#Lecturitas: “La Hora de Roncar”

Hemos leído “La Hora de Roncar”, de la Editorial Beascoa, gracias al Grupo Editorial Penguim Random House.

Este álbum ilustrado de tapa dura es de la Colección Grandes Pasitos, que acompaña a los más pequeños en los primeros años de su vida, y en esta ocasión a la hora de dormir.

 

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Los animales de la granja se acuestan después de bañarse, cepillarse los dientes, ponerse el pijama, leer un cuento, etc… Pero cuando llegan a la cama: “¿Qué es eso? ¿Un ronquido?”; Durante todo el libro perseguimos ese misterio y el desenlace nos pareció muy simpático.

La autora de este libro es Vanesa Pérez- Sauquillo, Licenciada en Filología Hispánica y Premio “Ojo Crítico” de Radio Nacional. También firma otros famosos títulos como “El Libro deja chupetes”  y “Las Gafas de Sentir“.

De trazos claros y colores sin sobrecargar para no crear nerviosismo antes de ir a la cama, las ilustraciones son preciosas y muy dulces. Son de Sara Sánchez.

 

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Con este libro aprendemos las rutinas de antes de ir a la cama de la mano de los animales de granja, y Lucy se ve reflejada en todas las acciones. Cada vez que pasamos la página exclama un “¡Cómo yo!” dulce y emocionado.

Muy recomendable para niños y niñas a partir de 18 meses, es un libro que no pasa desapercibido en nuestra estantería y que es uno de los más elegidos a la hora de dormir.

 

¿Qué leéis en casa a la “Hora de Roncar”?

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Mutaciones durante las vacaciones o ¿por qué te portas peor cuando está papá?

Cuando llegan las vacaciones cambian las rutinas, los horarios, los tiempos y todo se vuelve una locura. Ese es uno de los encantos del verano: ya no hay prisa por acostarse pronto ni por comer a una hora determinada.

En nuestro caso somos afortunados porque SúperPapá tiene unas vacaciones largas, pero en vez de descansar y disfrutar de tiempo en familia, hemos estado pacificando el ambiente con una Lucy que cambió su comportamiento cosa mala desde el comienzo; Si en el escenario diario, a veces Lucy se niega a realizar según que actividades, o tiene un talante difícil, durante las vacaciones se intensifica un 80%. Sin exagerar.

En circunstancias normales, cuando SúperPapá vuelve de trabajar, se nota que su manera de actuar cambia, supongo que igual que la mía, le echa de menos, hemos estado todo el día sin él, etc… Pero es algo temporal y al día siguiente tengo cierto respiro cuando estamos solas. La verdad es que generalmente solemos tener días buenos y más o menos tranquilos. Yo tengo paciencia, hablamos las cosas, llegamos a acuerdos…

Pero en las vacaciones algunos momentos han sido un caos, porque aunque éramos dos adultos, la paciencia y los recursos se nos acababan sorprendentemente, ya que deberíamos tener el doble. Y sin adultos que guíen, hablen y razonen, una niña de dos años se pierde.

Se ha negado sistemáticamente a todo y contestando cual adolescente, ha protestado hasta el infinito, su rebeldía ha crecido exponencialmente, y ha estado enfadada o triste aleatoriamente sin razón aparente (“porque si” no es una razón) durante horas, a veces nada más despertarse y sin que nadie le haga nada malo.

Y de manera asombrosa, cuando se ha quedado con uno de los dos solamente, su conducta ha cambiado, está más calmada, predispuesta a escuchar y más cariñosa incluso.

Si, ha habido momentos geniales, días muy buenos, y risas y abrazos, pero creo que si digo que los “malos momentos” han sido y son más duraderos, agotadores y difíciles de calmar lo resumo perfectamente.

El cambio del verano pasado a este ha sido tremendo y lo hemos notado muchísimo. Puede que los 2 años tengan que ver. O no.

¿Por qué pasa esto?

Algunos dicen que es porque quiere llamar la atención, otros que al tener a las dos partes parentales se nos suben a la chepa cosa mala.

Mi opinión es que como he contado al principio, en verano todo cambia y a ellos también les afecta. El cambio de horarios, tanto tiempo libre, nuevas “no rutinas”…. Aunque estoy de acuerdo con la teoría de “si mamá no me deja, me voy con papá y viceversa”, porque Lucy la ha usado varias veces este verano.

También nosotros hemos tenido nuestros errores. En muchas ocasiones el cansancio nos hace tener menos paciencia, pretendemos que cumpla con nuestras demandas rápidamente y se nos olvida que aún es pequeña. Está claro que en muchos momentos nuestros recursos han escaseado e igual que ella, hemos estado perdidos.

Sea como fuere, terminando estos días de vacaciones se nota que los ánimos se han calmado un poco, que ella se ha acoplado a la nueva situación de “papá está siempre en casa” y yo necesito unas vacaciones de las vacaciones.

La gran pregunta es si cuando Súper Papá vuelva a trabajar, tendremos de nuevo una época de adaptación y la cuesta de septiembre se nos hará más cuesta si cabe.

Espero que nosotros aprendamos como padres para sobrellevar estas situaciones, porque al fin y al cabo, los adultos somos nosotros. Y somos los que tenemos que acompañar y guiar a Lucy.

 

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Un “No me vas a grabar más” en toda regla.

 

¿Lo has notado?

No soy la única que lo ha notado. Otras amigas mamis y más blogueras de maternidad hablan de que esto ocurre cuando está toda la familia junta. De hecho una frase muy extendida es “que empiece ya el cole”.

¿Conoces este fenómeno?

¿Lo habéis notado en casa?

Lucy #TeLoPrometoORG contra el Cambio Climático

No suelo unirme a según qué movimientos, porque soy muy vaga. Lo admito. Tenemos un modo de vida en el que es muy difícil cambiar ciertos hábitos adquiridos a través del tiempo. Vivimos a un ritmo vertiginoso y hacemos lo que podemos.

Siempre intento separar y reciclar, no tomar duchas largas (esto lo consigo gracias a Lucy) reutilizar envases o no comprar frutas envasadas por ejemplo, pero es verdad que Súper Papá siempre me regaña por dejar luces encendidas por toda la casa. Y no es por desidia, se me olvidan o voy detrás de Lucy, o no me entero… Lo que decía al principio, vamos demasiado deprisa.

En ocasiones, un pequeño gesto como desconectar aparatos eléctricos de la red en vez de dejarlos en Stand By o apagar luces que no necesitamos, son una pequeña diferencia para nosotros en la factura de la luz pero causan un gran impacto a la hora de frenar el cambio climático.

Poco a poco, cada uno en su casa, en el coche o en su lugar de trabajo, puede tomar consciencia y conseguir realizar pequeños gestos diarios, cambiar rutinas y hábitos que favorezcan a todos. ¿Cuesta? Pues claro. ¿Qué le estamos dejando a nuestros hijos un planeta enfermo y podrido? Pues también.

Y eso es lo que me gusta de este movimiento #TeLoPrometoORG: prometemos a nuestros hijos que vamos a cumplir con pequeños gestos en casa, de compras, cocinando… Porque, si se lo prometes a tu hijo, tienes que cumplirlo,¿verdad? 

En el caso de tener hijos más mayores, que van a estar vigilando y exigiendo que cumplas lo prometido, es casi imposible no hacerlo, pero también puedes prometerlo a hijos más pequeños, sobrinos e incluso nietos. Al final de lo que se trata es de cumplir para dejarles un mundo mejor, para servir de ejemplo porque nos imitan y por qué no, para sentir que estamos haciendo algo bueno por nuestro planeta. Yo he hecho ya unas cuantas promesas a Lucy y animo a que compartas las tuyas:

promesas

Además, cuando realizas la misma acción durante 21 días seguidos, se convierte en una rutina, ¿lo sabías? Cuando lo hayas conseguido se convertirá en algo que harás sin pensar. Esto en mi caso es genial, por lo de ser vaga. Y ahora que Lucy empieza a andar que vea por ejemplo como separo envases le hará aprenderlo sin darse cuenta.

Creemos que lo que hagamos nosotros no significa nada si el vecino no participa y es cierto, esto hay que hacerlo en conjunto, por eso hay que compartir, contárselo a vuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo…

Participar y colaborar en esta iniciativa es muy fácil:

  • Comparte en Facebook esta entrada con el hastag #TeLoPrometoORG. Así todo el mundo la conocerá.
  • Hazte una foto como la nuestra con el pulgar arriba y compartela en Twitter, Instagram, Pinterest… Siempre incluyendo #TeLoPrometoORG.

#TeLoPrometoORG

Así de fácil… ¿Te unes?