¿Y escolarizar a los 4 años?

Si, se puede escolarizar en segundo curso de Educación Infantil. No, no pueden ponerte ningún problema por no haber escolarizado con anterioridad, ya que no es obligatorio. No nos ha pasado, pero si nos habían metido miedo con eso.

Cuando decidimos no escolarizar a Lucy a los 3 años (cuando ella todavía no los tenía) a primer curso de Educación Infantil, tuvimos críticas y apoyos a partes iguales. Las críticas, algunas fuera de lugar, provenían de las redes sociales, porque nuestro entorno, al conocer nuestras razones, nuestra situación, y sobre todo a Lucy, no tuvieron ninguna duda de que estábamos haciendo lo correcto.

Ahora, las circunstancias han

cambiado y Lucy ha cambiado.

No es lo mismo comenzar el colegio con 2 años y 9 meses que con un año más. Sabiendo hablar y expresarse como lo hace ahora, con un control de esfínteres estupendo conseguido de manera natural, con una autonomía que nos hemos dedicado a potenciar durante este año escolar y muy importante, habiendo tenido un contacto previo con clases extraescolares y sabiendo, más o menos, lo que es ir a clase. En un año ha crecido y ha cambiado muchísimo.

La necesidad de escolarización, que el año pasado yo alegaba como inexistente, ha mutado en deseo. Lucy quiere irrumpir en ese patio que alguna vez ha visto a través de las vallas del colegio, y al cuál no comprende por qué no puede entrar. Ella quiere estar con esos niños y niñas que juegan, aunque yo le explique que eso no es todo el día, y que luego entran a clase para aprender muchas cosas interesantes.

Las circunstancias de Lucy han cambiado, las mías también y actualmente tenemos un escenario diferente. Muchas de nuestras particularidades han desaparecido, y otras no dependen exactamente de nosotros. Y digo “exactamente” porque aunque tengamos elecciones en nuestra mano, a veces oscilan entre pocas opciones.

La realidad es que nuestra hija quiere ir al colegio y nosotros vemos que está más preparada que el curso anterior.

Si, después de hablarlo y sopesarlo, ya hemos echado la matrícula, en el centro elegido  de entre muchos por nosotros, su padre y su madre. Con el miedo en el cuerpo de “no poder elegir colegio” porque escolarizábamos más tarde, como todo el mundo nos advertía. Encontrando un centro educativo durante las jornadas de puertas abiertas estupendo, en el que teníamos pocas expectativas y que nos sorprendió muchísimo.

 

Sus primeras fotos de carnet para algo muy muy importante. 😬 . Menos mal que al final fuimos a un estudio de fotografía, que además está especializado en fotografía familiar y de niños, porque no había manera de que Lucy me soltase 😅. . Cuando conseguimos que se sentase, después de juegos y coger confianza con los profesionales, me dijo agarrándome fuerte y en bajito que le daba mucha vergüenza. Mi niña… 😍 . Más tranquila, le consiguieron sacar estas fotos que nos tienen babeando. 😍 . Al final le gustó la experiencia y creo que quería que le hicieran más fotos, y es que en #HappyFaceFotografía tienen muchas tablas en esto. ☺️ Gracias @tico1 ♥️ . Ah! Si quieres saber para qué son estas fotos, aunque seguro que lo intuyes, te lo cuento en el #blog, 🔗 enlace directo en mi bio. 😉😘 . . . #fotografia #Lucy #primerasveces #littlegirl #curlygirl #estudiodefotografia #fotografiainfantil #fotoscarnet #3años6meses #MiLucecita #carabonita #chispas #photography #kidsofinstagram

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Una escuela pequeñita, de línea 2, muy cerca de casa, que trabaja por proyectos, dirigida a la diversidad, con profesores y profesoras jóvenes involucrados y emocionados, con materiales e instalaciones muy buenos para ser un colegio público, y con una directora que habla claro y da la impresión de querer al colegio y a los estudiantes como si fueran su casa y su familia.

¿Es el colegio soñado?

No, no lo es, pero se le parece bastante. Puede que el colegio perfecto no exista.

Es un centro en el que nuestra hija tendrá mucho tiempo de juego, en el que no utilizan libros trabajando por proyectos e intentan seguir el ritmo de cada niño y niña a la hora de aprender.

Las madres y padres podemos participar y les encanta que lo hagan, tenemos las puertas abiertas. Y tenemos en mente que mediante el AMPA o el consejo escolar podemos involucrarnos mucho más para intentar mejorar y cambiar lo que podamos. No vamos a quedarnos de brazos cruzados si algo no nos gusta. Por supuesto, estoy preparada para reivindicar, para descubrir qué cosas se pueden mejorar, para intentar hacer del centro elegido un lugar mejor para mi hija y para sus compañeros y compañeras.

No es una opción retrasar su matriculación en un colegio hasta que el sistema educativo actual cambie y aunque no estemos de acuerdo con muchos aspectos tendremos que elegir el que más se adecua a nuestros deseos.

Tenemos miedos, claro que si, muchísimos. Supongo que como todos los progenitores. Da igual lo mayores que sean o lo preparados que les veamos: Nos da miedo que alguien la trate mal, que sean injustos con ella, que se sienta desarropada o sola, que le pase algo y no nos lo cuente, notarla rara o triste, que no le guste ir al colegio, que lo pase mal… Por mi cabeza han pasado y siguen pasando miles de escenas, y muchas de ellas me causan ansiedad y desasosiego. Pero a Lucy no.

Ella está emocionada, y lo expresa, y quiere ir al colegio. Aunque un día lloró porque se dio cuenta que mientras ella esté en el colegio, mamá no estará con ella. Y me dijo que me iba a echar mucho de menos con una pena que jamás había tenido. Hablando del tema entendió que echar de menos a alguien significa que le quieres mucho y que se puede poner triste, pero luego mamá irá buscarle todos los días sin falta.

Hay otra razón, aunque no tiene que ver directamente con mi hija, y es que quiero reincorporarme al mundo laboral, por razones evidentemente laborales y económicas, pero llevo tiempo pensando que también lo necesito personalmente. Va a ser difícil encontrar un trabajo que me deje conciliar horarios y necesidades, ya ni hablo de conseguir un trabajo que realmente me guste. Y me siento algo egoísta, pero al mismo tiempo pienso que he preparado a Lucy para este momento: el momento en el que su madre no pueda estar con ella las 24 horas del día.

Así, pensamos que estamos haciendo lo correcto. Escolarizar a Lucy con casi 4 años es razonable para nosotros, aunque si nos equivocamos no dudaremos en rectificar.

 

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La Maravilla de la Comunicación 

Nunca tuvimos prisa porque Lucy comenzase a hablar. Nunca nos ha preocupado. Yo siempre decía que no tendría nada que decir y creo que así era porque una vez se arrancó a hablar, no ha parado.

Desde el año de edad decía palabras sueltas, a los 18 meses decía varias palabras, las juntaba y se hacía entender aunque no siempre, pero el verano pasado, con dos años y medio, fue la explosión de la comunicación.

Solo quién ha vivido este momento tan especial sabe lo emocionante que es ver la cantidad de palabras que son capaces de aprender cada día, cómo van formando frases que dejan entrever su personalidad y cómo poco a poco esas palabras inventadas y graciosas cuyo significado solo conocíamos sus padres, comienzan a desaparecer y en su lugar se hacen fuertes las que la RAE acepta.

Se hacen mayores de repente con esos vocablos que hace unos meses era impensable que salieran de su boquita, con ese esfuerzo para que cada fonema corresponda.

En un ataque nostálgico, somos los adultos los que seguimos utilizando esas palabras bonitas y primitivas que solo nosotros entendíamos. Porque la realidad es que ya no volveremos a escuchar un “teki” (chocolate), un “funa” (funciona), un “paki” (parque), un “ieiets” (dientes)…

Aunque Lucy ha sido “tardía” en hablar según mucha gente, cuando lo ha hecho ha sido un tsunami de palabras bien dichas, de verbos bien conjugados y de expresiones coloquiales que no le hace falta escuchar más de un par de veces para añadirlas a su día a día. Se estrenó completamente a lo grande.

Te cuenta todo, lo que ha hecho hace un rato, lo que hizo ayer y lo que hacía cuando “era pequeña”. Y no solo le entendemos nosotros, le entiende todo el mundo. Habla por teléfono con personas imaginarias y reales, juega con sus muñecos con distintas voces reproduciendo conversaciones completas, representa el capítulo de “Ladybug” que acaba ver a la perfección. Ya no solo baila, también canta y se inventa las canciones, tiene una imaginación desbordante y el lenguaje le permite plasmarlo de nuevas maneras.

Y por supuesto, te contesta y se defiende ante injusticias, te dice que le dejes en paz, que no va a contestar si “si” o si “no” (por si acaso lo utilizas en su contra). Pero también te dice que te quiere mucho, que le des un abrazo, un beso de amor, y que lo siente…

Agradece todo, desde que limpies su habitación porque está “mi mi limpita”, hasta que compres comida. Valora lo que haces por ella y ahora puede expresarlo.

Los “¿por qué?” llenan nuestro día a día y la contestación deriva en temas interesantes, su comprensión evoluciona al mismo tiempo que su capacidad de comunicarse.

Su personalidad se deja ver a través de sus palabras. La comunicación completa sus alegrías, sus enfados, sus tristezas… Conoces lo que sucede dentro de su cabecita, su manera de pensar, su nobleza y sus deseos. El puzzle se va completando y es maravilloso seguir conociendo a la persona en la que se está convirtiendo.

Vivimos una etapa maravillosa en la que las risas y los juegos han evolucionado, las confidencias y los momentos de cariños se han desarrollado y son cada vez mejores, y las conversaciones superan cualquier cosa que hayamos imaginado.

“¡Eso no se dice!” o cómo gestionar las palabras prohibidas cuando aprenden a hablar

Cuando los peques comienzan a hablar aprenden todas las palabras y expresiones que oyen, son monitos de repetición, por eso es muy importante tener cuidado con lo que decimos en su presencia.

Las palabras o expresiones prohibidas son las palabras malsonantes y palabrotas que los adultos soltamos casi sin darnos cuenta y en diversas circunstancias, pero que al ser padres comenzamos a tener muy presentes porque nuestros retoños aprenden y reproducen con asombrosa facilidad.

En nuestro caso, tengo que confesar que la que más palabras prohibidas dice en casa soy yo, y soy la persona que más tiempo paso con mi hija, así que dejar de utilizar estas expresiones se ha convertido en todo un reto para mí.

La primera vez que Lucy emuló una de estas palabras tan feas no pudimos culparla. De hecho la sorpresa y la risa se entrelazaban, porque ver a una cosita tan pequeña con esas palabras en la boca es impactante.

Sabemos que las aprende de nosotros y que el problema es nuestro, no suyo. Así que le explicamos que esas palabras son muy feas, que no se dicen y tomamos la decisión de llamarnos la atención entre nosotros cuando alguien utilizase alguna de estas palabras prohibidas en casa. Creemos que es lo más justo para todos y de este modo, Lucy entiende mucho mejor la prohibición.

No es lo mismo que solo le regañemos a ella si dice una palabra malsonante, que vea que cuando papá o mamá lo dicen, también son regañados.

 

De hecho, además de aprenderse las palabras prohibidas genial (para no decirlas), las identifica en seguida en una conversación y se ha apuntado al carro la primera para llamar la atención. En cuanto oye alguna, exclama: “¡Eso no se dice!”. Le damos la razón y pedimos perdón. No solo hemos conseguido que entienda que esas palabras no se deben utilizar,  si no que está muy concienciada a la hora de enseñarnos también a nosotros. Tiene el mismo derecho a regañarnos y se siente parte de esta “operación contra las palabras prohibidas”.

 

Niña haciendo gesto de silencio

 

El hecho es que nos cuesta mucho más a nosotros dejar de decirlas, pero creo que al pedir perdón, ella se da cuenta de que las personas somos humanas y nos equivocamos. Es importante que tome consciencia de que nadie es perfecto, pero que intentamos hacer las cosas bien. Que sus padres le den la razón y se disculpen es una lección de humildad que nos gusta enseñar a nuestra hija.

Casi sin planearlo, hemos encontrado una forma estupenda de dejar de decir palabrotas y evitar que Lucy las repita. Sin castigos por decirlos, sin premios por no hacerlo, y en la que todos participamos con la idea de que esas palabras no se deben decir.

Resumiendo:

  • No te rías cuando comience a decir ese tipo de palabras. Creerá que te hace gracia porque es divertido y enviarás un mensaje erróneo.
  • Buscad de dónde viene el problema y erradicarlo.
  • Explicad que son palabras que no se deben decir, porque hacen daño a la persona que los oye, por ejemplo.
  • Si llamáis la atención a los peques, lo justo es llamarle la atención a todo aquél que diga este tipo de palabras en su presencia. Seguro que el resto de adultos lo entienden y participan. De esta manera es probable que los peques no sientan que es a los únicos que regañan y que cambiar ese mal hábito es cosa de todos.

Lucy va ganando por ahora porque es a la que menos regañamos, y con esto de llamarnos la atención cuando se oye alguna palabra prohibida en casa, la alarma salta y se oye un “¡Eso no se dice!” bien alto y firme.

 

¿Cómo lleváis en casa el tema de las palabras prohibidas?

 

 

¿Cuándo deben comenzar los peques a elegir su ropa?

¿Cuándo deben comenzar los peques a elegir su ropa?

Uno de los temas, como tantos otros, en los que la edad no debería ser una guía y en el que depende mucho del niño o niña en cuestión. Pienso que el límite se encuentra en el momento que la lían parda porque no quieren ponerse algo que ellos no han elegido y no les gusta, algo totalmente comprensible.

Luchar y enfadarse porque no quieren vestirse con una prenda que no les gusta y que ellos no han decidido comprar es absurdo y agotador. Seguro que si lo piensas fríamente concluyes que tener un mal rato en casa por esta razón no compensa.

La primera vez que pasó algo así en casa fue con un regalo. Un peto vaquero monísimo que le regalaron, que la primera vez se lo puso, pero que la siguiente al tenerlo puesto se negaba. No le gusta, no se siente cómoda.. ¡A saber! A la tercera vez que lo intenté, no se dejó ni ponérselo. Pues nada, ¡qué le hacemos!

Tengo que decir que no lo hace con toda la ropa, por eso sé que cuando no quiere ponerse algo, tiene sus razones, que deberían ser suficientes. Otras cosas le encantan y se las quiere poner todos los días, y hay que enseñarle que está en la lavadora o secándose, y la mayoría de las ocasiones lo entiende.

Como todavía es pequeña, muchas veces corremos el riesgo de comprar ropa cuando ella no está presente, sin su supervisión ni consentimiento. Recuerdo que yo odiaba que hicieran esto mismo, pero siendo ya más mayorcita, con once o doce años.

La mayor parte de las veces se conforma con lo que traemos, aunque suele resistirse a probárselo, como si no le interesara; Días después cuando procedes a probarle la ropa, es probable que le guste y se conforme, o que alguna de las prendas ni se la quiera probar. Exactamente igual que nos puede pasar a los adultos. Para eso está el ticket: se cambia o se devuelve y punto.

También diré, que yendo con ella de compras solo se fija en las cosas muy llamativas o con personajes de dibujos y/o superhéroes… Para comprar cosas más normales tienes que enseñarselo, y funciona darle varias opciones del mismo tipo de prenda, para que ella elija.

 

El Armario de Lucy

El Armario de Lucy

 

Permitir que decida qué zapatos se pone, darle a elegir entre varias camisetas o cambiar de pantalones cuando quiere ponerse otro y no el que has elegido, no me parece grave. No creo que sea maleducar, más bien toma sus propias decisiones y sale contenta a la calle. Así también le conocemos más, y esto ayuda a acertar cuando le compramos algo. Y nos facilita la vida una barbaridad.

Otro tema a parte es el momento de vestirse, que no es que se resista, que también, pero lo que peor llevo es lo de hacerse el peso muerto para que mamá o papá hagan todo el trabajo. Ella sabe vestirse solita, pero no le da la gana. Estamos trabajando en ello con mucha paciencia y tiempo.

¿Y si eligen algo que a ti no te gusta?

Pienso que cada uno tiene su estilo de vestir, y lo que a mi me parece una horterada y jamás me pondría, es perfecto para otra persona. Los gustos forman parte de la personalidad de cada uno, y obligarle a vestir algo que aborrece no contribuye a que desarrolle su propia imagen. También hay que pensar si quieres o crees que vas a poder cambiar su personalidad, eso que le hace una personita única.

Yo puedo decirle lo que pienso de una prenda, que me parece un color muy oscuro, que no me gusta la tela, que eso no sirve para ir al parque, etc… Y tengo que decir que aunque todavía es pequeña, comunicarse y razonar con ella funciona. Al final, la que se pone la ropa es ella. A mi no me gustaría que me obligasen a vestir según los gustos de otra persona. ¿Y a ti?

También, según nuestra experiencia, creo que al dejar que los peques decidan qué quieren ponerse, facilita que comprendan que tienen que vestir el abrigo para salir a la calle porque hace frío por ejemplo. Y si ellos mismo han elegido el abrigo, sus guantes o su gorro, se lo ponen de buen agrado. No deja de ser una negociación.

Si, Lucy tiene algunas prendas que no me convencen, vestidos con los que me parece que va fatal, momentos en los que preferiría que se pusiera otros zapatos, camisetas que pongo más abajo para que no se las ponga todos los santos días y por las que pregunta una y otra vez…. pero cuando elige su propia ropa ella va feliz y cómoda, y eso es lo más importante.

Hace poco decidí que solo discutiría a la hora de vestirse, si lo que lleva puesto no era adecuado al clima. Todavía recuerdo el día que quería salir en bragas y no había manera de convencerle, porque era verano y hacía calor, pero no para salir en ropa interior. Proponiéndole una prenda de sus favoritas, logré que se vistiera.

Lo sé, solo tiene tres años y más de uno y de una estarán pensando “ya verás cuando crezca”, pero dejarles elegir su propia imagen y estilo les permite expresarse, aprenden a hacerlo y mejoran su autoestima. Imponerles nuestro propio estilo o deseos en este tema cuando ellos quieren decidir no respeta su libertad ni su personalidad.

Y en serio, no es tan importante si no se visten como nosotros queremos.

¿Piensas que los peques deben decidir lo que visten?

¿O piensas todo lo contrario?