aprender que somos seres emocionales, que debemos legitimar las emociones, tanto buenas como malas, y no reprimirlas. Al mismo tiempo enseñarles a identificar, comprender, expresar y gestionar esas emociones. Por eso es importante leer estos libros con ellos para educar y normalizar las emociones y no demonizarlas.

Algo interesante es que en esta colección no solo aparecen las emociones más negativas, como los celos o el enfado. También han querido dar importancia a emociones que no llaman la atención porque es más fácil lidiar con ellas como la alegría o el optimismo.

¿Cuál es la estructura de los libros?

Los libros siguen la narrativa de las historias de Disney que ya conocemos, utilizando el gancho del personaje principal, y después presentan la emoción desde la manifestación interna hasta la manifestación física, con su conflicto y la resolución del mismo.

Al final del libro podemos encontrar la orientación a los padres de Begoña Ibarrola.

¿Por qué esos personajes?

El proceso de elección de los personajes se planteó de manera que la audiencia lo entendiera y se impactase. Determinando a quién quieren contar la historia y cuál es el mensaje, trabajando en conjunto con SM y Begoña Ibarrola, eligieron qué personajes podían vincularse con el mensaje que querían trasladar. Pero no querían caer en personajes que están anclados en una sola emoción, ni en estereotipos.

Era importante mostrar personajes que tienen emociones, que logran comprender lo que les pasa y que evolucionan. Las emociones están ahí y no se pueden aparcar, hay que gestionarlas.

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¿Cuándo podemos comenzar a enseñar educación emocional?

El acompañamiento a los niños y niñas en la inteligencia emocional puede comenzar a los 3 años, a veces poniendo límites y enseñando a gestionar la emoción. Los adultos debemos valorar las emociones sin reprimirlas, aunque no nos guste que nuestros hijos se enfaden o lloren. En relación con esto, los padres y madres tampoco debemos reprimir nuestras emociones. Si tenemos que llorar debemos hacerlo, es normal que las personas lloren por alguna razón o situación y también debemos validarlo. Además en  es una ocasión estupenda de compartir una emoción con nuestros hijos e hijas, dando estrategias para salir de ellas. Porque es muy fácil entrar en una emoción pero no tan fácil salir de ella.

Es importante saber que antes de los 3 años hay una educación emocional previa, que existe antes de nacer, porque el bebé en el útero siente lo que su madre siente. También la comunicación no verbal y la gestualidad del adulto cuando se dirige a un bebé transmite emociones y son lecciones de educación emocional.

Una actitud empática es crucial ya que los adultos tendemos a infravalorar las emociones, tristezas o preocupaciones de los más pequeños. Yo siempre intento pensar que aunque sean pequeños y pequeñas, sus problemas son importantes y siempre intento expresar que entiendo lo que le pasa. Me ayuda mucho a tranquilizar a mi hija.

¿Cuándo es demasiado tarde para educar en inteligencia emocional?

La inteligencia intrapersonal y la interpersonal puede desarrollarse a lo largo de toda la vida, pero la neurociencia dice que las conexiones neuronales que no se han utilizado antes de los 10 años se pierden. El entrenamiento para desarrollar habilidades emocionales en la primera infancia, se va a convertir en hábitos saludables en la edad adulta.

Existen momentos ideales para comenzar, pero siendo adultos también podemos desarrollar la inteligencia emocional, pero no con la misma facilidad.

¿Qué emociones encontramos en esta colección?

En esta primera colección (porque todo parece indicar que vendrán más), se han elegido varias emociones: celos, enfado, miedo, alegría, optimismo y frustración. Estas dos últimas son aptitudes con carga emocional.

Existen diferentes modelos de emociones primarias. Paul Ekman dice que traemos en nuestro código genético, ya nacemos con ellas y el bebé en el útero expresa: alegría, tristeza, miedo, sorpresa, asco y enfado. Las emociones secundarias son mezclas de estas primeras. ¿Recordáis los diferentes colores de la película “Inside Out”? Pues sería algo parecido.

También existen las emociones sociales. No traemos la culpabilidad en el código genético y hay culturas que no conocen el egoísmo, la vergüenza o la envidia.

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Después de conocer más a fondo esta estupenda colección de libros que nos ayudarán a gestionar nuestra inteligencia emocional, disfrutamos de un exquisito desayuno, con un catering a juego con las emociones.

Tengo que agradecer a Literatura SM la invitación y a Disney la organización de un evento tan bonito, en un lugar tan mágico, en el que pude aprender cosas muy interesantes sobre la inteligencia emocional que me hacen querer aprender cada vez más sobre este tema.

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¿Qué te parece esta nueva colección de libros?

¿Crees que la inteligencia emocional es importante?

Si te ha gustado y crees que le puede interesar a alguien,

no te cortes y ¡comparte!

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Mutaciones durante las vacaciones o ¿por qué te portas peor cuando está papá?

Cuando llegan las vacaciones cambian las rutinas, los horarios, los tiempos y todo se vuelve una locura. Ese es uno de los encantos del verano: ya no hay prisa por acostarse pronto ni por comer a una hora determinada.

En nuestro caso somos afortunados porque SúperPapá tiene unas vacaciones largas, pero en vez de descansar y disfrutar de tiempo en familia, hemos estado pacificando el ambiente con una Lucy que cambió su comportamiento cosa mala desde el comienzo; Si en el escenario diario, a veces Lucy se niega a realizar según que actividades, o tiene un talante difícil, durante las vacaciones se intensifica un 80%. Sin exagerar.

En circunstancias normales, cuando SúperPapá vuelve de trabajar, se nota que su manera de actuar cambia, supongo que igual que la mía, le echa de menos, hemos estado todo el día sin él, etc… Pero es algo temporal y al día siguiente tengo cierto respiro cuando estamos solas. La verdad es que generalmente solemos tener días buenos y más o menos tranquilos. Yo tengo paciencia, hablamos las cosas, llegamos a acuerdos…

Pero en las vacaciones algunos momentos han sido un caos, porque aunque éramos dos adultos, la paciencia y los recursos se nos acababan sorprendentemente, ya que deberíamos tener el doble. Y sin adultos que guíen, hablen y razonen, una niña de dos años se pierde.

Se ha negado sistemáticamente a todo y contestando cual adolescente, ha protestado hasta el infinito, su rebeldía ha crecido exponencialmente, y ha estado enfadada o triste aleatoriamente sin razón aparente (“porque si” no es una razón) durante horas, a veces nada más despertarse y sin que nadie le haga nada malo.

Y de manera asombrosa, cuando se ha quedado con uno de los dos solamente, su conducta ha cambiado, está más calmada, predispuesta a escuchar y más cariñosa incluso.

Si, ha habido momentos geniales, días muy buenos, y risas y abrazos, pero creo que si digo que los “malos momentos” han sido y son más duraderos, agotadores y difíciles de calmar lo resumo perfectamente.

El cambio del verano pasado a este ha sido tremendo y lo hemos notado muchísimo. Puede que los 2 años tengan que ver. O no.

¿Por qué pasa esto?

Algunos dicen que es porque quiere llamar la atención, otros que al tener a las dos partes parentales se nos suben a la chepa cosa mala.

Mi opinión es que como he contado al principio, en verano todo cambia y a ellos también les afecta. El cambio de horarios, tanto tiempo libre, nuevas “no rutinas”…. Aunque estoy de acuerdo con la teoría de “si mamá no me deja, me voy con papá y viceversa”, porque Lucy la ha usado varias veces este verano.

También nosotros hemos tenido nuestros errores. En muchas ocasiones el cansancio nos hace tener menos paciencia, pretendemos que cumpla con nuestras demandas rápidamente y se nos olvida que aún es pequeña. Está claro que en muchos momentos nuestros recursos han escaseado e igual que ella, hemos estado perdidos.

Sea como fuere, terminando estos días de vacaciones se nota que los ánimos se han calmado un poco, que ella se ha acoplado a la nueva situación de “papá está siempre en casa” y yo necesito unas vacaciones de las vacaciones.

La gran pregunta es si cuando Súper Papá vuelva a trabajar, tendremos de nuevo una época de adaptación y la cuesta de septiembre se nos hará más cuesta si cabe.

Espero que nosotros aprendamos como padres para sobrellevar estas situaciones, porque al fin y al cabo, los adultos somos nosotros. Y somos los que tenemos que acompañar y guiar a Lucy.

 

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Un “No me vas a grabar más” en toda regla.

 

¿Lo has notado?

No soy la única que lo ha notado. Otras amigas mamis y más blogueras de maternidad hablan de que esto ocurre cuando está toda la familia junta. De hecho una frase muy extendida es “que empiece ya el cole”.

¿Conoces este fenómeno?

¿Lo habéis notado en casa?

Hacemos BLW, ¿qué le digo a mi pediatra?

Suelo oír que algunas familias tienen problemas con sus pediatras cuando les dicen que han elegido Baby Led Weaning como manera de introducir la alimentación complementaria de sus bebés. Con este post quiero hacer una reflexión sobre este tema.

Los pediatras suelen dar unas pautas de alimentación, que no son más que recomendaciones y debemos tomarlas como tales. Algunos pediatras dan unas recomendaciones actualizadas e informadas, y otros dan unas pautas anticuadas, pero siempre es nuestra elección seguirlas o no. Si son anticuadas incluso podemos decirle que se recicle y dependiendo de la gravedad de los consejos, incluso podemos y debemos poner una reclamación en atención al paciente.

Con esto quiero decir que el pediatra, por darnos un papel con unas pautas de alimentación, no se convierte de repente en nutricionista y que no hay que seguirlas a pie juntillas si no queremos. Las recomendaciones son eso, recomendaciones.

En todas las  revisiones médicas que realizan en la consulta de pediatría te hacen preguntas sobre cómo come el bebé. Por lo general solemos contestar: “Bien, se lo come todo”, o “Bien, pero a veces no come mucho o no quiere comer”. No proporcionamos gramos y horarios de los últimos dos meses porque con una frase general, suele valer al pediatra para hacerse una idea. Puede que también te pregunten si has introducido algún tipo de alimento específico ya, puedes contestar y no es necesario decir cómo ha sido.

A no ser que haya algún problema con el bebé, con sus pesos, con su ánimo, sus caquitas, o que tengamos la sensación de que algo no va bien, al pediatra no tenemos por qué contarle específicamente que no le damos biberones de cereal a nuestro bebé, o que hemos introducido el huevo un mes antes de lo que nos señaló en sus hojitas de pautas. Directamente, ni siquiera es un dato importante decir que nuestro bebé nunca ha comido papillas.

O podemos ser sinceros y decir que nuestro bebé lleva una alimentación autorregulada, y ver cómo reacciona el pediatra. Es cierto que muchos son muy intransigentes con este tema. No saben ni quieren oír sobre BLW y les parece una locura. Yo todavía recuerdo los ojos en blanco de nuestro pediatra cuando le dijimos que no le dábamos cereales de farmacia a Lucy. Para muchos de ellos, los padres que deciden realizar esta manera la introducción de alimentos son unos irresponsables. Otros pediatras sin embargo animan a practicarlo.

Y aquí viene la parte importante del post:

La AEPED, que son los “superiores” de todos los pediatras españoles, reconocen y avalan la alimentación complementaria dirigida por el bebé (BLW), y en su web puedes encontrar información sobre esta. Si tú encuentras esa información, tu pediatra también debería conocerla, y si te pone alguna objeción, muy amablemente puedes dirigirle a ella.

Los padres y madres que hemos elegido el Baby Led Weaning como manera autorregulada de introducción de la alimentación complementaria no somos irresponsables.

Generalmente las familias que hemos hecho Baby Led Weaning nos hemos informado mucho sobre el tema y no hay nada que un pediatra pueda decirnos que nos haga dudar de nuestra decisión. Lo que estamos haciendo lo hacemos convencidos y sin poner en peligro a nuestro bebé porque sabemos cómo hacerlo.

Por otro lado, un o una pediatra no es el lobo feroz, en nuestra crianza poco tiene que decidir, por lo tanto poco tenemos que temer a que “nos regañe” según sus opiniones subjetivas. Cómo comemos o cómo dormimos en nuestra casa lo decidimos nosotros. Ellos se ocupan de las enfermedades infantiles.

 

En conclusión, un pediatra no puede inculcar a tu bebé ningún tipo de alimentación específica en contra de tu voluntad, ni regañarte por no seguir sus pautas (y menos si están desactualizadas). Tampoco puede criticar tu elección de seguir una alimentación autorregulada por tu bebé porque la AEPED la avala y recomienda.

Me encuentro a muchas madres y mucho padres a los que los pediatras les han regañado, que incluso les hacen dudar y pensar que están haciendo algo que no está bien. No dejéis que os regañen por tomar vuestras propias decisiones, por elegir algo que es bueno para vuestro bebé y que al fin y al cabo es vuestra decisión. Y sobre todo, ni siquiera es necesario discutir, que no os regañen por algo que ellos mismos deberían conocer y apoyar.

¿Has tenido algún problema

con el pediatra por hacer BLW?

#PataditadelDía: ¿Ropa de Niña?

Ya conté que nuestra hija no lleva pendientes, nos parece innecesario e incluso peligroso. Pero también es sexista. Mi hija no tiene que llevar pendientes para que todo el mundo sepa que es una niña. Ni deberían mirarle las orejas para ver si le tratan de una manera o de otra, que es lo que todo el mundo hace.

Y esto podemos extrapolarlo a la ropa: primero intentan identificar qué sexo tiene mi bebé, para tratarle en consecuencia. Y no solo las personas adultas, los niños y niñas también lo hacen.

El día de marras, Lucy vestía unos pantalones a cuadros azules, naranjas, rojos y blancos y una camiseta naranja con un gato. Colores, a mi parecer, unisex. Como todos.

Outfit de el día de marras. 17 meses.

Un padre dice a su hijo que juegue con el “nene” a la pelota y al llamar a Lucy por su nombre, se sorprende y te hace saber que le extraña porque “parece un niño”. No vuelve a repetir a su hijo que juegue con la “nena” a la pelota, la excluye del juego directamente. Debe ser que la pelota no es un juego de niñas.

En ese parque Lucy quería “hacerse amiguita” sin mucho éxito de 2 niñas más mayores que ella. Ambas tendrían unos 5 años y es una diferencia grande como para que jueguen con ella, es comprensible. Pero una de ellas si le hacía caso, trataba a Lucy con delicadeza e incluso le acariciaba la carita. La otra no solo le ignoraba, si no que le miraba con desprecio.

En mi papel de madre protectora me di cuenta, y aunque son niños, no me gusta que traten así a Lucy por lo que intenté distraer y jugar con ella a la pelota para apartarnos, ya que visiblemente sobraba en el juego de las dos niñas mayores.

Pero Lucy insistía en estar con ellas, y además quería un bolo que la niña más arisca le mostraba incitándole a pedírselo para luego negarlo, o tirándolo al suelo y cuando Lucy se acercaba, lo recogía con rapidez arrancándoselo prácticamente de las manos.

¡Mi pobre niña inocente!

Más de una mirada fulminante le eché a esa niña, que ella notaba pero ni se inmutaba y seguía. Además mandaba y mangoneaba a la dulce niña que trataba a Lucy como a un ser humano.

Pero ¡sorpresa! Ambas niñas durante su juego se cambiaban el nombre y la niña arisca se ponía el nombre de mi hija (debía ser su favorito) y en un intento de acercamiento le dije que mi hija se llamaba así.

La cara de la niña arisca fue muy extraña, una mezcla entre sorpresa y admiración. En cuanto supo que Lucy era una niña, porque evidentemente debía pensar que era un niño, cambió radicalmente su trato hacia ella. Incluso le ofreció el bolo que antes guardaba con tanto recelo. Menos mal que después de tanta negación, mi hija le dijo que se metiera el bolo en el culo, que ya no lo quería. ¡Esa es mi niña!

A mi ambos hechos además de sorprenderme, me preocupan. No entiendo que nadie trate a un bebé de manera diferente según su sexo. Evidentemente ese padre sin darse cuenta (o si) está enseñando a su hijo a diferenciar con quién puede o no puede jugar por su género, pero que una niña de 5 años, tenga unos estereotipos ya tan marcados (pendientes, pelo, ropa…) que le hacen marginar a un bebé de 18 meses y que su actitud cambie cuando descubre que el sexo de mi hija no es el que creía, me da mucha pena y al mismo tiempo miedo.

¿Dónde ha quedado eso de jugar todos con todos?  ¿Por qué esa diferencia de trato a un bebé que no entiende de género y lo que quiere es jugar? ¿Por qué esa segregación?

A veces pienso que la culpa es mía por no entrar en el rebaño, por utilizar ropa heredada de los primos varones de Lucy… Cuando le compro ropa a ella, tampoco se la compro rosa y con volantitos. Le compro ropa normal, de la sección de niña (o de la de niño si nos gusta por supuesto) y también le confunden con un “nene”.

Lucy vestida con ropa de la sección de niña. También fue confundida con un niño. 17 meses.

El problema no soy yo, ni la ropa de mi hija. Yo noto el cambio de comportamiento hacia ella porque se equivocan con el sexo. Si no se equivocaran en un principio, yo no sabría que si la invitan a jugar a la pelota es porque piensan que es niño, y cuando saben que es niña, le retiran la invitación.

Tampoco sabría que una niña de 5 años cambia de parecer radicalmente cuando mi hija ya no es un niño para ella.

Si vistiera a mi hija con lo que la sociedad entiende como ropa de niña, no sufriríamos ese trato porque nadie se confundiría. Mi hija estaría diferenciada a la legua y con un cartel luminoso que diría: “soy niña”. ¿Es tan necesario? ¿Hay que cambiar la manera de hablar a un bebé dependiendo de su sexo? ¿De verdad?

Y esto no son hechos aislados para nada.

¿Qué debería hacer?

¿Vestir a mi hija acorde con lo que la

sociedad admite como “ropa de niña”?

Que yo claudicara y vistiera a mi hija siempre con falda o de rosa, que tuviera pendientes o el pelo largo no cambiaría el distinto trato que noto hacia Lucy cuando “es niño” o cuando “es niña”. Seguiría existiendo y ese es el problema.

Puede que otra niña en otra parte del mundo le encante jugar con la pelota (igual que a Lucy) y no la inviten solo porque es niña y ese juego “no es para ella”.

Puede que algún niño quiera jugar con unas niñas que le niegan su compañía porque no es como ellas.

¿Qué les estamos enseñando a nuestros hijos e hijas?

Lucy no entiende de sexos. Solo quiere jugar. 17 meses.

¿Y si a ella le gustan esos colores? ¿Si le gusta vestir con “colores de niño”? Lucy sabe lo que le gusta y lo que no, y si no quiere ponerse algo o prefiere otra cosa te lo dice. Suele elegir los zapatos que se pone y tiene opción a elegir entre varias camisetas a veces.

¿Y si a Lucy le gusta jugar con “juguetes de niño”? Le encanta jugar con coches y pelotas.

Me niego a quitar “ropa o colores de niño” del armario de Lucy. No pienso prohibir a mi hija jugar con un “juguete de niño” si a ella le gusta.

Y es lo que pienso enseñarla: Todos los niños y niñas son iguales, y pueden jugar o vestirse con lo que quieran.

Que la gente se confunda bueno, nos pasa vistiendo “de niño” o “de niña” a diario. Todo el mundo tienen tan interiorizado el tema de los pendientes, del pelo largo y de los colores, que hasta que esos estereotipos no desaparezcan, es lo que nos toca vivir. Pero, ¿tratarla diferente, discriminar, excluir o marginar? ¿Estamos locos?

La #Pataditadeldía: va dirigida a los adultos, que enseñan a los niños a diferenciar y discriminar a los demás por su género o su ropa. A esta sociedad que inculca unos estereotipos innecesarios e injustos solo para saber de antemano cómo deben tratar a un individuo o individua, sin tener en cuenta sus deseos o gustos y su libertad para decidir sobre ellos mismos sin que nadie los margine.