Control de Esfínteres sin “Operación Pañal”

Cada verano comienza la “operación pañal” de niños y niñas que en septiembre empezarán la etapa de educación infantil en el colegio. En la gran mayoría, por no decir en todos, los alumnos y alumnas del centro deben acudir a clase sin pañal, y esto obliga a muchas familias a adelantar el proceso fisiológico del control de esfínteres.

A veces, es fácil y en seguida comienzan a ir al baño de manera normal. Otras veces no es tan fácil y la fregona se convierte en una de las protagonistas de esta etapa. Algunos peques no lo pasan nada bien, porque realmente no están preparados para ello, y lo que se podría conseguir de manera natural respetando los tiempos y ritmos de cada niño y cada niña, se adelanta y convierte en una obligación externa a las decisiones de cada familia.

El control de esfínteres no se trata de un aprendizaje, forma parte de una maduración fisiológica y se consigue cuando el niño o niña está preparado para ello.

 

Fisiológicamente, los peques suelen alcanzar esa maduración alrededor de los 3 años. Algunos antes y otros después. Y se considera que hay un problema si no consiguen controlar sus esfínteres sobre los 4 años.

Esta etapa de aprendizaje tiene mucha importancia en el desarrollo mental, emocional y social del niño. Comienzan a aceptar por sí mismos una regla básica y deciden no satisfacer sus necesidades inmediatas controlando su esfínter.

Siempre me ha resultado hilarante que una de las primeras experiencias irrespetuosas con los niños y niñas, provenga de un mandato de los centros educativos dónde deberían tener más en cuenta las necesidades y los procesos madurativos de los mismos. Muchas veces se debe a un problema de falta de personal y logística, y aunque es cierto que algunos centros tienen deferencias con niños y niñas que llegan a septiembre con pañal, teniendo en cuenta factores como la fecha de nacimiento o problemas médicos, en la gran mayoría son inflexibles y la presión para “despañalar” es considerable.

Esa fue una de las principales razones por las que no escolarizamos a Lucy con 3 años, ya que nació en diciembre y no deseábamos forzar esa situación. Queríamos que esa etapa la llevara de la manera más natural posible, decidiendo ella misma cuándo estaba preparada. No aceptábamos una carrera de fondo, ni deseábamos fijar una fecha tope para ello.

No cabe duda que permitir que ese momento llegue cuando estén preparados, es algo desconocido. Algo que cuando lo comentas, la gente lo confunde con ponerles en el orinal cada hora como si fuera lo mismo, como si no hubiera otra manera de conseguirlo.

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En general no se suele creer que en algún momento, niños y niñas puedan decidir y aprender por si mismos, y siempre hay que “ayudarles” de alguna manera, y a lo mejor es cierto, pero creo que estamos dirigiendo muy mal esa ayuda.

En casa decidimos que respetaríamos los tiempos de Lucy en los procesos fisiológicos. Puede que sea más lento e incluso más duro, pero al final del camino, aunque más largo, conseguimos muy buenos resultados.

No Utilizamos Métodos Conductistas

Nunca hemos querido utilizar conductismos con nuestra hija, ni a la hora de comer, ni a la de dormir, por lo que esta etapa tan importante no iba a ser menos. No queríamos que fuese un entrenamiento, ni quisimos utilizar métodos basados en premios o castigos.

Estos métodos pueden funcionar, claro que si, pero no favorecen la autonomía porque dependen de otra persona o premio para lograrlo. Hay que hacer pipí en el baño, porque ya somos mayores, porque estamos preparados, y porque lo hacemos todos sin que nos premien por ello, es algo necesario según crecemos.

El control de esfínteres no es un aprendizaje mecánico,

no es algo que se entrena.

Un Ambiente Adecuado

No se trata de ejercer presión, ni de olvidarse completamente del tema. Lo primero es preparar el baño para que tome conciencia de que también puede utilizarlo igual que papá y mamá.

Facilitar que alcance el váter con una escalerita, colocar un adaptador o comprar un orinal a su gusto favorecen la curiosidad y las ganas de probar eso tan nuevo que ya ha visto tantas veces en casa y que puede aprender a hacer igual que ha aprendido a gatear, a andar, a comer….

Invitarle a ello, como opción y sin presión, darle la posibilidad y recordarle que puede hacerlo.

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Adaptador de IKEA

Es Importante Normalizar el Proceso

Debemos tener en cuenta que cada niño tiene su tiempo y que no es una ciencia perfecta.  No hay que tener grandes expectativas al respecto, porque puede parecer que nuestro hijo o hija está preparado y luego no lo está.

Debe ser tan normal que lo haga como que no lo haga. Nada de enfadarse con ellos, ni hacer comparaciones (que son odiosas) con otros niños o situaciones. Cada peque es un mundo y tiene sus momentos para todo.

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Fases por las que ha pasado Lucy

Alcanzar el control de esfínteres no es igual para cada niño o niña, ni lleva el mismo tiempo, ni siquiera pasa por las mismas etapas. Pero cuando se trata de lograrlo de manera natural y sin dirigir por ningún adulto, toca estar muy atenta a las señales y adentrarse en algo nuevo que no viene en ningún libro.

Echando la mirada atrás, hay cosas que no hemos hecho todo lo bien que deberíamos. Nadar a contracorriente a veces es difícil y puedes caer en esas conductas sociales aprendidas e incluso dirigir sin querer a tu hija.

Este proceso que cuento a continuación, comenzó más o menos sobre los 23 meses, y se alargó hasta los 38, lo que me hace pensar que este proceso comenzó mucho antes de que ella estuviese preparada.

  • Curiosidad por el váter.

No hay madre que vaya al baño sola, por lo que a cierta edad, se dan cuenta que no estás ahí sentada simplemente, e incluso te piden ver lo que estás haciendo.

Sobre los 2 años preparamos el ambiente para ella. El váter sabíamos que le llamaba la atención y compramos un adaptador. Creímos que un orinal gracioso también despertaría su curiosidad.

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El orinal lo compramos en Amazon

  • Curiosidad por el orinal y deseo de utilizarlo. Por esa época se desvestía ya sola, algo que me parece imprescindible si pretendemos que use el váter de manera autónoma. El poder desvestirse sola es una señal de que empieza a estar preparada.
  • Hacer pipí en conjunto (ella en el orinal y yo en el váter)  pero sin hacer pipí, claro.
  • Hacer pipí en el orinal por casualidad.

Llegados a este punto, cometimos el error de intentar quitarle el pañal. Nos emocionamos con su “pipí por casualidad”. No fue a la fuerza, ella estuvo de acuerdo y decía que avisaría cuando tuviera ganas. Fue un #epicfail, porque no notaba cuando venía y por lo tanto no podía ni avisar ni controlarlo.

  • Quitamos el pañal y tiene un escape.

El error de quitarle el pañal antes de tiempo nos costó caro. Al orinarse encima, lo pasó fatal. Nadie le regaña, nadie le dice nada, pero ella se siente terriblemente mal y llora muchísimo. No es nada agradable hacerse pipí encima. Adquirió una especie de miedo y se negaba en rotundo a quitarse el pañal de nuevo.

  • No querer hacer pis en el orinal ni el váter. Ni hablar de quitarse el pañal.

Comenzó a mostrar una especie de apego por el pañal, que seguramente ya tenía, pero los acontecimientos acrecentaron. Así que comenzó a evitar el cambio de pañal, pero de verdad, no como cuando son muy peques y huyen jugando. Le pedimos que por favor nos avisara cuando se hiciese caca o por lo menos contestase la verdad, porque negaba que lo tuviese manchado. Así estuvimos mucho tiempo, unos 3 o 4 meses.

Después tuvo una época en la que se escondía para hacer caca y luego avisaba de su hazaña, lo que quiere decir que notaba cuando lo va a hacer. Incluso se preparaba un sitio debajo de una mesa o se rodeada de juguetes a modo de valla de protección. Pero le molesta que le peguntes si lo ha hecho.

Al ver que parecía que controlaba aguas mayores le quitamos el pañal con su participación. Otro #epicfail porque no controlaba el pipí. Vuelve otro pequeño “retroceso”.

Sobre los 3 años comienza a decir cuándo va a hacer pis en el pañal. Lo notaba, pero no sabíamos si lo controlaba y no quisimos jugárnosla de nuevo.

Y la huida para cambiarle el pañal sigue. Hasta el punto de hacerlo muy difícil y ser tan esquiva que en dos ocasiones se le escoció el culito por llevar mucho tiempo el pañal manchado.

Hablé con ella en esos cambios de pañal con culito irritado. Le expliqué por qué le pasaba eso, y lo entendió entre llantos, aunque seguía diciendo que no quería cambiarse el pañal. Supuse que el cambio le parecía incómodo y ese era realmente el problema. Así que cambié la perspectiva y le dije que no tendría que cambiarse el pañal más si no lo llevaba. Que podíamos probar a quitárselo y a hacer caca y pis en el váter.

Su respuesta fue: “Me parece una buena idea mamá”.

Jamás olvidaré esas palabras y su carita mientras las decía.

 

Al día siguiente le quité el pañal y le dije que si tenía ganas de ir al baño me lo dijera. Se pasó el día entero pidiendo ir al baño y haciendo pis en el váter. El orinal lo tenemos de adorno porque no lo quiere utilizar.

En esos primeros días no se hace pis encima ni una sola vez, pero tampoco hace caca. Así que por la tarde noche antes de acostarse, le pongo el pañal y hace caca, por lo que también lo controla, aunque se siente rara haciendo caca en pañal y nombra las braguitas, como si no tuviera muy claro qué lleva puesto. Se deja cambiar y por la noche duerme con pañal.

A la semana de quitarle el pañal diurno, hace caca en el váter y hasta ahora.

Si, ha tenido algún accidente, tres contados, durante los dos primeros meses. Uno de ellos fuera de casa y todos relacionados con estar jugando tan distraída que no tiene tiempo de nada más.

Y por la noche utiliza pañal, pero lleva meses sin manchar por la noche, incluso se despierta y levanta para hacerlo, así que en cuanto ella quiera, lo hablaremos y quitaremos el pañal nocturno, porque ya he visto que el consenso y la comunicación funcionan también en este tema.

Nuestra experiencia

Durante toda esta etapa ha habido, adelantos y retrocesos, que no hubieran pasado si no hubiéramos forzado la situación en algún momento. Un error de los adultos que nos emocionamos más de la cuenta y que a veces, creemos que ya debería haber dejado el pañal porque fulanita o menganita ya se lo ha quitado, o porque se supone que con X edad ya no debe llevar pañal.

Puede que alguien piense que 3 años y dos meses es mucho tiempo. Yo creo que lo importante no es cuándo, si no el cómo, y tengo la sensación de no haber hecho una “operación pañal”, de no haber tenido preocupación, ni quebraderos de cabeza, ni la fregona a mano todo el día, ni mil mudas por lavar llenas de orina. Hubo intentos que se abortaron en cuanto se vio que no era el momento y se dejó pasar el tiempo. La “no operación pañal” duró una semana y ha sido en pleno invierno,

Creo que lo importante es darse cuenta de la transición que supone para ellos dejar el pañal, algo que conocen de siempre, para comenzar a utilizar el váter o el orinal. Y siempre que hay un cambio, puede haber miedo, incertidumbre o una sensación de pérdida. Y debemos ser conscientes de ello, apoyarles y acompañarles en este proceso para saber si están realmente preparados.

Por eso nosotros escogimos esperar, esperar para todo, incluso para la escolarización.

Mi consejo es observar y escuchar, no dejarnos llevar por las prisas o plazos preestablecidos. Saber recular y parar, si vemos que nos estamos equivocando, y no presionar. Es mejor para todos tener una “no operación pañal” tranquila, y si es posible y nuestras circunstancias lo permiten, dejar que de manera natural aprendan a controlar sus esfínteres.

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¿Y escolarizar a los 4 años?

Si, se puede escolarizar en segundo curso de Educación Infantil. No, no pueden ponerte ningún problema por no haber escolarizado con anterioridad, ya que no es obligatorio. No nos ha pasado, pero si nos habían metido miedo con eso.

Cuando decidimos no escolarizar a Lucy a los 3 años (cuando ella todavía no los tenía) a primer curso de Educación Infantil, tuvimos críticas y apoyos a partes iguales. Las críticas, algunas fuera de lugar, provenían de las redes sociales, porque nuestro entorno, al conocer nuestras razones, nuestra situación, y sobre todo a Lucy, no tuvieron ninguna duda de que estábamos haciendo lo correcto.

Ahora, las circunstancias han

cambiado y Lucy ha cambiado.

No es lo mismo comenzar el colegio con 2 años y 9 meses que con un año más. Sabiendo hablar y expresarse como lo hace ahora, con un control de esfínteres estupendo conseguido de manera natural, con una autonomía que nos hemos dedicado a potenciar durante este año escolar y muy importante, habiendo tenido un contacto previo con clases extraescolares y sabiendo, más o menos, lo que es ir a clase. En un año ha crecido y ha cambiado muchísimo.

La necesidad de escolarización, que el año pasado yo alegaba como inexistente, ha mutado en deseo. Lucy quiere irrumpir en ese patio que alguna vez ha visto a través de las vallas del colegio, y al cuál no comprende por qué no puede entrar. Ella quiere estar con esos niños y niñas que juegan, aunque yo le explique que eso no es todo el día, y que luego entran a clase para aprender muchas cosas interesantes.

Las circunstancias de Lucy han cambiado, las mías también y actualmente tenemos un escenario diferente. Muchas de nuestras particularidades han desaparecido, y otras no dependen exactamente de nosotros. Y digo “exactamente” porque aunque tengamos elecciones en nuestra mano, a veces oscilan entre pocas opciones.

La realidad es que nuestra hija quiere ir al colegio y nosotros vemos que está más preparada que el curso anterior.

Si, después de hablarlo y sopesarlo, ya hemos echado la matrícula, en el centro elegido  de entre muchos por nosotros, su padre y su madre. Con el miedo en el cuerpo de “no poder elegir colegio” porque escolarizábamos más tarde, como todo el mundo nos advertía. Encontrando un centro educativo durante las jornadas de puertas abiertas estupendo, en el que teníamos pocas expectativas y que nos sorprendió muchísimo.

 

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Sus primeras fotos de carnet para algo muy muy importante. 😬 . Menos mal que al final fuimos a un estudio de fotografía, que además está especializado en fotografía familiar y de niños, porque no había manera de que Lucy me soltase 😅. . Cuando conseguimos que se sentase, después de juegos y coger confianza con los profesionales, me dijo agarrándome fuerte y en bajito que le daba mucha vergüenza. Mi niña… 😍 . Más tranquila, le consiguieron sacar estas fotos que nos tienen babeando. 😍 . Al final le gustó la experiencia y creo que quería que le hicieran más fotos, y es que en #HappyFaceFotografía tienen muchas tablas en esto. ☺️ Gracias @tico1 ♥️ . Ah! Si quieres saber para qué son estas fotos, aunque seguro que lo intuyes, te lo cuento en el #blog, 🔗 enlace directo en mi bio. 😉😘 . . . #fotografia #Lucy #primerasveces #littlegirl #curlygirl #estudiodefotografia #fotografiainfantil #fotoscarnet #3años6meses #MiLucecita #carabonita #chispas #photography #kidsofinstagram

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Una escuela pequeñita, de línea 2, muy cerca de casa, que trabaja por proyectos, dirigida a la diversidad, con profesores y profesoras jóvenes involucrados y emocionados, con materiales e instalaciones muy buenos para ser un colegio público, y con una directora que habla claro y da la impresión de querer al colegio y a los estudiantes como si fueran su casa y su familia.

¿Es el colegio soñado?

No, no lo es, pero se le parece bastante. Puede que el colegio perfecto no exista.

Es un centro en el que nuestra hija tendrá mucho tiempo de juego, en el que no utilizan libros trabajando por proyectos e intentan seguir el ritmo de cada niño y niña a la hora de aprender.

Las madres y padres podemos participar y les encanta que lo hagan, tenemos las puertas abiertas. Y tenemos en mente que mediante el AMPA o el consejo escolar podemos involucrarnos mucho más para intentar mejorar y cambiar lo que podamos. No vamos a quedarnos de brazos cruzados si algo no nos gusta. Por supuesto, estoy preparada para reivindicar, para descubrir qué cosas se pueden mejorar, para intentar hacer del centro elegido un lugar mejor para mi hija y para sus compañeros y compañeras.

No es una opción retrasar su matriculación en un colegio hasta que el sistema educativo actual cambie y aunque no estemos de acuerdo con muchos aspectos tendremos que elegir el que más se adecua a nuestros deseos.

Tenemos miedos, claro que si, muchísimos. Supongo que como todos los progenitores. Da igual lo mayores que sean o lo preparados que les veamos: Nos da miedo que alguien la trate mal, que sean injustos con ella, que se sienta desarropada o sola, que le pase algo y no nos lo cuente, notarla rara o triste, que no le guste ir al colegio, que lo pase mal… Por mi cabeza han pasado y siguen pasando miles de escenas, y muchas de ellas me causan ansiedad y desasosiego. Pero a Lucy no.

Ella está emocionada, y lo expresa, y quiere ir al colegio. Aunque un día lloró porque se dio cuenta que mientras ella esté en el colegio, mamá no estará con ella. Y me dijo que me iba a echar mucho de menos con una pena que jamás había tenido. Hablando del tema entendió que echar de menos a alguien significa que le quieres mucho y que se puede poner triste, pero luego mamá irá buscarle todos los días sin falta.

Hay otra razón, aunque no tiene que ver directamente con mi hija, y es que quiero reincorporarme al mundo laboral, por razones evidentemente laborales y económicas, pero llevo tiempo pensando que también lo necesito personalmente. Va a ser difícil encontrar un trabajo que me deje conciliar horarios y necesidades, ya ni hablo de conseguir un trabajo que realmente me guste. Y me siento algo egoísta, pero al mismo tiempo pienso que he preparado a Lucy para este momento: el momento en el que su madre no pueda estar con ella las 24 horas del día.

Así, pensamos que estamos haciendo lo correcto. Escolarizar a Lucy con casi 4 años es razonable para nosotros, aunque si nos equivocamos no dudaremos en rectificar.

 

La Maravilla de la Comunicación 

Nunca tuvimos prisa porque Lucy comenzase a hablar. Nunca nos ha preocupado. Yo siempre decía que no tendría nada que decir y creo que así era porque una vez se arrancó a hablar, no ha parado.

Desde el año de edad decía palabras sueltas, a los 18 meses decía varias palabras, las juntaba y se hacía entender aunque no siempre, pero el verano pasado, con dos años y medio, fue la explosión de la comunicación.

Solo quién ha vivido este momento tan especial sabe lo emocionante que es ver la cantidad de palabras que son capaces de aprender cada día, cómo van formando frases que dejan entrever su personalidad y cómo poco a poco esas palabras inventadas y graciosas cuyo significado solo conocíamos sus padres, comienzan a desaparecer y en su lugar se hacen fuertes las que la RAE acepta.

Se hacen mayores de repente con esos vocablos que hace unos meses era impensable que salieran de su boquita, con ese esfuerzo para que cada fonema corresponda.

En un ataque nostálgico, somos los adultos los que seguimos utilizando esas palabras bonitas y primitivas que solo nosotros entendíamos. Porque la realidad es que ya no volveremos a escuchar un “teki” (chocolate), un “funa” (funciona), un “paki” (parque), un “ieiets” (dientes)…

Aunque Lucy ha sido “tardía” en hablar según mucha gente, cuando lo ha hecho ha sido un tsunami de palabras bien dichas, de verbos bien conjugados y de expresiones coloquiales que no le hace falta escuchar más de un par de veces para añadirlas a su día a día. Se estrenó completamente a lo grande.

Te cuenta todo, lo que ha hecho hace un rato, lo que hizo ayer y lo que hacía cuando “era pequeña”. Y no solo le entendemos nosotros, le entiende todo el mundo. Habla por teléfono con personas imaginarias y reales, juega con sus muñecos con distintas voces reproduciendo conversaciones completas, representa el capítulo de “Ladybug” que acaba ver a la perfección. Ya no solo baila, también canta y se inventa las canciones, tiene una imaginación desbordante y el lenguaje le permite plasmarlo de nuevas maneras.

Y por supuesto, te contesta y se defiende ante injusticias, te dice que le dejes en paz, que no va a contestar si “si” o si “no” (por si acaso lo utilizas en su contra). Pero también te dice que te quiere mucho, que le des un abrazo, un beso de amor, y que lo siente…

Agradece todo, desde que limpies su habitación porque está “mi mi limpita”, hasta que compres comida. Valora lo que haces por ella y ahora puede expresarlo.

Los “¿por qué?” llenan nuestro día a día y la contestación deriva en temas interesantes, su comprensión evoluciona al mismo tiempo que su capacidad de comunicarse.

Su personalidad se deja ver a través de sus palabras. La comunicación completa sus alegrías, sus enfados, sus tristezas… Conoces lo que sucede dentro de su cabecita, su manera de pensar, su nobleza y sus deseos. El puzzle se va completando y es maravilloso seguir conociendo a la persona en la que se está convirtiendo.

Vivimos una etapa maravillosa en la que las risas y los juegos han evolucionado, las confidencias y los momentos de cariños se han desarrollado y son cada vez mejores, y las conversaciones superan cualquier cosa que hayamos imaginado.

“¡Eso no se dice!” o cómo gestionar las palabras prohibidas cuando aprenden a hablar

Cuando los peques comienzan a hablar aprenden todas las palabras y expresiones que oyen, son monitos de repetición, por eso es muy importante tener cuidado con lo que decimos en su presencia.

Las palabras o expresiones prohibidas son las palabras malsonantes y palabrotas que los adultos soltamos casi sin darnos cuenta y en diversas circunstancias, pero que al ser padres comenzamos a tener muy presentes porque nuestros retoños aprenden y reproducen con asombrosa facilidad.

En nuestro caso, tengo que confesar que la que más palabras prohibidas dice en casa soy yo, y soy la persona que más tiempo paso con mi hija, así que dejar de utilizar estas expresiones se ha convertido en todo un reto para mí.

La primera vez que Lucy emuló una de estas palabras tan feas no pudimos culparla. De hecho la sorpresa y la risa se entrelazaban, porque ver a una cosita tan pequeña con esas palabras en la boca es impactante.

Sabemos que las aprende de nosotros y que el problema es nuestro, no suyo. Así que le explicamos que esas palabras son muy feas, que no se dicen y tomamos la decisión de llamarnos la atención entre nosotros cuando alguien utilizase alguna de estas palabras prohibidas en casa. Creemos que es lo más justo para todos y de este modo, Lucy entiende mucho mejor la prohibición.

No es lo mismo que solo le regañemos a ella si dice una palabra malsonante, que vea que cuando papá o mamá lo dicen, también son regañados.

De hecho, además de aprenderse las palabras prohibidas genial (para no decirlas), las identifica en seguida en una conversación y se ha apuntado al carro la primera para llamar la atención. En cuanto oye alguna, exclama: “¡Eso no se dice!”. Le damos la razón y pedimos perdón. No solo hemos conseguido que entienda que esas palabras no se deben utilizar,  si no que está muy concienciada a la hora de enseñarnos también a nosotros. Tiene el mismo derecho a regañarnos y se siente parte de esta “operación contra las palabras prohibidas”.

Niña haciendo gesto de silencio

El hecho es que nos cuesta mucho más a nosotros dejar de decirlas, pero creo que al pedir perdón, ella se da cuenta de que las personas somos humanas y nos equivocamos. Es importante que tome consciencia de que nadie es perfecto, pero que intentamos hacer las cosas bien. Que sus padres le den la razón y se disculpen es una lección de humildad que nos gusta enseñar a nuestra hija.

Casi sin planearlo, hemos encontrado una forma estupenda de dejar de decir palabrotas y evitar que Lucy las repita. Sin castigos por decirlos, sin premios por no hacerlo, y en la que todos participamos con la idea de que esas palabras no se deben decir.

Resumiendo:

  • No te rías cuando comience a decir ese tipo de palabras. Creerá que te hace gracia porque es divertido y enviarás un mensaje erróneo.
  • Buscad de dónde viene el problema y erradicarlo.
  • Explicad que son palabras que no se deben decir, porque hacen daño a la persona que los oye, por ejemplo.
  • Si llamáis la atención a los peques, lo justo es llamarle la atención a todo aquél que diga este tipo de palabras en su presencia. Seguro que el resto de adultos lo entienden y participan. De esta manera es probable que los peques no sientan que es a los únicos que regañan y que cambiar ese mal hábito es cosa de todos.

Lucy va ganando por ahora porque es a la que menos regañamos, y con esto de llamarnos la atención cuando se oye alguna palabra prohibida en casa, la alarma salta y se oye un “¡Eso no se dice!” bien alto y firme.

¿Cómo lleváis en casa el tema de las palabras prohibidas?

 

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¿Cuándo deben comenzar los peques a elegir su ropa?

¿Cuándo deben comenzar los peques a elegir su ropa?

Uno de los temas, como tantos otros, en los que la edad no debería ser una guía y en el que depende mucho del niño o niña en cuestión. Pienso que el límite se encuentra en el momento que la lían parda porque no quieren ponerse algo que ellos no han elegido y no les gusta, algo totalmente comprensible.

Luchar y enfadarse porque no quieren vestirse con una prenda que no les gusta y que ellos no han decidido comprar es absurdo y agotador. Seguro que si lo piensas fríamente concluyes que tener un mal rato en casa por esta razón no compensa.

La primera vez que pasó algo así en casa fue con un regalo. Un peto vaquero monísimo que le regalaron, que la primera vez se lo puso, pero que la siguiente al tenerlo puesto se negaba. No le gusta, no se siente cómoda.. ¡A saber! A la tercera vez que lo intenté, no se dejó ni ponérselo. Pues nada, ¡qué le hacemos!

Tengo que decir que no lo hace con toda la ropa, por eso sé que cuando no quiere ponerse algo, tiene sus razones, que deberían ser suficientes. Otras cosas le encantan y se las quiere poner todos los días, y hay que enseñarle que está en la lavadora o secándose, y la mayoría de las ocasiones lo entiende.

Como todavía es pequeña, muchas veces corremos el riesgo de comprar ropa cuando ella no está presente, sin su supervisión ni consentimiento. Recuerdo que yo odiaba que hicieran esto mismo, pero siendo ya más mayorcita, con once o doce años.

La mayor parte de las veces se conforma con lo que traemos, aunque suele resistirse a probárselo, como si no le interesara; Días después cuando procedes a probarle la ropa, es probable que le guste y se conforme, o que alguna de las prendas ni se la quiera probar. Exactamente igual que nos puede pasar a los adultos. Para eso está el ticket: se cambia o se devuelve y punto.

También diré, que yendo con ella de compras solo se fija en las cosas muy llamativas o con personajes de dibujos y/o superhéroes… Para comprar cosas más normales tienes que enseñarselo, y funciona darle varias opciones del mismo tipo de prenda, para que ella elija.

El Armario de Lucy

El Armario de Lucy

Permitir que decida qué zapatos se pone, darle a elegir entre varias camisetas o cambiar de pantalones cuando quiere ponerse otro y no el que has elegido, no me parece grave. No creo que sea maleducar, más bien toma sus propias decisiones y sale contenta a la calle. Así también le conocemos más, y esto ayuda a acertar cuando le compramos algo. Y nos facilita la vida una barbaridad.

Otro tema a parte es el momento de vestirse, que no es que se resista, que también, pero lo que peor llevo es lo de hacerse el peso muerto para que mamá o papá hagan todo el trabajo. Ella sabe vestirse solita, pero no le da la gana. Estamos trabajando en ello con mucha paciencia y tiempo.

¿Y si eligen algo que a ti no te gusta?

Pienso que cada uno tiene su estilo de vestir, y lo que a mi me parece una horterada y jamás me pondría, es perfecto para otra persona. Los gustos forman parte de la personalidad de cada uno, y obligarle a vestir algo que aborrece no contribuye a que desarrolle su propia imagen. También hay que pensar si quieres o crees que vas a poder cambiar su personalidad, eso que le hace una personita única.

Yo puedo decirle lo que pienso de una prenda, que me parece un color muy oscuro, que no me gusta la tela, que eso no sirve para ir al parque, etc… Y tengo que decir que aunque todavía es pequeña, comunicarse y razonar con ella funciona. Al final, la que se pone la ropa es ella. A mi no me gustaría que me obligasen a vestir según los gustos de otra persona. ¿Y a ti?

También, según nuestra experiencia, creo que al dejar que los peques decidan qué quieren ponerse, facilita que comprendan que tienen que vestir el abrigo para salir a la calle porque hace frío por ejemplo. Y si ellos mismo han elegido el abrigo, sus guantes o su gorro, se lo ponen de buen agrado. No deja de ser una negociación.

Si, Lucy tiene algunas prendas que no me convencen, vestidos con los que me parece que va fatal, momentos en los que preferiría que se pusiera otros zapatos, camisetas que pongo más abajo para que no se las ponga todos los santos días y por las que pregunta una y otra vez…. pero cuando elige su propia ropa ella va feliz y cómoda, y eso es lo más importante.

Hace poco decidí que solo discutiría a la hora de vestirse, si lo que lleva puesto no era adecuado al clima. Todavía recuerdo el día que quería salir en bragas y no había manera de convencerle, porque era verano y hacía calor, pero no para salir en ropa interior. Proponiéndole una prenda de sus favoritas, logré que se vistiera.

Lo sé, solo tiene tres años y más de uno y de una estarán pensando “ya verás cuando crezca”, pero dejarles elegir su propia imagen y estilo les permite expresarse, aprenden a hacerlo y mejoran su autoestima. Imponerles nuestro propio estilo o deseos en este tema cuando ellos quieren decidir no respeta su libertad ni su personalidad.

Y en serio, no es tan importante si no se visten como nosotros queremos.

¿Piensas que los peques deben decidir lo que visten?

¿O piensas todo lo contrario?

 

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¿Homeschooling o Educación en Casa?

Después de publicar las razones por las que no vamos a escolarizar a los tres años porque entre otras cosas no es obligatorio, he recibido muchos comentarios. La mayoría de apoyo, los cuales agradezco muchísimo, que nos califican de valientes y que comparten su misma decisión pidiendo que publique las actividades que vamos haciendo. Otros muchos nos felicitan y expresan que les gustaría poder hacer lo mismo, y unos pocos no tan amables criticando que lo hagamos e incluso que cuente que lo hacemos.

Mucha gente califica la etapa que hemos comenzado como “homeschooling” y me gustaría aclarar el concepto. No, no estamos haciendo homeschooling.

Mireia Long, co-fundadora de la Pedagogía Blanca y que ha vivido el homeschooling en primera persona educando en casa a su hijo, tiene una definición de lo que es “no escolarizar a los 3 años”:

“Hablamos de homeschooling a partir de los 6 años. Antes consideramos que es educación y crianza, pero no una escuela en casa por la no obligatoriedad y por la importancia de no estructurar a esas edades aprendizajes programados.

Hasta los 6 años deben jugar, pintar, cocinar, ir de paseo, etc… Solo enseñar a leer a quien lo pide, siguiendo un ritmo natural.”

Mireia Long. Pedagogía Blanca.

 

Nuestra casa no se ha convertido en una escuela. No hemos comprado libros de Educación Infantil ni tenemos un horario de clases estipulado; Si, tenemos libros que enseñan, con mensaje. Hemos comprado materiales para manualidades y yo me dediqué este verano a buscar algunas acordes a la edad de Lucy. Y también me molesté en mirar los objetivos del currículo para una niña de su edad en la web del Ministerio de Educación, los cuales están más dirigidos a que aprenda autonomía, conceptos básicos y que sea una personita. Algo que no solo no es necesario aprender en la escuela, si no que es mejor aprender en casa, con tu familia.

 

 

Según María Jesús Fernández Vizcaíno, enfermera, formadora de la Pedagogía Blanca y experta en homeschooling que conocí a través de Educandis, sobre esta etapa y explicándolo muy bien:

“En Estados Unidos la llaman Prekinder y aquí incluso en LAS ESCUELAS se llama PRE-escolar, es decir “etapa antes de la escuela”. Realmente lo que tú vives ahora es un PREESCOLAR PERO DE VERDAD. EN CASA.”

María Jesús Fernández Vizcaíno. Educandis.

Lo que hacemos es educar y criar a nuestra hija en casa. Con una atención personalizada las 24 horas, en las que todo se para si ella tiene una duda. Sin prisa, sin horarios y fomentando su curiosidad, su creatividad y su autonomía.

 

 

No me importa que lo llamen “homeschooling”, pero realmente la edad de Lucy no tiene un currículo determinado ni la obligación de aprender absolutamente nada. Eso es lo verdaderamente importante, y lo que deberíamos interiorizar. No está perdiendo un año escolar, ni está desaprovechando conocimientos que solo pueda adquirir en una clase de educación infantil.

Tranformándonos con “Montessori en Casa”

Compré “Montessori en Casa” de Cristina Tébar con unas expectativas específicas. Creía que me daría ideas para realizar actividades en casa con mi hija. Pero el libro te ofrece mucho más: En este libro encontrarás consejos y pautas para, principalmente, transformarte como padre o madre, acompañar en su crecimiento a tu hijo o hija y seguir su ritmo.

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Habrás leído en más de un lugar que Montessori no es solo una pedagogía o los materiales de madera que se utilizan para trabajar y en efecto, es un modo de vida que beneficia a tus hijos y al mundo, y al mismo tiempo ayuda a que desarrollen todo su potencial. Pero para ello necesitan nuestro acompañamiento y es necesario aprender a realizarlo.

Cristina Tébar, la autora de este libro y del blog también llamado Montessori en Casa (ganador del premio Madresfera 2.016 al mejor blog de Educación), a la que he tenido el placer de hacer unas preguntas que ha contestado muy amablemente, cuenta en su libro que cuando te haces madre todo cambia y te hace replantearte prioridades y valores. Algo muy parecido me sucedió a mí. Yentonces comienzas a prepararte para educar a tus hijos, conoces a María Montessori, comienzas a leer sobre su pedagogía y quieres saber más.

Licenciada en Ciencias Ambientales, al ser madre el gusanillo por la pedagogía facilitó el descubrimiento de Montessori y decidió integrar la filosofía Montessori en su estilo de crianza. Así se formó en Montessori para la etapa de 3 a 6 años, y comenzó a escribir en su blog sus experiencias. Continuó formándose en la etapa de 6 a 12 años y ahora es asistente AMI certificada. Sus cursos online, con los que te ayuda a incorporar Montessori a tu estilo de crianza, me parecen estupendos. Interesantísimo el curso de vida práctica para niños de 3 a 6 años.

A mi me pasó que, en medio de la búsqueda, te preguntas si Montessori es la “pedagogía perfecta”, o deberías seleccionar lo que más te gusta de diversos tipos de educación. Cristina Tébar cree que “cada metodología puede aportar cosas buenas, pero también opino que hay que tener cuidado al intentar mezclar metodologías, porque en algún momento van a chocar en puntos en los que son diferentes, y ahí hay que decidir por cuál decantarse”.

Cristina piensa que es un error de la educación tradicional “el hecho de que se asuma que todos los niños deben aprender lo mismo al mismo tiempo y de la misma manera, que no se respete la individualidad y las potencialidades de cada ser humano”, y esto último, Montessori lo impulsa y favorece.

Y cuando le preguntas por la diferencia principal de la educación tradicional y la Montessori piensa “que en Montessori se ve al niño como el protagonista del proceso de aprendizaje, la función del adulto es simplemente guiar a cada niño en ese proceso de descubrimiento y auto-construcción, mientras que en la educación tradicional el protagonista es el adulto, el maestro o el profesor imparte conocimiento y el niño es un receptor pasivo la mayor parte del tiempo”.

Habla de las cualidades de los “niños Montessori” diciendo que “en general los niños que crecen en un entorno Montessori son muy independientes, tanto a nivel físico como intelectual, son niños que tienen muy desarrollado el pensamiento crítico, también tienen mucha capacidad de elegir y decidir por sí mismos, saben lo que quieren, lo que les gusta, y cuando algo les apasiona ponen mucha energía en ello, pero por otra parte también entienden que esa libertad de elegir y de decidir conlleva un alto grado de responsabilidad.
También se trata de niños que tienden a cooperar y ayudarse entre ellos más que a competir, y que desde pequeños aprenden e resolver sus conflictos de forma pacífica, utilizando la comunicación no violenta. Dicho esto, es importante aclarar que esto no es exclusivo de Montessori, por suerte hay muchas otras maneras de educar que comparten estos valores.”

Este libro es perfecto para adentrarse en este tema, ya que explica de manera clara los principios básicos Montessori, los cuatro planos del desarrollo con sus crisis evolutivas y sus periodos sensibles (ventanas de oportunidad), las necesidades y tendencias humanas, el maestro interior del niño (al que tenemos permitir que el niño haga caso)… Conceptos básicos para comprender y acompañar a nuestros hijos y que creo necesario conocer.

 

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Y como el nombre del libro indica, nos da pautas para normalizar “Montessori en Casa” y lo que me parece más importante y esencial es “la transformación del adulto”, que no es una simple formación, es un cambio interno del adulto en diferentes ámbitos: espiritual-emocional, física, intelectual y técnicamente.

Ser lo que se denomina “El adulto preparado” es lo primero que hay que lograr. Las aptitudes que debemos tener hacia el niño, confiar en su desarrollo y en el control de error, y tener claro que no somos una escuela Montessori, pero que todo lo que hagamos con nuestro peque en casa favorecerá su desarrollo.

Algo que no me quedaba muy claro era la diferencia entre “intervenir” y “participar” en las actividades, y la explicación de Cristina es que “depende de la situación, si por ejemplo un niño está jugando, dibujando, etc. y me invita a jugar o dibujar con él, para mí eso claramente es participar, el niño me ha invitado a participar en esa actividad. Pero si el niño está jugando, dibujando, etc. y yo llego y le digo “¿Puedo construir una torre contigo?”, ahí sí que estoy interviniendo, lo estoy haciendo educadamente pero estoy interviniendo. No significa que nunca debamos intervenir ni interrumpir, pero sí es importante que seamos conscientes de que lo hacemos y de si realmente en ese momento necesitamos hacerlo”.

Me ha resultado sustancioso el capítulo en el que se tratan los principios básicos de la filosofía Montessori respecto a los castigos, los premios y los elogios, y cómo ponerlo en práctica. También conocemos qué dice Montessori sobre el respeto a la concentración, el equilibrio entre la libertad y los límites, la resolución de conflictos, la imaginación y fantasía; Si tenéis dudas con estos temas o creéis que Montessori es “dejar hacer al niño lo que quiera”, os recomiendo muy mucho que leáis las explicaciones. Os daréis cuenta de la importancia que tienen.

Las nociones generales que Cristina Tébar ofrece para el ambiente preparado en casa (diferenciando por planos de desarrollo) es necesario tenerlas en mente para cualquier actividad que queramos realizar, y yo diría que también sin realizar actividades específicas, para favorecer el movimiento y la autonomía. También es importante el orden, y cómo dice Cristina: “El orden es bueno para todos, niños y adultos, de hecho es una de nuestras tendencias humanas, nos gusta el orden y funcionamos mejor en un entorno ordenado, pero especialmente en el caso de los niños el orden es tan importante porque el hecho de tener un orden externo, a su alrededor, permite al niño que su cerebro en desarrollo vaya creando un orden interno”.

No tiene desperdicio el capítulo que dedica a ayudarnos a contestar a nosotros mismos y al resto cualquier tipo de duda que puede surgir respecto a esta pedagogía.

 

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Leyendo este libro a mi me ha quedado claro que el cambio Montessori debe empezar por los padres, en casa: es un estilo de vida que abarca todo y que debe ser normalizado para implementarlo con éxito. Y puede que no sea fácil, pero como todo, lo importante es querer hacerlo.

Es una lectura amena y ligera, y en mi caso, he cogido apuntes y hasta he subrayado el libro. He descubierto muchos conceptos que desconocía y he adquirido conocimientos que me ayudarán en mi propósito. He aceptado que hago muchas cosas de una manera que no es óptima para dirigirme hacia donde quiero llegar, pero también hago muchas otras bien y esto me da la certeza de poder conseguirlo.

Si te interesa la pedagogía Montessori, este libro te ayuda a comenzar y te demuestra que el primer cambio debe ser el tuyo.

 

6 Razones para No Escolarizar a los 3 años

Después de responder preguntas varias sobre la no escolarización de nuestra hija, me he decidido a escribir un post para explicar las razones que tenemos en mi familia para no hacerlo. Así genero contenido en el blog, si alguien más me pregunta puedo mandar un enlace solo y no me repito. y de paso, puedo ayudar a alguien que se lo esté pensando.

Puede que alguien se sienta atacado por mis argumentos porque sean contrarios a sus elecciones, pero no es mi intención. Doy por hecho que no todos tenemos las mismas circunstancias o las mismas preferencias y no voy a criticar ni juzgar las particularidades del resto. Voy a hablar de nuestra situación y necesidad.

Incluso es posible que reciba críticas, pero como siempre, cuando has sopesado los pros y los contras, y tienes las cosas claras, esas críticas no nos afectarán; Desde que nuestra hija nació hemos hecho muchas cosas a contracorriente, desde la lactancia, el BLW, el colecho…

 

  Ir a contracorriente a veces es complicado,

pero ya tenemos rodaje en este tema.

Todo lo que hacemos,

lo hacemos pensando que es lo mejor

para nuestra hija.

 

Comenzaré este tema diciendo que no es obligatorio comenzar el colegio el año que cumples 3 primaveras, es obligatorio cuando cumples 6 y comienzas primaria, pero antes no. Este dato no lo conocen algunas personas, y ponen el grito en el cielo sin conocimiento. No pasa nada por no escolarizar la niña, no vamos en contra de la ley ni somos unos irresponsables.

¿Es necesario? Al no ser obligatorio se entiende que necesario no es. Otra cosa es que la familia, por sus circunstancias, trabajo o preferencias, lo necesiten. En nuestro caso particular no es necesario, y en eso se basa nuestra elección, porque tenemos la fortuna de poder elegir; Y esta decisión ha sido meditada a través del tiempo, en el que un Súper Papá Licenciado en Magisterio ha tenido la última palabra, ya que no escolarizar supone que mamá no trabaja fuera de casa, y eso se traduce en que papá trabaja más.

 

Creemos firmemente que una niña de 3 años no necesita ir al colegio,

y en esa afirmación se basa nuestra elección:

en la NECESIDAD.

 

Nos han llegado, nos llegan y nos llegarán muchas preguntas sobre por qué no escolarizamos. Algunas pareciese que nos piden explicaciones directamente, como si hiciéramos algo malo. Así que, a quien le interese, estan son algunas de las razones por las que no vamos al cole este año:

  1. EN CASA TAMBIÉN SE APRENDE

Al buscar los contenidos que se estudian y los objetivos en la etapa de educación infantil, me di cuenta que muchos de ellos (como: observar y explorar su entorno familiar, natural y social, desarrollar sus capacidades afectivas, adquirir progresivamente autonomía en sus actividades habituales…) se pueden adquirir en casa, e incluso es el lugar más adecuado para hacerlo.

Sin quitarle mérito a las profesoras de infantil (enseñar conceptos a más de 20 niños de 3 años tiene mucho), en casa podemos enseñárselos a mi hija, desde el juego, con más tranquilidad y flexibilidad, y adecuandonos a sus preferencias y curiosidad. Esto último es muy importante.

2. HAY MÁS LUGARES PARA SOCIALIZAR

Algo que te dicen siempre, incluyendo la etapa de guardería y escuela infantil, es que los niños tienen que socializar y estar con otros niños. Además se suele alegar que si no van a “salir asociales”.

Estoy de acuerdo. Los niños tienen que estar con otros niños. Y con otros adultos, en diferentes situaciones y escenarios, etc… y eso se puede conseguir en grupos de crianza, grupos de juego, ludotecas, clases extraescolares (natación, inglés…) y en el parque, entre otros lugares.

Y aunque Lucy nunca ha ido a una escuela infantil, ni a una guardería, es una niña muy sociable, que saluda a todos los niños que ve y que en seguida se dispone a jugar con ellos.

3. LA GRAN CANTIDAD DE HORAS LECTIVAS

Aunque ahora exista la posibilidad del periodo de adaptación, que me parece imprescindible y que hace años no existía, llega un día en el que las 6 horas en el colegio no se las quita nadie y creemos que todavía es muy pequeña para eso. Además que los conocimientos que debe adquirir no necesitan tantas horas al día.

4. LA OBLIGACIÓN DE QUITAR EL PAÑAL

Desde que me enteré que en la mayoría de colegios al comenzar la etapa de infantil el pañal estaba “prohibido” me di cuenta que escolarizar con esa edad no era lo nuestro.

Lucy cumpliría los 3 años casi la última de su clase, y eso supondría “despañalar” más temprano y puede que sin la madurez necesaria para ello. Nosotros intentamos seguir a Lucy en sus tiempos y sus ritmos, y quitarle el pañal sin que esté preparada va en contra de nosotros y de ella misma. Sencillamente no queremos adelantar la “operación pañal” cuando no tenemos necesidad de hacerlo.

5. LOS NIÑOS NECESITAN MOVERSE

Los niños menores de 4 años no pueden estar físicamente quietos por la pulsión motriz. Algo que no se tiene en cuenta en la gran mayoría de aulas de educación infantil en las que los niños se pasan las horas sentados haciendo fichas. Si, por suerte en muchas se han puesto las pilas y trabajan por proyectos, con juego libre… Pero no es fácil encontrarlas y muchas son un intento solamente.

6. LO QUE ENSEÑAN EN EL COLEGIO Y CÓMO LO ENSEÑAN

Se aprende jugando, o al menos eso es lo que queremos para Lucy. No queremos fichas interminables, no queremos que esté horas sentada, no queremos castigos ni recompensas con colores, ni que la obliguen a compartir.

Nos encantaría poder llevarle a una escuela libre, un lugar dónde sea más importante jugar para aprender, aprender a compartir, dónde sigan su ritmo y alimenten su curiosidad, etc… Pero encontrar un centro así no es fácil y además supone un desembolso importante, que aunque lo vale, no nos podemos permitir.

 

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Estoy segura que madres que han escolarizado a sus hijos e hijas estarán de acuerdo conmigo en muchos puntos, y es posible que no les haya quedado otro remedio: La necesidad de nuevo.

Me siento muy afortunada de poder pasar otro año con mi hija, de poder enseñarle y descubrir junto a ella. De seguir viviendo esta “slow life” e ir a nuestro ritmo. Aunque también tiene su “lado malo”: Yo no tengo horas libres, ni días libres, ni casi distingo la llegada de los fines de semana. A veces me saturo, estoy agotada, ella se aburre, hay que planear algo…

¿Y que no escolarice a mi hija quiere decir que nos tomamos un año sabático?

 

Nada más lejos de la realidad. Me he pasado el verano buscando manualidades, juegos y contenidos para aprender. Tengo pensado hacer semanas temáticas con actividades diferentes que iré enseñando.

Tenemos horario instaurado desde el verano, madrugaremos aunque no vayamos a clase. También nos hemos apuntado a una ludoteca e iremos a natación. Aprovecharemos mucho el tiempo libre para pasear, para ir al campo, para correr y jugar libremente.

Si, mi hija cumple 3 este año y no hemos tenido vuelta al cole, ni quebraderos de cabeza con la elección y la matrícula del colegio, ni con nada. ¿El año que viene tendremos estos problemas o más? Es posible, pero no obligatorio.