¿Cuándo deben comenzar los peques a elegir su ropa?

¿Cuándo deben comenzar los peques a elegir su ropa?

Uno de los temas, como tantos otros, en los que la edad no debería ser una guía y en el que depende mucho del niño o niña en cuestión. Pienso que el límite se encuentra en el momento que la lían parda porque no quieren ponerse algo que ellos no han elegido y no les gusta, algo totalmente comprensible.

Luchar y enfadarse porque no quieren vestirse con una prenda que no les gusta y que ellos no han decidido comprar es absurdo y agotador. Seguro que si lo piensas fríamente concluyes que tener un mal rato en casa por esta razón no compensa.

La primera vez que pasó algo así en casa fue con un regalo. Un peto vaquero monísimo que le regalaron, que la primera vez se lo puso, pero que la siguiente al tenerlo puesto se negaba. No le gusta, no se siente cómoda.. ¡A saber! A la tercera vez que lo intenté, no se dejó ni ponérselo. Pues nada, ¡qué le hacemos!

Tengo que decir que no lo hace con toda la ropa, por eso sé que cuando no quiere ponerse algo, tiene sus razones, que deberían ser suficientes. Otras cosas le encantan y se las quiere poner todos los días, y hay que enseñarle que está en la lavadora o secándose, y la mayoría de las ocasiones lo entiende.

Como todavía es pequeña, muchas veces corremos el riesgo de comprar ropa cuando ella no está presente, sin su supervisión ni consentimiento. Recuerdo que yo odiaba que hicieran esto mismo, pero siendo ya más mayorcita, con once o doce años.

La mayor parte de las veces se conforma con lo que traemos, aunque suele resistirse a probárselo, como si no le interesara; Días después cuando procedes a probarle la ropa, es probable que le guste y se conforme, o que alguna de las prendas ni se la quiera probar. Exactamente igual que nos puede pasar a los adultos. Para eso está el ticket: se cambia o se devuelve y punto.

También diré, que yendo con ella de compras solo se fija en las cosas muy llamativas o con personajes de dibujos y/o superhéroes… Para comprar cosas más normales tienes que enseñarselo, y funciona darle varias opciones del mismo tipo de prenda, para que ella elija.

 

El Armario de Lucy

El Armario de Lucy

 

Permitir que decida qué zapatos se pone, darle a elegir entre varias camisetas o cambiar de pantalones cuando quiere ponerse otro y no el que has elegido, no me parece grave. No creo que sea maleducar, más bien toma sus propias decisiones y sale contenta a la calle. Así también le conocemos más, y esto ayuda a acertar cuando le compramos algo. Y nos facilita la vida una barbaridad.

Otro tema a parte es el momento de vestirse, que no es que se resista, que también, pero lo que peor llevo es lo de hacerse el peso muerto para que mamá o papá hagan todo el trabajo. Ella sabe vestirse solita, pero no le da la gana. Estamos trabajando en ello con mucha paciencia y tiempo.

¿Y si eligen algo que a ti no te gusta?

Pienso que cada uno tiene su estilo de vestir, y lo que a mi me parece una horterada y jamás me pondría, es perfecto para otra persona. Los gustos forman parte de la personalidad de cada uno, y obligarle a vestir algo que aborrece no contribuye a que desarrolle su propia imagen. También hay que pensar si quieres o crees que vas a poder cambiar su personalidad, eso que le hace una personita única.

Yo puedo decirle lo que pienso de una prenda, que me parece un color muy oscuro, que no me gusta la tela, que eso no sirve para ir al parque, etc… Y tengo que decir que aunque todavía es pequeña, comunicarse y razonar con ella funciona. Al final, la que se pone la ropa es ella. A mi no me gustaría que me obligasen a vestir según los gustos de otra persona. ¿Y a ti?

También, según nuestra experiencia, creo que al dejar que los peques decidan qué quieren ponerse, facilita que comprendan que tienen que vestir el abrigo para salir a la calle porque hace frío por ejemplo. Y si ellos mismo han elegido el abrigo, sus guantes o su gorro, se lo ponen de buen agrado. No deja de ser una negociación.

Si, Lucy tiene algunas prendas que no me convencen, vestidos con los que me parece que va fatal, momentos en los que preferiría que se pusiera otros zapatos, camisetas que pongo más abajo para que no se las ponga todos los santos días y por las que pregunta una y otra vez…. pero cuando elige su propia ropa ella va feliz y cómoda, y eso es lo más importante.

Hace poco decidí que solo discutiría a la hora de vestirse, si lo que lleva puesto no era adecuado al clima. Todavía recuerdo el día que quería salir en bragas y no había manera de convencerle, porque era verano y hacía calor, pero no para salir en ropa interior. Proponiéndole una prenda de sus favoritas, logré que se vistiera.

Lo sé, solo tiene tres años y más de uno y de una estarán pensando “ya verás cuando crezca”, pero dejarles elegir su propia imagen y estilo les permite expresarse, aprenden a hacerlo y mejoran su autoestima. Imponerles nuestro propio estilo o deseos en este tema cuando ellos quieren decidir no respeta su libertad ni su personalidad.

Y en serio, no es tan importante si no se visten como nosotros queremos.

¿Piensas que los peques deben decidir lo que visten?

¿O piensas todo lo contrario?

 

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#LosCasi2: “Ni me visto ni me cambio”

Siempre me dijeron que cuando los bebés cumplen un año comienzan a no dejarse vestir ni cambiar el pañal.

No me dijeron nunca cuando termina esa etapa.

Este proceder por parte de Lucy comenzó incluso antes del año de edad, cuando ya su envergadura era tal, que el cambiador, el cuál creo limitaba sus movimientos bastante y ayudaba a vestirla, no nos servía para su uso original y aunque jugando, cantando y riendo, claudicaba y ayudaba, pronto tuvimos que perseguirle por toda la casa.

Mi intención era que al invitarle a hacerlo, solo ofreciendo mi ayuda, al final tendría más predisposición a vestirse “ella sola”.

Pero qué va. Ni intención ni ganas.

A veces, cuando ve que sacas del armario ropa y zapatillas de deporte, se le ilumina la cara al tiempo que lanza un emocionado “¿Paque?”(¿parque?), y si tu respuesta es afirmativa (que suele serlo), su exaltación es tal que participa un poco más en la tarea de equiparse para ir a la calle.

Pero ese entusiasmo también se ha ido apagando y ahora se hace el peso muerto que da gusto: ha pasado de la resistencia a emperifollarse, a realizar una sentada (tumbada más bien), para mi desesperación y la de mis cervicales que no pueden más de levantar peso.

Intento tener calma, ser paciente, repetir de diferentes maneras que hay que vestirse porque vamos a tal o cual sitio, que va a haber x cosas que nos van a gustar y que para poder ir hay que vestirse, que mamá se ha vestido o se está vistiendo…

¿Y el cambio de pañal? Si el cambio de pañal “de los cargaditos” se convierte de repente en un “¡No no no!” como suele expresar Lucy su descontento, puede acabar en un cambio de ropa entera e incluso en la bañera.

Le he enseñado la derecha y la izquierda, siempre en ese orden, y cuando le pido un brazo o una pierna, a veces se calma y las ofrece. Debe ser que el hecho de saber identificarlas (de aquella manera) le gusta.

Aún así tenemos suerte porque el tema ponerse zapatos siempre lo ha llevado muy bien porque sabe que vamos a la calle, pero del tema calcetines caseros ni hablamos. Se los puede quitar 20 veces al día.

Pero hay veces que nada resulta y cuando el reloj apremia o la paciencia acaba porque el cansancio es grande, acabamos con Lucy llorando y pataleando, y yo vistiendole en contra de su voluntad, con un cabreo enorme y sintiéndome fatal por haber llegado a esa situación.

Eso sí, cuando quiere, que suele ser cuando no debe, se despelota por completo ella sola.

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Lucy con 22 meses sin querer vestirse.

¿Cómo solucionar este problema?

Creo que consiste en darle más autonomía, conceder tiempo para que se haga a la idea, para que consiga aprender a vestirse y desvestirse. En hacerlo algo divertido y que realmente no se sienta como una muñeca a la que visten: Hacerla parte activa de ese momento. Un poco como hicimos con el BLW. Pero por ahora esto no funciona.

Es lo que intento hacer todo el día, intento adelantarme y le voy diciendo lo que vamos a hacer, igual que cuando estamos en el parque que llevo 20 minutos avisando que nos vamos a tener que ir y hemos logrado irnos sin llantos. Pero a Lucy no le gusta nada que la vistan.

Tampoco tiene curiosidad o intención en vestirse todavía, o puede que yo no esté enseñándole bien o alimentando su autonomía como debiera.

Dicho esto, solo podemos tener paciencia y esperar. Supongo que como con todo, llegará un momento en que ella sola quiera vestirse e incluso no permitirá que le ayude, que elegirá la ropa que se pone y entonces entraremos en una etapa nueva.

¿Cómo lo hacéis en casa?

¿Os funciona algún cuento, canción, juego?

#PataditadelDía: ¿Ropa de Niña?

Ya conté que nuestra hija no lleva pendientes, nos parece innecesario e incluso peligroso. Pero también es sexista. Mi hija no tiene que llevar pendientes para que todo el mundo sepa que es una niña. Ni deberían mirarle las orejas para ver si le tratan de una manera o de otra, que es lo que todo el mundo hace.

Y esto podemos extrapolarlo a la ropa: primero intentan identificar qué sexo tiene mi bebé, para tratarle en consecuencia. Y no solo las personas adultas, los niños y niñas también lo hacen.

El día de marras, Lucy vestía unos pantalones a cuadros azules, naranjas, rojos y blancos y una camiseta naranja con un gato. Colores, a mi parecer, unisex. Como todos.

Outfit de el día de marras. 17 meses.

Un padre dice a su hijo que juegue con el “nene” a la pelota y al llamar a Lucy por su nombre, se sorprende y te hace saber que le extraña porque “parece un niño”. No vuelve a repetir a su hijo que juegue con la “nena” a la pelota, la excluye del juego directamente. Debe ser que la pelota no es un juego de niñas.

En ese parque Lucy quería “hacerse amiguita” sin mucho éxito de 2 niñas más mayores que ella. Ambas tendrían unos 5 años y es una diferencia grande como para que jueguen con ella, es comprensible. Pero una de ellas si le hacía caso, trataba a Lucy con delicadeza e incluso le acariciaba la carita. La otra no solo le ignoraba, si no que le miraba con desprecio.

En mi papel de madre protectora me di cuenta, y aunque son niños, no me gusta que traten así a Lucy por lo que intenté distraer y jugar con ella a la pelota para apartarnos, ya que visiblemente sobraba en el juego de las dos niñas mayores.

Pero Lucy insistía en estar con ellas, y además quería un bolo que la niña más arisca le mostraba incitándole a pedírselo para luego negarlo, o tirándolo al suelo y cuando Lucy se acercaba, lo recogía con rapidez arrancándoselo prácticamente de las manos.

¡Mi pobre niña inocente!

Más de una mirada fulminante le eché a esa niña, que ella notaba pero ni se inmutaba y seguía. Además mandaba y mangoneaba a la dulce niña que trataba a Lucy como a un ser humano.

Pero ¡sorpresa! Ambas niñas durante su juego se cambiaban el nombre y la niña arisca se ponía el nombre de mi hija (debía ser su favorito) y en un intento de acercamiento le dije que mi hija se llamaba así.

La cara de la niña arisca fue muy extraña, una mezcla entre sorpresa y admiración. En cuanto supo que Lucy era una niña, porque evidentemente debía pensar que era un niño, cambió radicalmente su trato hacia ella. Incluso le ofreció el bolo que antes guardaba con tanto recelo. Menos mal que después de tanta negación, mi hija le dijo que se metiera el bolo en el culo, que ya no lo quería. ¡Esa es mi niña!

A mi ambos hechos además de sorprenderme, me preocupan. No entiendo que nadie trate a un bebé de manera diferente según su sexo. Evidentemente ese padre sin darse cuenta (o si) está enseñando a su hijo a diferenciar con quién puede o no puede jugar por su género, pero que una niña de 5 años, tenga unos estereotipos ya tan marcados (pendientes, pelo, ropa…) que le hacen marginar a un bebé de 18 meses y que su actitud cambie cuando descubre que el sexo de mi hija no es el que creía, me da mucha pena y al mismo tiempo miedo.

¿Dónde ha quedado eso de jugar todos con todos?  ¿Por qué esa diferencia de trato a un bebé que no entiende de género y lo que quiere es jugar? ¿Por qué esa segregación?

A veces pienso que la culpa es mía por no entrar en el rebaño, por utilizar ropa heredada de los primos varones de Lucy… Cuando le compro ropa a ella, tampoco se la compro rosa y con volantitos. Le compro ropa normal, de la sección de niña (o de la de niño si nos gusta por supuesto) y también le confunden con un “nene”.

Lucy vestida con ropa de la sección de niña. También fue confundida con un niño. 17 meses.

El problema no soy yo, ni la ropa de mi hija. Yo noto el cambio de comportamiento hacia ella porque se equivocan con el sexo. Si no se equivocaran en un principio, yo no sabría que si la invitan a jugar a la pelota es porque piensan que es niño, y cuando saben que es niña, le retiran la invitación.

Tampoco sabría que una niña de 5 años cambia de parecer radicalmente cuando mi hija ya no es un niño para ella.

Si vistiera a mi hija con lo que la sociedad entiende como ropa de niña, no sufriríamos ese trato porque nadie se confundiría. Mi hija estaría diferenciada a la legua y con un cartel luminoso que diría: “soy niña”. ¿Es tan necesario? ¿Hay que cambiar la manera de hablar a un bebé dependiendo de su sexo? ¿De verdad?

Y esto no son hechos aislados para nada.

¿Qué debería hacer?

¿Vestir a mi hija acorde con lo que la

sociedad admite como “ropa de niña”?

Que yo claudicara y vistiera a mi hija siempre con falda o de rosa, que tuviera pendientes o el pelo largo no cambiaría el distinto trato que noto hacia Lucy cuando “es niño” o cuando “es niña”. Seguiría existiendo y ese es el problema.

Puede que otra niña en otra parte del mundo le encante jugar con la pelota (igual que a Lucy) y no la inviten solo porque es niña y ese juego “no es para ella”.

Puede que algún niño quiera jugar con unas niñas que le niegan su compañía porque no es como ellas.

¿Qué les estamos enseñando a nuestros hijos e hijas?

Lucy no entiende de sexos. Solo quiere jugar. 17 meses.

¿Y si a ella le gustan esos colores? ¿Si le gusta vestir con “colores de niño”? Lucy sabe lo que le gusta y lo que no, y si no quiere ponerse algo o prefiere otra cosa te lo dice. Suele elegir los zapatos que se pone y tiene opción a elegir entre varias camisetas a veces.

¿Y si a Lucy le gusta jugar con “juguetes de niño”? Le encanta jugar con coches y pelotas.

Me niego a quitar “ropa o colores de niño” del armario de Lucy. No pienso prohibir a mi hija jugar con un “juguete de niño” si a ella le gusta.

Y es lo que pienso enseñarla: Todos los niños y niñas son iguales, y pueden jugar o vestirse con lo que quieran.

Que la gente se confunda bueno, nos pasa vistiendo “de niño” o “de niña” a diario. Todo el mundo tienen tan interiorizado el tema de los pendientes, del pelo largo y de los colores, que hasta que esos estereotipos no desaparezcan, es lo que nos toca vivir. Pero, ¿tratarla diferente, discriminar, excluir o marginar? ¿Estamos locos?

La #Pataditadeldía: va dirigida a los adultos, que enseñan a los niños a diferenciar y discriminar a los demás por su género o su ropa. A esta sociedad que inculca unos estereotipos innecesarios e injustos solo para saber de antemano cómo deben tratar a un individuo o individua, sin tener en cuenta sus deseos o gustos y su libertad para decidir sobre ellos mismos sin que nadie los margine.

 

 

 

 

 

 

UNA DE NUESTRAS MEJORES COMPRAS DE PUERICULTURA: EL CAMBIADOR

Cuando supimos que íbamos a ser padres, comenzamos a pensar en los muebles y cosas que necesitaríamos, ya que la habitación de Lucy estaba vacía casi completamente.

Una de las cosas que tuvimos claras que iba a ser necesaria fue el cambiador, porque Súper Papá es muy alto y que se dejase los riñones cambiando a Lucy en la cama no era una opción. Tengo que reconocer que es de esas cosas que crees que va a ser un trasto más y que al final no lo vas a utilizar ni sacar provecho, pero me equivocaba, y añado: ¡menos mal que lo compramos!

Además de ser un mueble dónde tenemos juntas y colocadas todas las cosas de baño, cremas, enseres y demás que puede necesitar Lucy, es un lugar de paso obligado varias veces al día, que siempre está preparado y nos facilita un montón el trabajo. Lo utilizamos para cambiar a Lucy de pañal y de ropa pero también ponemos encima su bañera y la bañamos. Contando con la de veces al día que pasamos por “chapa y pintura”, por lo que nos costó el cambiador, lo estamos aprovechando con creces.

Desde que Lucy empezó a usar el cambiador ha sido un espacio donde se encontraba a gusto.

Compramos el cambiador de Ikea SNIGLAR. Si, es el más barato de Ikea, el menos bonito y el menos todo, pero contando con que creíamos que no lo utilizaríamos casi, pensamos que comprar uno que valiese 4 veces más era una tontería. También compramos:

  • Un colchón SKÖTSAM para el cambiador (en realidad compramos dos porque el primero lo pinchó Chinchetita jugando con el una noche que nos la dejamos encerrada sin querer en la habitación de Lucy cuando estábamos preparándola. La lió parda y yo me cogí un berrinche estando embarazada bastante majo), y la funda SKÖTSAM para el colchoncito, aunque tenemos que poner toallas o empapadores si no queremos cambiar la funda todos los días…
  • Unos cestos de almacenaje ÖNSKLIG para colocar cosas y tenerlas a mano. Son muy prácticos y se limpian fácilmente. El cubo lo utilizamos para desechar los pañales (aunque hay que vaciarlo todos los días porque no caben muchos y huele…), y una de las cubetas más pequeñas hace las veces de barreño que llenamos de agua para lavarle el culito a Lucy con una esponja. En los otros dos hay cosas pequeñas (peine, tijeritas, suero fisiológico…) o que necesitamos tener más a mano (crema de cambio de pañal o corporal, aceite de coco…)

Para la parte de abajo del cambiador que nos sirve de  almacenaje, compramos dos cubetas TROFAST. Una blanca en la que ponemos los pañales (no cabe una caja entera de pañales, pero la vamos rellenando) y una rosa en la que tenemos muselinas, toallas pequeñas… En medio de ambas, en todo el espacio libre que queda, hay gasas estériles, la caja del suero fisiológico, cremas, jabones, champús que utilizamos y los que todavía no utilizamos… ¡De todo!

 
Cuando bañamos a Lucy solo tenemos que quitar el colchón y poner la bañera llena de agua. Esto tiene que hacerlo Súper Papá, y también sujetarla para bañarla porque yo no llego ya que la bañera es altita…

¿Y cuando ya no lo utilicemos? Cuando lo compramos pensamos que sería una buen “estantería” para poner juguetes. En la parte de abajo pondremos las mismas cubetas y Lucy podrá guardar todo lo que quiera.

La verdad es que ya se nos está quedando pequeño. Lucy ya es muy larga y se le salen los pies, A mi me preocupa que haremos cuando crezca más porque en teoría, este cambiador solo aguanta 11 Kg, y yo no me veo cambiando pañales desriñonada en la cama la verdad…

¿Tuvisteis cambiador?

¿Cómo os apañáis para cambiar a los bebés cuando crecen?

¿La cama es la única opción?