Control de Esfínteres sin “Operación Pañal”

Cada verano comienza la “operación pañal” de niños y niñas que en septiembre empezarán la etapa de educación infantil en el colegio. En la gran mayoría, por no decir en todos, los alumnos y alumnas del centro deben acudir a clase sin pañal, y esto obliga a muchas familias a adelantar el proceso fisiológico del control de esfínteres.

A veces, es fácil y en seguida comienzan a ir al baño de manera normal. Otras veces no es tan fácil y la fregona se convierte en una de las protagonistas de esta etapa. Algunos peques no lo pasan nada bien, porque realmente no están preparados para ello, y lo que se podría conseguir de manera natural respetando los tiempos y ritmos de cada niño y cada niña, se adelanta y convierte en una obligación externa a las decisiones de cada familia.

El control de esfínteres no se trata de un aprendizaje, forma parte de una maduración fisiológica y se consigue cuando el niño o niña está preparado para ello.

 

Fisiológicamente, los peques suelen alcanzar esa maduración alrededor de los 3 años. Algunos antes y otros después. Y se considera que hay un problema si no consiguen controlar sus esfínteres sobre los 4 años.

Esta etapa de aprendizaje tiene mucha importancia en el desarrollo mental, emocional y social del niño. Comienzan a aceptar por sí mismos una regla básica y deciden no satisfacer sus necesidades inmediatas controlando su esfínter.

Siempre me ha resultado hilarante que una de las primeras experiencias irrespetuosas con los niños y niñas, provenga de un mandato de los centros educativos dónde deberían tener más en cuenta las necesidades y los procesos madurativos de los mismos. Muchas veces se debe a un problema de falta de personal y logística, y aunque es cierto que algunos centros tienen deferencias con niños y niñas que llegan a septiembre con pañal, teniendo en cuenta factores como la fecha de nacimiento o problemas médicos, en la gran mayoría son inflexibles y la presión para “despañalar” es considerable.

Esa fue una de las principales razones por las que no escolarizamos a Lucy con 3 años, ya que nació en diciembre y no deseábamos forzar esa situación. Queríamos que esa etapa la llevara de la manera más natural posible, decidiendo ella misma cuándo estaba preparada. No aceptábamos una carrera de fondo, ni deseábamos fijar una fecha tope para ello.

No cabe duda que permitir que ese momento llegue cuando estén preparados, es algo desconocido. Algo que cuando lo comentas, la gente lo confunde con ponerles en el orinal cada hora como si fuera lo mismo, como si no hubiera otra manera de conseguirlo.

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En general no se suele creer que en algún momento, niños y niñas puedan decidir y aprender por si mismos, y siempre hay que “ayudarles” de alguna manera, y a lo mejor es cierto, pero creo que estamos dirigiendo muy mal esa ayuda.

En casa decidimos que respetaríamos los tiempos de Lucy en los procesos fisiológicos. Puede que sea más lento e incluso más duro, pero al final del camino, aunque más largo, conseguimos muy buenos resultados.

No Utilizamos Métodos Conductistas

Nunca hemos querido utilizar conductismos con nuestra hija, ni a la hora de comer, ni a la de dormir, por lo que esta etapa tan importante no iba a ser menos. No queríamos que fuese un entrenamiento, ni quisimos utilizar métodos basados en premios o castigos.

Estos métodos pueden funcionar, claro que si, pero no favorecen la autonomía porque dependen de otra persona o premio para lograrlo. Hay que hacer pipí en el baño, porque ya somos mayores, porque estamos preparados, y porque lo hacemos todos sin que nos premien por ello, es algo necesario según crecemos.

El control de esfínteres no es un aprendizaje mecánico,

no es algo que se entrena.

Un Ambiente Adecuado

No se trata de ejercer presión, ni de olvidarse completamente del tema. Lo primero es preparar el baño para que tome conciencia de que también puede utilizarlo igual que papá y mamá.

Facilitar que alcance el váter con una escalerita, colocar un adaptador o comprar un orinal a su gusto favorecen la curiosidad y las ganas de probar eso tan nuevo que ya ha visto tantas veces en casa y que puede aprender a hacer igual que ha aprendido a gatear, a andar, a comer….

Invitarle a ello, como opción y sin presión, darle la posibilidad y recordarle que puede hacerlo.

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Adaptador de IKEA

Es Importante Normalizar el Proceso

Debemos tener en cuenta que cada niño tiene su tiempo y que no es una ciencia perfecta.  No hay que tener grandes expectativas al respecto, porque puede parecer que nuestro hijo o hija está preparado y luego no lo está.

Debe ser tan normal que lo haga como que no lo haga. Nada de enfadarse con ellos, ni hacer comparaciones (que son odiosas) con otros niños o situaciones. Cada peque es un mundo y tiene sus momentos para todo.

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Fases por las que ha pasado Lucy

Alcanzar el control de esfínteres no es igual para cada niño o niña, ni lleva el mismo tiempo, ni siquiera pasa por las mismas etapas. Pero cuando se trata de lograrlo de manera natural y sin dirigir por ningún adulto, toca estar muy atenta a las señales y adentrarse en algo nuevo que no viene en ningún libro.

Echando la mirada atrás, hay cosas que no hemos hecho todo lo bien que deberíamos. Nadar a contracorriente a veces es difícil y puedes caer en esas conductas sociales aprendidas e incluso dirigir sin querer a tu hija.

Este proceso que cuento a continuación, comenzó más o menos sobre los 23 meses, y se alargó hasta los 38, lo que me hace pensar que este proceso comenzó mucho antes de que ella estuviese preparada.

  • Curiosidad por el váter.

No hay madre que vaya al baño sola, por lo que a cierta edad, se dan cuenta que no estás ahí sentada simplemente, e incluso te piden ver lo que estás haciendo.

Sobre los 2 años preparamos el ambiente para ella. El váter sabíamos que le llamaba la atención y compramos un adaptador. Creímos que un orinal gracioso también despertaría su curiosidad.

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El orinal lo compramos en Amazon

  • Curiosidad por el orinal y deseo de utilizarlo. Por esa época se desvestía ya sola, algo que me parece imprescindible si pretendemos que use el váter de manera autónoma. El poder desvestirse sola es una señal de que empieza a estar preparada.
  • Hacer pipí en conjunto (ella en el orinal y yo en el váter)  pero sin hacer pipí, claro.
  • Hacer pipí en el orinal por casualidad.

Llegados a este punto, cometimos el error de intentar quitarle el pañal. Nos emocionamos con su “pipí por casualidad”. No fue a la fuerza, ella estuvo de acuerdo y decía que avisaría cuando tuviera ganas. Fue un #epicfail, porque no notaba cuando venía y por lo tanto no podía ni avisar ni controlarlo.

  • Quitamos el pañal y tiene un escape.

El error de quitarle el pañal antes de tiempo nos costó caro. Al orinarse encima, lo pasó fatal. Nadie le regaña, nadie le dice nada, pero ella se siente terriblemente mal y llora muchísimo. No es nada agradable hacerse pipí encima. Adquirió una especie de miedo y se negaba en rotundo a quitarse el pañal de nuevo.

  • No querer hacer pis en el orinal ni el váter. Ni hablar de quitarse el pañal.

Comenzó a mostrar una especie de apego por el pañal, que seguramente ya tenía, pero los acontecimientos acrecentaron. Así que comenzó a evitar el cambio de pañal, pero de verdad, no como cuando son muy peques y huyen jugando. Le pedimos que por favor nos avisara cuando se hiciese caca o por lo menos contestase la verdad, porque negaba que lo tuviese manchado. Así estuvimos mucho tiempo, unos 3 o 4 meses.

Después tuvo una época en la que se escondía para hacer caca y luego avisaba de su hazaña, lo que quiere decir que notaba cuando lo va a hacer. Incluso se preparaba un sitio debajo de una mesa o se rodeada de juguetes a modo de valla de protección. Pero le molesta que le peguntes si lo ha hecho.

Al ver que parecía que controlaba aguas mayores le quitamos el pañal con su participación. Otro #epicfail porque no controlaba el pipí. Vuelve otro pequeño “retroceso”.

Sobre los 3 años comienza a decir cuándo va a hacer pis en el pañal. Lo notaba, pero no sabíamos si lo controlaba y no quisimos jugárnosla de nuevo.

Y la huida para cambiarle el pañal sigue. Hasta el punto de hacerlo muy difícil y ser tan esquiva que en dos ocasiones se le escoció el culito por llevar mucho tiempo el pañal manchado.

Hablé con ella en esos cambios de pañal con culito irritado. Le expliqué por qué le pasaba eso, y lo entendió entre llantos, aunque seguía diciendo que no quería cambiarse el pañal. Supuse que el cambio le parecía incómodo y ese era realmente el problema. Así que cambié la perspectiva y le dije que no tendría que cambiarse el pañal más si no lo llevaba. Que podíamos probar a quitárselo y a hacer caca y pis en el váter.

Su respuesta fue: “Me parece una buena idea mamá”.

Jamás olvidaré esas palabras y su carita mientras las decía.

 

Al día siguiente le quité el pañal y le dije que si tenía ganas de ir al baño me lo dijera. Se pasó el día entero pidiendo ir al baño y haciendo pis en el váter. El orinal lo tenemos de adorno porque no lo quiere utilizar.

En esos primeros días no se hace pis encima ni una sola vez, pero tampoco hace caca. Así que por la tarde noche antes de acostarse, le pongo el pañal y hace caca, por lo que también lo controla, aunque se siente rara haciendo caca en pañal y nombra las braguitas, como si no tuviera muy claro qué lleva puesto. Se deja cambiar y por la noche duerme con pañal.

A la semana de quitarle el pañal diurno, hace caca en el váter y hasta ahora.

Si, ha tenido algún accidente, tres contados, durante los dos primeros meses. Uno de ellos fuera de casa y todos relacionados con estar jugando tan distraída que no tiene tiempo de nada más.

Y por la noche utiliza pañal, pero lleva meses sin manchar por la noche, incluso se despierta y levanta para hacerlo, así que en cuanto ella quiera, lo hablaremos y quitaremos el pañal nocturno, porque ya he visto que el consenso y la comunicación funcionan también en este tema.

Nuestra experiencia

Durante toda esta etapa ha habido, adelantos y retrocesos, que no hubieran pasado si no hubiéramos forzado la situación en algún momento. Un error de los adultos que nos emocionamos más de la cuenta y que a veces, creemos que ya debería haber dejado el pañal porque fulanita o menganita ya se lo ha quitado, o porque se supone que con X edad ya no debe llevar pañal.

Puede que alguien piense que 3 años y dos meses es mucho tiempo. Yo creo que lo importante no es cuándo, si no el cómo, y tengo la sensación de no haber hecho una “operación pañal”, de no haber tenido preocupación, ni quebraderos de cabeza, ni la fregona a mano todo el día, ni mil mudas por lavar llenas de orina. Hubo intentos que se abortaron en cuanto se vio que no era el momento y se dejó pasar el tiempo. La “no operación pañal” duró una semana y ha sido en pleno invierno,

Creo que lo importante es darse cuenta de la transición que supone para ellos dejar el pañal, algo que conocen de siempre, para comenzar a utilizar el váter o el orinal. Y siempre que hay un cambio, puede haber miedo, incertidumbre o una sensación de pérdida. Y debemos ser conscientes de ello, apoyarles y acompañarles en este proceso para saber si están realmente preparados.

Por eso nosotros escogimos esperar, esperar para todo, incluso para la escolarización.

Mi consejo es observar y escuchar, no dejarnos llevar por las prisas o plazos preestablecidos. Saber recular y parar, si vemos que nos estamos equivocando, y no presionar. Es mejor para todos tener una “no operación pañal” tranquila, y si es posible y nuestras circunstancias lo permiten, dejar que de manera natural aprendan a controlar sus esfínteres.

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Tranformándonos con “Montessori en Casa”

Compré “Montessori en Casa” de Cristina Tébar con unas expectativas específicas. Creía que me daría ideas para realizar actividades en casa con mi hija. Pero el libro te ofrece mucho más: En este libro encontrarás consejos y pautas para, principalmente, transformarte como padre o madre, acompañar en su crecimiento a tu hijo o hija y seguir su ritmo.

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Habrás leído en más de un lugar que Montessori no es solo una pedagogía o los materiales de madera que se utilizan para trabajar y en efecto, es un modo de vida que beneficia a tus hijos y al mundo, y al mismo tiempo ayuda a que desarrollen todo su potencial. Pero para ello necesitan nuestro acompañamiento y es necesario aprender a realizarlo.

Cristina Tébar, la autora de este libro y del blog también llamado Montessori en Casa (ganador del premio Madresfera 2.016 al mejor blog de Educación), a la que he tenido el placer de hacer unas preguntas que ha contestado muy amablemente, cuenta en su libro que cuando te haces madre todo cambia y te hace replantearte prioridades y valores. Algo muy parecido me sucedió a mí. Yentonces comienzas a prepararte para educar a tus hijos, conoces a María Montessori, comienzas a leer sobre su pedagogía y quieres saber más.

Licenciada en Ciencias Ambientales, al ser madre el gusanillo por la pedagogía facilitó el descubrimiento de Montessori y decidió integrar la filosofía Montessori en su estilo de crianza. Así se formó en Montessori para la etapa de 3 a 6 años, y comenzó a escribir en su blog sus experiencias. Continuó formándose en la etapa de 6 a 12 años y ahora es asistente AMI certificada. Sus cursos online, con los que te ayuda a incorporar Montessori a tu estilo de crianza, me parecen estupendos. Interesantísimo el curso de vida práctica para niños de 3 a 6 años.

A mi me pasó que, en medio de la búsqueda, te preguntas si Montessori es la “pedagogía perfecta”, o deberías seleccionar lo que más te gusta de diversos tipos de educación. Cristina Tébar cree que “cada metodología puede aportar cosas buenas, pero también opino que hay que tener cuidado al intentar mezclar metodologías, porque en algún momento van a chocar en puntos en los que son diferentes, y ahí hay que decidir por cuál decantarse”.

Cristina piensa que es un error de la educación tradicional “el hecho de que se asuma que todos los niños deben aprender lo mismo al mismo tiempo y de la misma manera, que no se respete la individualidad y las potencialidades de cada ser humano”, y esto último, Montessori lo impulsa y favorece.

Y cuando le preguntas por la diferencia principal de la educación tradicional y la Montessori piensa “que en Montessori se ve al niño como el protagonista del proceso de aprendizaje, la función del adulto es simplemente guiar a cada niño en ese proceso de descubrimiento y auto-construcción, mientras que en la educación tradicional el protagonista es el adulto, el maestro o el profesor imparte conocimiento y el niño es un receptor pasivo la mayor parte del tiempo”.

Habla de las cualidades de los “niños Montessori” diciendo que “en general los niños que crecen en un entorno Montessori son muy independientes, tanto a nivel físico como intelectual, son niños que tienen muy desarrollado el pensamiento crítico, también tienen mucha capacidad de elegir y decidir por sí mismos, saben lo que quieren, lo que les gusta, y cuando algo les apasiona ponen mucha energía en ello, pero por otra parte también entienden que esa libertad de elegir y de decidir conlleva un alto grado de responsabilidad.
También se trata de niños que tienden a cooperar y ayudarse entre ellos más que a competir, y que desde pequeños aprenden e resolver sus conflictos de forma pacífica, utilizando la comunicación no violenta. Dicho esto, es importante aclarar que esto no es exclusivo de Montessori, por suerte hay muchas otras maneras de educar que comparten estos valores.”

Este libro es perfecto para adentrarse en este tema, ya que explica de manera clara los principios básicos Montessori, los cuatro planos del desarrollo con sus crisis evolutivas y sus periodos sensibles (ventanas de oportunidad), las necesidades y tendencias humanas, el maestro interior del niño (al que tenemos permitir que el niño haga caso)… Conceptos básicos para comprender y acompañar a nuestros hijos y que creo necesario conocer.

 

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Y como el nombre del libro indica, nos da pautas para normalizar “Montessori en Casa” y lo que me parece más importante y esencial es “la transformación del adulto”, que no es una simple formación, es un cambio interno del adulto en diferentes ámbitos: espiritual-emocional, física, intelectual y técnicamente.

Ser lo que se denomina “El adulto preparado” es lo primero que hay que lograr. Las aptitudes que debemos tener hacia el niño, confiar en su desarrollo y en el control de error, y tener claro que no somos una escuela Montessori, pero que todo lo que hagamos con nuestro peque en casa favorecerá su desarrollo.

Algo que no me quedaba muy claro era la diferencia entre “intervenir” y “participar” en las actividades, y la explicación de Cristina es que “depende de la situación, si por ejemplo un niño está jugando, dibujando, etc. y me invita a jugar o dibujar con él, para mí eso claramente es participar, el niño me ha invitado a participar en esa actividad. Pero si el niño está jugando, dibujando, etc. y yo llego y le digo “¿Puedo construir una torre contigo?”, ahí sí que estoy interviniendo, lo estoy haciendo educadamente pero estoy interviniendo. No significa que nunca debamos intervenir ni interrumpir, pero sí es importante que seamos conscientes de que lo hacemos y de si realmente en ese momento necesitamos hacerlo”.

Me ha resultado sustancioso el capítulo en el que se tratan los principios básicos de la filosofía Montessori respecto a los castigos, los premios y los elogios, y cómo ponerlo en práctica. También conocemos qué dice Montessori sobre el respeto a la concentración, el equilibrio entre la libertad y los límites, la resolución de conflictos, la imaginación y fantasía; Si tenéis dudas con estos temas o creéis que Montessori es “dejar hacer al niño lo que quiera”, os recomiendo muy mucho que leáis las explicaciones. Os daréis cuenta de la importancia que tienen.

Las nociones generales que Cristina Tébar ofrece para el ambiente preparado en casa (diferenciando por planos de desarrollo) es necesario tenerlas en mente para cualquier actividad que queramos realizar, y yo diría que también sin realizar actividades específicas, para favorecer el movimiento y la autonomía. También es importante el orden, y cómo dice Cristina: “El orden es bueno para todos, niños y adultos, de hecho es una de nuestras tendencias humanas, nos gusta el orden y funcionamos mejor en un entorno ordenado, pero especialmente en el caso de los niños el orden es tan importante porque el hecho de tener un orden externo, a su alrededor, permite al niño que su cerebro en desarrollo vaya creando un orden interno”.

No tiene desperdicio el capítulo que dedica a ayudarnos a contestar a nosotros mismos y al resto cualquier tipo de duda que puede surgir respecto a esta pedagogía.

 

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Leyendo este libro a mi me ha quedado claro que el cambio Montessori debe empezar por los padres, en casa: es un estilo de vida que abarca todo y que debe ser normalizado para implementarlo con éxito. Y puede que no sea fácil, pero como todo, lo importante es querer hacerlo.

Es una lectura amena y ligera, y en mi caso, he cogido apuntes y hasta he subrayado el libro. He descubierto muchos conceptos que desconocía y he adquirido conocimientos que me ayudarán en mi propósito. He aceptado que hago muchas cosas de una manera que no es óptima para dirigirme hacia donde quiero llegar, pero también hago muchas otras bien y esto me da la certeza de poder conseguirlo.

Si te interesa la pedagogía Montessori, este libro te ayuda a comenzar y te demuestra que el primer cambio debe ser el tuyo.

 

6 Razones para No Escolarizar a los 3 años

Después de responder preguntas varias sobre la no escolarización de nuestra hija, me he decidido a escribir un post para explicar las razones que tenemos en mi familia para no hacerlo. Así genero contenido en el blog, si alguien más me pregunta puedo mandar un enlace solo y no me repito. y de paso, puedo ayudar a alguien que se lo esté pensando.

Puede que alguien se sienta atacado por mis argumentos porque sean contrarios a sus elecciones, pero no es mi intención. Doy por hecho que no todos tenemos las mismas circunstancias o las mismas preferencias y no voy a criticar ni juzgar las particularidades del resto. Voy a hablar de nuestra situación y necesidad.

Incluso es posible que reciba críticas, pero como siempre, cuando has sopesado los pros y los contras, y tienes las cosas claras, esas críticas no nos afectarán; Desde que nuestra hija nació hemos hecho muchas cosas a contracorriente, desde la lactancia, el BLW, el colecho…

 

  Ir a contracorriente a veces es complicado,

pero ya tenemos rodaje en este tema.

Todo lo que hacemos,

lo hacemos pensando que es lo mejor

para nuestra hija.

 

Comenzaré este tema diciendo que no es obligatorio comenzar el colegio el año que cumples 3 primaveras, es obligatorio cuando cumples 6 y comienzas primaria, pero antes no. Este dato no lo conocen algunas personas, y ponen el grito en el cielo sin conocimiento. No pasa nada por no escolarizar la niña, no vamos en contra de la ley ni somos unos irresponsables.

¿Es necesario? Al no ser obligatorio se entiende que necesario no es. Otra cosa es que la familia, por sus circunstancias, trabajo o preferencias, lo necesiten. En nuestro caso particular no es necesario, y en eso se basa nuestra elección, porque tenemos la fortuna de poder elegir; Y esta decisión ha sido meditada a través del tiempo, en el que un Súper Papá Licenciado en Magisterio ha tenido la última palabra, ya que no escolarizar supone que mamá no trabaja fuera de casa, y eso se traduce en que papá trabaja más.

 

Creemos firmemente que una niña de 3 años no necesita ir al colegio,

y en esa afirmación se basa nuestra elección:

en la NECESIDAD.

 

Nos han llegado, nos llegan y nos llegarán muchas preguntas sobre por qué no escolarizamos. Algunas pareciese que nos piden explicaciones directamente, como si hiciéramos algo malo. Así que, a quien le interese, estan son algunas de las razones por las que no vamos al cole este año:

  1. EN CASA TAMBIÉN SE APRENDE

Al buscar los contenidos que se estudian y los objetivos en la etapa de educación infantil, me di cuenta que muchos de ellos (como: observar y explorar su entorno familiar, natural y social, desarrollar sus capacidades afectivas, adquirir progresivamente autonomía en sus actividades habituales…) se pueden adquirir en casa, e incluso es el lugar más adecuado para hacerlo.

Sin quitarle mérito a las profesoras de infantil (enseñar conceptos a más de 20 niños de 3 años tiene mucho), en casa podemos enseñárselos a mi hija, desde el juego, con más tranquilidad y flexibilidad, y adecuandonos a sus preferencias y curiosidad. Esto último es muy importante.

2. HAY MÁS LUGARES PARA SOCIALIZAR

Algo que te dicen siempre, incluyendo la etapa de guardería y escuela infantil, es que los niños tienen que socializar y estar con otros niños. Además se suele alegar que si no van a “salir asociales”.

Estoy de acuerdo. Los niños tienen que estar con otros niños. Y con otros adultos, en diferentes situaciones y escenarios, etc… y eso se puede conseguir en grupos de crianza, grupos de juego, ludotecas, clases extraescolares (natación, inglés…) y en el parque, entre otros lugares.

Y aunque Lucy nunca ha ido a una escuela infantil, ni a una guardería, es una niña muy sociable, que saluda a todos los niños que ve y que en seguida se dispone a jugar con ellos.

3. LA GRAN CANTIDAD DE HORAS LECTIVAS

Aunque ahora exista la posibilidad del periodo de adaptación, que me parece imprescindible y que hace años no existía, llega un día en el que las 6 horas en el colegio no se las quita nadie y creemos que todavía es muy pequeña para eso. Además que los conocimientos que debe adquirir no necesitan tantas horas al día.

4. LA OBLIGACIÓN DE QUITAR EL PAÑAL

Desde que me enteré que en la mayoría de colegios al comenzar la etapa de infantil el pañal estaba “prohibido” me di cuenta que escolarizar con esa edad no era lo nuestro.

Lucy cumpliría los 3 años casi la última de su clase, y eso supondría “despañalar” más temprano y puede que sin la madurez necesaria para ello. Nosotros intentamos seguir a Lucy en sus tiempos y sus ritmos, y quitarle el pañal sin que esté preparada va en contra de nosotros y de ella misma. Sencillamente no queremos adelantar la “operación pañal” cuando no tenemos necesidad de hacerlo.

5. LOS NIÑOS NECESITAN MOVERSE

Los niños menores de 4 años no pueden estar físicamente quietos por la pulsión motriz. Algo que no se tiene en cuenta en la gran mayoría de aulas de educación infantil en las que los niños se pasan las horas sentados haciendo fichas. Si, por suerte en muchas se han puesto las pilas y trabajan por proyectos, con juego libre… Pero no es fácil encontrarlas y muchas son un intento solamente.

6. LO QUE ENSEÑAN EN EL COLEGIO Y CÓMO LO ENSEÑAN

Se aprende jugando, o al menos eso es lo que queremos para Lucy. No queremos fichas interminables, no queremos que esté horas sentada, no queremos castigos ni recompensas con colores, ni que la obliguen a compartir.

Nos encantaría poder llevarle a una escuela libre, un lugar dónde sea más importante jugar para aprender, aprender a compartir, dónde sigan su ritmo y alimenten su curiosidad, etc… Pero encontrar un centro así no es fácil y además supone un desembolso importante, que aunque lo vale, no nos podemos permitir.

 

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Estoy segura que madres que han escolarizado a sus hijos e hijas estarán de acuerdo conmigo en muchos puntos, y es posible que no les haya quedado otro remedio: La necesidad de nuevo.

Me siento muy afortunada de poder pasar otro año con mi hija, de poder enseñarle y descubrir junto a ella. De seguir viviendo esta “slow life” e ir a nuestro ritmo. Aunque también tiene su “lado malo”: Yo no tengo horas libres, ni días libres, ni casi distingo la llegada de los fines de semana. A veces me saturo, estoy agotada, ella se aburre, hay que planear algo…

¿Y que no escolarice a mi hija quiere decir que nos tomamos un año sabático?

 

Nada más lejos de la realidad. Me he pasado el verano buscando manualidades, juegos y contenidos para aprender. Tengo pensado hacer semanas temáticas con actividades diferentes que iré enseñando.

Tenemos horario instaurado desde el verano, madrugaremos aunque no vayamos a clase. También nos hemos apuntado a una ludoteca e iremos a natación. Aprovecharemos mucho el tiempo libre para pasear, para ir al campo, para correr y jugar libremente.

Si, mi hija cumple 3 este año y no hemos tenido vuelta al cole, ni quebraderos de cabeza con la elección y la matrícula del colegio, ni con nada. ¿El año que viene tendremos estos problemas o más? Es posible, pero no obligatorio.

#Lecturitas: “Mi Primer Imaginario de Animales del Mundo”

Gracias a Literatura Infantil y Juvenil SM hemos leído “Mi Primer Imaginario de Animales del Mundo” de Ole Könnecke.

Un libro ilustrado, de tapa dura con unas ilustraciones sencillas, realistas, y muy bonitas, por el que viajamos descubriendo a animales de los cinco continentes y el océano.

Conocemos vocabulario de objetos, plantas, árboles, lugares, formas de tierra o agua… relacionado con cada lugar del mundo. Toda una riqueza en palabras nuevas.

 

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El libro se divide en varias zonas diferentes señalando los animales más representativos e incluso algunos que no son tan conocidos.

  • En el Ártico.
  • En los Bosques de Europa.
  • En la montaña y las costa europeas.
  • En Arabia y la Sabana Africana.
  • En las montañas de África y Asia.
  • En Asia y Oceanía.
  • En América del Sur y Centroamérica.
  • En los desiertos y bosques de América del Norte.
  • En mares y océanos.

Al final del libro podemos encontrar un Mapa Mundi para localizar cada lugar y relacionarlo con los animales que hemos visto anteriormente en el libro.

 

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Los animales están dibujados a escala entre ellos para que te hagas una idea de su tamaño real. Ahora que Lucy está diferenciando entre “bebé” (pequeño) y “grande” nos está dando mucho juego: las comparaciones de tamaño es algo a aprender en esta etapa.

A Lucy le encantan los animales, y gracias a este libro ha descubierto nuevos y algunos más exóticos y menos comunes. Ha aprendido a nombrarlos, a reconocerlos cuando los ve y es uno de sus libros favoritos para ir a dormir. Aprende muchísimo con él.

Este tipo de libros de tapa dura con tanto que ver y aprender es de los que más nos gustan y los más elegidos.

Libro recomendadísimo a partir de 18 meses, para bebés a los que les encantan los animales y no se cansan de verlos una y otra vez. Y para mamás y papás que no les importa repetir los nombres miles de veces.

 

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