Prohibido Prohibir a los Niños 

Los niños y niñas son una rara avis en este mundo moderno.

Se encuentran localizados en colegios y escuelas infantiles y a veces, su cuidador o cuidadora les lleva también al parque o algún otro lugar donde haya instalaciones infantiles específicas. Que no suelen ser muchas, aunque todo el mundo se invente estadísticas elevadas que señalan la existencia de miles de millones de establecimientos donde al parecer, los niños tienen un espacio reservado para jugar tranquilamente mientras se toman un Cola Cao. Ya sabéis, con mesas y sillas de su tamaño y eso.

Últimamente se lleva lo de los Hoteles Adults Only, que no es ni más ni menos, que un hotel donde anuncian que “prohíben la entrada” a niños. Presentan un espacio libre de molestias y de ruido, donde la paz y tranquilidad reina por doquier para la satisfacción de los clientes. Porque no hay adultos borrachos en la piscina, ni en el bar, ni fumando a tu lado y echándote todo el humo, ni haciendo ruido en las habitaciones, ni hablando por el móvil con un altavoz que les sale de la boca.

 

No tener a niños cerca se vende como

un oasis de tranquilidad,

casi como unas vacaciones en una isla privada.

Porque en este mundo solo molestan los infantes.

 

Tengo que hacer una confesión: a mí esto de los hoteles sin niños antes me parecía una buena idea. No cuando no era madre, no vayáis por ahí: Cuando no tenía ni la más remota idea de lo que es un niño, de sus necesidades de movimiento, de su prisa por jugar y en definitiva, de cómo es un niño cuando se le permite ser niño.

He leído a personas diciendo “que los niños de hoy en día están maleducados”, “que los padres les dejan hacer lo que quieren”, y esos mismos adultos alegan que en su tierna infancia ellos “iban a un restaurante y estaban sentaditos en la mesa”.

Otra confesión: Yo también era de ese tipo de niñas que estaba sentadita en la mesa, sin hacer ruido ni poder entrar en ningún tipo de conversación porque “cuando los adultos hablan los niños callan”. Imaginemos a una persona (porque noticia, los niños también son personas), que tiene que estar en una mesa sentado sin moverse ni hablar, sin poder dar su opinión y sin que le presten ningún tipo de atención mientras el resto habla, rie, brinda… ¿Lo veis normal? ¿Es justo?

Siento decirlo así, pero esos niños que estábamos tan bien “educados” éramos AMEBAS Amebas (término acuñado por De Profesión Mami) que nos hemos convertido en adultos y no sabemos lo que es ser niño. Amebas a las que nos molesta que los niños sean niños y jueguen como niños, porque nosotros no hemos podido serlo. Amebas que no sabemos diferenciar la mala educación, de un juego y un comportamiento normal de niños.

Un dato importante: Los niños y niñas forman parte de la sociedad. Existen, están, respiran, viven, comen y duermen junto a nosotros. Crecen bajo nuestro ejemplo y si queremos criar retoños respetuosos tenemos que respetarles.

 

Nuestra primera vez en un @muerdelapasta y en el parque por supuesto. Hemos tenido la gran suerte de que estos hermanos apadrinaran a #Lucy, que les ha tenido durante horas tirándose por los toboganes y en la piscina de bolas. Han sido tan cariñosos con ella, tan educados, atentos y amables que yo no podía creerlo. El hermano mayor cuidaba de ella y no dudaba en decir a los demás niños que tuvieran cuidado que había una niña e incluso, cuando uno le ha dicho que era una niña muy pequeña y que le llevase dónde los pequeños, él le ha defendido diciendo que Lucy podía como el resto y que se fuese él. 😂😂😂😂 No hemos podido irnos sin dar las gracias y decirles que eran niños encantadores, que siguieran así. También hemos hablado con su madre, y es que de tal palo tal astilla, una señora súper maja. Por cierto que Lucy no quería saber nada de sus padres. Creo que temía el momento de irse. Ahora Lucy quiere "tobogán red" todo el tiempo… 😓 #PastaPark #muerdelapasta #parque #parquedebolas #tobogan #friendship #love #family #28meses #daughter #babygirl

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Como los niños son niños, no pasa nada por discriminar la entrada a un hotel o a cualquier otro lugar. Son niños, ¡qué más da! No se van a quejar, no sufren, no se enteran…

Además pueden entrar a un montón de sitios más.

Y los judíos también podían entrar en un montón de sitios en los que no se les prohibiese la entrada durante la II Guerra Mundial.

Y la gente de color también podía sentarse en el asiento que quisieran del autobús siempre que fuese de la parte trasera del mismo.

Este tipo de discriminación que sufren los niños, no solo en los hoteles y en las vacaciones, es inimaginable dirigida a personas de otra raza u orientación sexual, por poner algún ejemplo, en el siglo XXI. Pero lo peor de todo es lo aceptado socialmente que está, la gente que lo apoya y lo aplaude.

Los hoteles o cualquier otro establecimiento pueden dirigirse comercialmente al público que quieran, pero no prohibir la entrada a un público concreto. Es anticonstitucional, viola el artículo 14 de la Constitución Española: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Y además es denunciable.

Los niños no producen, y como no tienen voz ni votan, parece que no tienen derechos. Pero si los tienen, y yo quiero que mi hija tenga voz, que pueda defenderse, que reivindique sus derechos, que se alce antes las injusticias. Y mientras ella no pueda hacerlo, lo haré yo.

 

 

Los más pequeños también forman parte de la sociedad, y esta en su conjunto es la que no está preparada para convivir con ellos, no al revés. Debería prepararse para tolerar a los niños igual que lo hace con otros muchos colectivos.

No hace falta decir que los niños son el futuro y que debemos tratarles como queramos que ellos nos traten cuando sean los adultos, y lo más importante, dejarles disfrutar de su infancia sin esconderlos ni discriminarlos.

 

¿Qué ocurre cuándo crías con empatía?

A veces no nos damos cuenta de cómo hablamos a los más pequeños. Particularmente tengo una cruzada con esa manía que tenemos de dirigir sus emociones e incluso anularlas.

 

“¿Te has caído? No pasa nada, no te has hecho daño. No ha sido nada.”

“¿Estás enfadada?  Si te enfadas te pones fea.”.

“¿Estás triste? ¡Qué va! No, no lo estás.”

 

Pero ¡oh sorpresa!, a veces cuando los peques se caen se hacen daño, y mejor que ellos no lo sabe nadie. Y también se enfadan, o se ponen tristes. Y no pasa nada. Se puede y se debe nombrar esas emociones y validarlas, dejarles ser y sentir. Como hacemos o deberíamos hacer los adultos.

Desde que soy madre me doy cuenta de estas frases y de la mala costumbre, porque es un defecto horrible, que tienen muchos adultos de gobernar los sentimientos y las actitudes de los más pequeños.

En casa nos dimos cuenta hace tiempo e intentamos desterrar esas frases que casi como un karma se repiten de generación en generación, (porque a veces lo hacemos mal también) y empatizar con nuestra hija. Algo tan sencillo, fácil y que forma parte seguramente de nuestra vida diaria entre adultos, parece que con los niños y niñas no hay que utilizarla.

¿Cómo se cría con empatía?

 

Según la RAE, la empatía es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Cuando alguien es empático tiene la habilidad de ponerse en el lugar del otro y puede entender sus emociones. Es muy útil para prevenir conflictos y ayuda a que las relaciones sean más satisfactorias. ya que nos ponemos en la piel del otro y comprendemos sus frustraciones, alegrías, miedos…

No prejuzgar ni culpar a las personas, escuchar dedicacndo atención plena sin interrumpir, tener paciencia, etc… son características de personas empáticas y que deberíamos utilizar en general y más específicamente con personas que queremos, como nuestros hijos e hijas. Por ejemplo.

Cuando nuestra hija se cae le preguntamos: ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? Vaya, lo mismo que le preguntaríamos a cualquier adulto que se cae al suelo. No me veo diciéndole a una señora que se cae en la calle “que se levante que no ha sido nada”. Pues con un niño lo mismo, aunque la gran mayoría de veces no se haya hecho daño y lo sepamos.

Cuando llora le preguntamos por qué, o si sabemos la razón, es muy fácil decir que sabemos que esta enfadada/ triste y que le entendemos. Y podemos explicarle que aunque llore porque quiere chocolate y lo entendemos, vamos a cenar y no podemos comerlo ahora. Que parece que no, pero siempre reconforta que entiendan lo que te pasa aunque no te solucionen el problema pero te apoyen y acompañen, en vez de decirte “no te pasa nada, que no estás triste”.

¿Alguien se da cuenta de la falta de respeto que supone quitarle importancia a los sentimientos de alguien que sufre o está molesto? Para un adulto, lo que le ocurre a ese bebé en ese momento puede ser una tontería, pero para él es un mundo y hay que respetarlo y acompañarles en ese momento.

 

La manera de criar retoños empáticos es mostrar empatía por ellos.

 

Y aunque parezca mentira, hay padres y madres, tíos y abuelos que no tratan a niños y niñas con empatía. Que cuando lloran no les acompañan, que controlan y manejan sus sentimientos y les dan permiso o no, para enfadarse. Y la manera en la que esos niños se relacionan posteriormente con otras personas, es la misma que han conocido.

¿Qué pasa cuándo criamos niños empáticos?

 

Sorprendentemente (nótese la ironía), llega un momento en el que hablan, se comunican contigo y te preguntan: “¿tas enfadao?, ¿tas bien?, ¿duele pita (tripa)? ¿mucho feliz? ¿mucho triste?”

Y no solo a ti. A cualquier niño del parque o a un familiar.

Te das cuenta que comienzan a mantener relaciones sociales en las que se preocupan por cómo se encuentra el resto, que alguien se cae y no se ríe, si no que pregunta. Que se alegra contigo cuando te pasan cosas buenas, y que si lloras te abraza.

Se comporta igual de bien contigo, que tú te comportas con tu retoño.

Y es ahí cuando te das cuenta que “ser un bicho raro” y tratar a tu hija como la persona que es da sus frutos y es lo que se debe hacer. Y odias esas frases que le dicen cómo debe comportarse, cómo debe sentir y cómo debe ser.

La empatía es una gran virtud, y muy importante a la hora de relacionarse. Enseñar a nuestros hijos e hijas a ser personas empáticas lo considero uno de los pilares de la crianza con apego. Algo que, por otro lado, estaremos practicando y enseñando desde el principio si una de nuestras máximas es criar a nuestro bebé con respeto.

 

 

¿Crías a tu bebé con empatía?

 

Para tener tiempo de calidad , hace falta tiempo.

Hace un tiempo vivimos en el parque que solemos frecuentar, una situación un tanto incómoda: unos padres llevaron a su hija de la edad de Lucy a jugar, estuvieron media hora escasa y a la hora de irse, cogieron a su hija en volandas sin mediar palabra, la metieron en el carro y se marcharon ipso facto. Ella lloraba y pataleaba claro, tenía un berrinche muy fuerte totalmente comprensible y cuando desaparecieron de nuestra vista, la niña seguía llorando.

Lucy miraba a la niña y me miraba a mi. Yo no sabía muy bien qué decir.

Lejos de juzgar, intenté ponerme en la situación de esos padres y de la niña y llegué a la conclusión de que seguramente esos padres no tendrían más tiempo de estar en el parque ya que a lo mejor tenían cosas que hacer. Ni de intentar razonar y/o convencer a su hija de que había que marcharse porque eso no se consigue de manera rápida generalmente. La niña pensaría que no había jugado suficiente, que no había sido avisada de la inminente marcha y  no le había dado tiempo a hacerse a la idea de que la hora del parque terminaba.

TIEMPO.

Pensé que les había faltado tiempo.

Y esta situación la hemos vivido como testigos varias veces con varios padres e hijos diferentes en el mismo parque.

Tengo la suerte de pasar 24 horas al día con mi hija y de tener tiempo de ir con ella al parque, de jugar con la arena, de tirarnos por el tobogán mientras nos reímos y de decirle 5 veces que dentro de 5 minutos nos vamos. Puedo esperar a que entienda que el sol se ha ocultado o que sus amiguitos y amiguitas se han ido ya a su casa a comer. Puedo esperar a que ella quiera irse.

Pienso que ese tiempo que la niña de la historia estuvo jugando todo estaba bien, pero después todo se desbarató. Esos padres no tuvieron tiempo de hacer todo lo que hago yo para ir preparando a Lucy para irnos del parque, o eso pienso.

Si pensamos que, por ejemplo, esos padres han estado con su hija una hora porque según han llegado a casa, con la prisa que iban, tendrían que hacer muchas cosas, ¿esa hora ha sido tiempo de calidad?

Para mi el tiempo de calidad es ir al parque con mi hija, disfrutar de ese momento y volver del mismo buen humor que nos hemos ido.

Y que ese estado siga en casa mientras hacemos otras cosas.

Y diariamente, esas otras actividades que hacemos, me esfuerzo en que no terminen en tragedia. Pero yo tengo tiempo, y puedo intentarlo al menos.

Tengo la teoría y además la convicción, de que la mayoría de veces que hay gritos, problemas o malos modos en general en casa y alrededor de la crianza, es porque nos falta tiempo a los padres. Porque en esta sociedad de horarios incompatibles, trabajo de sol a sol y conciliación nula, a veces no podemos esperar a que nuestros hijos entiendan que no hay tiempo.

Por eso reivindico que no nos vendan el tiempo de calidad como algo que sustituye al tiempo con nuestros hijos e hijas. La conciliación laboral y familiar no consiste en tener 3 horas al día para atender a nuestros hijos mientras hacemos la cena, tendemos, limpiamos…. Generalmente eso no es tiempo de calidad, es tiempo que pasa entre carreras, cansancio y un no dar a basto. Y la culpa, no es de los padres y madres que tienen que trabajar, es que una vez más los cuidados y la crianza no tienen la consideración que merecen.

Pasar tiempo con nuestros retoños es importante para ellos y para nosotros: creamos un vínculo afectivo seguro, niños con autoestima, autónomos… Niños emocionalmente sanos que el día de mañana serán adultos emocionalmente sanos.

Necesitamos y queremos tiempo para jugar a la hora del baño, para hacer pompas, para soplar espuma y para negociar cuándo las yemas de sus dedos están demasiado arrugadas o para demostrar que el agua se queda fría y hay que salir de la bañera. Incluso tiempo para meternos en la bañera con nuestro bebé.

Necesitamos y queremos tiempo para perseguirle por la casa cuando no se quiere vestir o cambiarse el pañal. Para convencerle con juegos y canciones hasta que nos permite hacerlo.

Necesitamos y queremos tiempo para sentarnos en el sofá tranquilamente a dar pecho a nuestros bebés, para hacerles cosquillas, jugar o darnos besos.

Necesitamos y queremos tiempo para bailar con nuestro bebé en nuestros brazos, para cantar con un rodillo de plastilina en la mano, para aprendernos pasos de baile y canciones.

Necesitamos y queremos tiempo para intentar que no mezcle los colores de las acuarelas, para dibujar un perrito o moldear un cupcake, y luego limpiar todo el desastre.

Necesitamos y queremos tiempo para que se suba en la torre de aprendizaje y se prepare el desayuno a su ritmo, para que haga cosas nuevas hasta que las perfeccione sin pedir que terminen porque tenemos prisa.

Necesitamos y queremos tiempo para esperar a que intente cambiarse el pijama y preguntar si quieren ayuda. Para leerle un cuento tres veces antes de apagar las luces.

Necesitamos y queremos tiempo para razonar que antes de sacar otros juguetes hay que recoger los que están tirados en el suelo, porque no hay sitio para poner los nuevos.

Necesitamos tiempo para disfrutar los unos de los otros.

Cuando no tienes tiempo, en cantidad, no tienes ni la misma paciencia, ni la misma calma que si tienes tiempo. Y con poco tiempo al día es muy difícil satisfacer todas las peticiones y necesidades afectivas de los niños, porque para ellos, media hora de juego nunca es suficiente.

Necesito y quiero tiempo de calidad, tiempo que paso tranquila y disfrutando de mi hija. Tiempo que dedico a enseñarle cosas, a observar cómo crece, a conocer sus necesidades e incluso adelantarme a ellas. Sin carreras, sin estres, sin pensar en todo lo que tengo que preparar para el día siguiente en un tiempo récord.

Eso para mi es tiempo de calidad.

Tengo tiempo para intentarlo, para no sacar a mi hija de la bañera porque ya es hora, para no meter en el carro a mi hija mientras llora porque no quiere irse del parque… TIEMPO. Tiempo que deberíamos tener todos los padres y madres para disfrutar de nuestra familia.

Para tener tiempo de calidad, necesitamos tiempo en cantidad con nuestros hijos y nuestras hijas, que no nos vendan lo contrario 

¿Cuánto se involucran los padres en la crianza de sus hijos?

El pasado 6 de febrero acudimos a un evento de Dodot en el presentaban su nuevo pañal y su “Estudio sobre la paternidad”, que ha sido realizado a través de encuestas online mediante entrevistas a padres con hijos entre 0 y 4 años. Según Dodot existe “una nueva generación de #PapásDodot que buscan nuevas maneras de involucrarse en la vida de sus hijos y ampliar la calidad del tiempo que pasan con ellos”.

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La presentación constaba de una mesa redonda y contábamos con la presencia de Mónica de la Fuente (fundadora y directora de Madresfera), Leyre Artiz (directora de la revista Ser Padres), Óscar Chinarro (sociólogo), Miguel Álvarez- Builla (Brand Manager de P&G) y Adrián Cordellat (papá bloguero de Un Papá en Prácticas), en la que hablaron sobre los datos recopilados y su experiencia en estas lindes.

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Lucy súper atenta a la charla. Mónica de la Fuente y Adrián Cordellat durante el coloquio.

Según mi percepción, hoy en día, cada vez más los padres se involucran en la crianza de sus propios hijos y se alejan de estereotipos que se repetían en pasadas generaciones de padres despegados y que los primeros años prácticamente no colaboraban con los cuidados básicos de su prole.

No tengo datos sobre la paternidad de hace 30 años, no puedo comparar y me gustaría. Pero si puedo tener en cuenta lo que hablan abuelas y madres, lo que nosotras mismas hemos visto en casa, lo que esta sociedad ha dictado hasta ahora y que la publicidad relacionada con la crianza estaba dirigida específicamente hacia las madres.

Muchos padres viven hoy en día una paternidad consciente,  disfrutan cuidando a sus hijos y quieren ser parte de una crianza activa. Quieren pasar tiempo con sus retoños, cantando canciones, jugando, acunándoles… En definitiva, haciendo por fin lo que se han perdido durante muchísimo tiempo.

Dodot ha querido reflejar esta nueva generación de #PapásDodot, que no solo “hacen” si no que hasta hablan de ello, algo que también estaba relegado a las madres.

Según los datos del “Estudio sobre la paternidad” de Dodot, cada vez son más los padres que en comparación a sus propios padres o abuelos, realizan múltiples tareas que tienen que ver con el cuidado de sus hijos diariamente.

En muchos de los resultados del estudio, lo curioso y que a mi me llama la atención, no es el dato en positivo de los padres que realizan una tarea en concreto, si no los que todavía hoy en día, no las realizan:

“¡Playtime!”

El 83% de los padres asegura jugar con sus hijos a diario. Es un porcentaje alto, aunque hay que tener en cuenta que es una de las actividades mejores y más fáciles. Todos preferimos el momento de risas al de llantos porque no quiere vestirse por ejemplo.

#SúperPapá declara que es la actividad que más le gusta hacer con Lucy, y es la que más realiza.

“Una manita por aquí”

El 64% afirman vestir o desvestir a sus hijos diariamente, (el 36% no lo hace) y el 15% tiene esta actividad como favorita entre todas.

A #SúperPapá es la actividad que menos le gusta, y no me extraña, porque Lucy no se está quieta nunca, hay que perseguirle por toda la casa y al final siempre acaba llorando. Pero la realiza igualmente porque hay que hacerla, y siempre intentamos distraer su atención para facilitar la tarea.

“Es la hora de ir a dormir”

El 62% de los padres acuesta a sus hijos a diario, lo que quiere decir que el 38% o no colabora en esta tarea, o puede que no esté en casa para hacerlo por trabajo u otra razón. Es el momento preferido del 13% de los padres.

Lucy nunca quiere ir a la cama, no es un momento nada fácil ni para #SúperPapá ni para mi. Excepto el día que leemos un cuento y no hay queja después, que han sido 3 veces más o menos.

“Esta cucharita por papá”

El 62% de los padres dan diariamente de comer a sus hijos pero es la actividad favorita solo del 5% de los padres. Mi pregunta sería qué porcentaje hacen Baby Led Weaning (alimentación autorregulada, los bebés comen solos), porque me parece un porcentaje bajísimo para una tarea que se debe hacer varias veces al día todos los días.

En casa ni #SúperPapá ni yo hemos dado de comer a nuestra hija nunca, somos un 0%, pero nosotros si hacemos BLW.

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“¡Vamos de paseo!”

Es el momento preferido por el 46%, por encima de todas los demás.

Es la tarea que menos realiza #SúperPapá, porque a las horas en las que salimos está trabajando, pero cuando se han ido los dos solitos se lo pasan genial.

El cambio de pañal

El 85% cambia el pañal habitualmente y 65% lo hace a diario.

El 86% de esos padres que cambian el pañal, utilizan trucos para conseguirlo. De estos un 65% les habla tranquilamente mientras el 28% utiliza juguetes para distraer y el 25% le canta canciones.

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En casa lo que siempre nos ha servido mejor es cantar y #SúperPapá es especialista en inventarse canciones con las que Lucy se parte de risa.

Conciliando

El 54% asegura que le gustaría pasar más tiempo con sus hijos, pero el 40% considera que concilia su vida laboral y su paternidad de manera adecuada.

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El 60% incluso cambia horarios laborales para poder estar más tiempo con sus hijos.

El 76% si disfrutó su permiso de paternidad y este dato me sorprende mucho porque el 24% no lo hizo. ¿Serán padres en paro? ¿Autónomos? ¿O que no han querido pasar el tiempo que les corresponde por ley con sus hijos recién nacidos?

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Un 43% intenta salir más rápido antes para estar con sus hijos y el 39% hace exactamente lo mismo que antes de ser padre.

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#SúperPapá trabaja muchísimas horas y no siempre en el mismo horario. Tiene varios proyectos que sacar adelante y hay semanas que ni siquiera tiene un día libre. Es un daño colateral de la decisión que tomamos de que solo uno de los dos trabajaría para que el otro pudiera estar con Lucy. Le encantaría pasar más tiempo con nosotras y viene directo del trabajo a casa siempre, si no está trabajando, está con nosotras.

Buscando información

Los tiempos cambian y los nuevos #PapásDodot también buscan información sobre el cuidado y la crianza de sus hijos.

El 73% consulta al pediatra, el 58% consulta internet en general y el 74% busca información en blogs y foros, un dato que me hace pensar que los blogs cada vez tenemos más peso y que además de nuestra opinión debemos tener mucho cuidado con lo que decimos y utilizar enlaces para que esos padres puedan decidir por sí mismos.

Tanto #SúperPapá como yo solemos buscar mucho en internet, pero afortunadamente no hemos tenido ningún problema de mayor gravedad y por eso no consultamos mucho a médicos.

 

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Es muy curioso al leer este estudio, los porcentajes de las actividades y preferencias de los padres al cuidar de sus hijos. Me han entrado ganas de ver el mismo estudio dirigido a las mujeres y averiguar qué tareas bajan del 100%, ya que las mujeres seguimos siendo las encargadas de los temas relacionados con los cuidados.

Si preguntásemos a las madres de esos mismos hijos, ¿estos porcentajes aumentarían o serían menores?

También me gustaría saber qué tanto por ciento de los hombres que han contestado estas preguntas trabajan o están en paro. Dista mucho la colaboración de un padre que trabaja de sol a sol, de uno que es autónomo, o de uno que tiene una jornada continua y puede pasar toda la tarde con sus hijos. Las circunstancias de cada familia por la situación laboral y económica que vivimos es muy variada y creo que es uno de los factores que en cierta manera provoca o facilita que cada vez más padres se involucren en la crianza. Muchísimos padres pasan las 24 horas con sus hijos y son los que realizan el 100% de las tareas diarias relacionadas con los niños.

Por supuesto estos datos son buenos, si contamos con que antes los niños eran asunto sólo de mamá, y si pensamos que aún hoy, hay padres que no han cambiado un solo pañal ni juegan con sus hijos.

En un mundo perfecto, este tipo de estudios no serían necesarios. Los hijos e hijas son responsabilidad de ambos progenitores por igual. Trabajen fuera de casa o no, ambos deben colaborar en la crianza y el cuidado de los niños. Los hombres no son héroes por realizar estas tareas, ni deberíamos darle más importancia a que las realicen porque es su obligación.

¿Qué piensas del estudio?

¿Crees que las tareas de cuidados y crianza son equitativos o todavía falta mucho?

Gracias a Madresfera por realizar la convocatoria, siempre es un gustazo veros y charlar con vosotras. También es un momento genial para coincidir con otras mamás blogueras y para que Lucy haga amiguitos.

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Lucy haciendo amigos durante el evento. En la foto con el Pollito del blog www.mipollitodicepio.com.

Gracias a Dodot por elegirnos otro año más para acudir a su presentación, por los eventos tan especiales y cuidados que organiza con entretenimiento para los niños y niñas que acuden, esta vez en “Cómo saber cómo” un sitio chulísimo, y por el regalito que siempre nos dan. Lucy merendó genial y se lo pasó estupendamente como siempre.

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