La Línea Púrpura durante el Trabajo de Parto. Entrevista con Ascensión Gómez.

Cuando estás embarazada escuchas a muchas mujeres decir que los tactos vaginales durante el parto son muy molestos y dolorosos porque el recuerdo para muchas mujeres no suele ser bueno. Es un momento del parto que, por esos mismos comentarios, genera miedo e inquietud a las parturientas, por lo tanto estrés y un aumento de producción de adrenalina. Te preguntas si en un momento así, en el que necesitas tranquilidad, intimidad y segregar oxitocina, es completamente imprescindible sufrir ese tipo de molestias.

 

 

Actualmente la recomendación de la OMS y del Ministerio de Sanidad español es realizar un tacto vaginal para averiguar la dilatación cervical cada 4 horas como mínimo. Por supuesto, puedes negarte a ello o puedes pedir que lo hagan cuando lo creas necesario. Es tu parto y tú decides.

Cuando te realizan un tacto vaginal, no solo miden de manera subjetiva tu dilatación, también la consistencia del cuello del útero (si es duro, blando o medio) y el borramiento. También mediante el tacto vaginal se comprueba la altura y presentación de la cabeza del bebé, la posición y actitud de la misma y si hubiese alguna anomalía como un prolapso de cordón.

Siempre me he preguntado desde cuándo se realizan tactos vaginales, porqué comenzaron a realizarse y si intuir la dilatación del cuello del útero antes se conseguía de otra manera, o incluso si realmente es tan necesario ya que muchas matronas son capaces de saber si una mujer está en dilatación completa solo con mirarles la cara y prestar atención a sus gestos faciales.

Entonces descubres que existe la línea púrpura, que aparece durante el trabajo de parto y es una linea pigmentada de color violeta o azulada. Surge desde el ano y va subiendo hacia el coxis en medio de los glúteos según avanza la dilatación, y sirve para estimar cuántos centímetros se ha avanzado Simplemente hay que observar a la mujer durante su trabajo de parto, ni tocar, ni realizar una exploración invasiva, molesta y dolorosa, y por supuesto, dejar que tenga movimiento libre y no obligarle a mantener una posición de litotomía que impediría la visibilidad de esta línea.

 

 

Además aprovechar esta señal natural que nos ofrece el cuerpo de la mujer, reduce el riesgo de infección y evita roturas de bolsa que podrían generar otros problemas durante el parto.

¿Y por qué no se utiliza la observación de la línea púrpura en todos los partos? ¿Por qué muchas no conocimos su existencia de boca del personal sanitario que acompañó nuestro embarazo?

Para conseguir respuestas a estas y otras preguntas me puse en contacto con Ascensión Gómez, comadrona, fisioterapeuta especializada en mujer y suelo pélvico.​ y directora del Centro Hebamme en el que un grupo de profesionales acompaña a mujeres durante su embarazo, parto y puerperio. Centro Hebamme es un lugar pluridisciplinar, donde se trabaja desde la matronería, la fisioterapia, la psiocología y terapias de grupo, para abarcar todo el entorno familiar, maternidad y crianza.​

Ascensión ha atendido partos en casa, aunque ahora se ha tomado un tiempo de descanso para dedicarse a su familia y  a trabajar en Centro Hebamme; Me interesaba su punto de vista porque es una mujer que se expresa de manera muy clara, defiende la libertad de decisión de toda mujer en su parto y condena la violencia obstétrica recurriendo a la evidencia científica. Es una profesional formada y actualizada, que comparte información con quien quiera aprender.

He buscado información sobre la antigüedad de los tactos vaginales y no he sido capaz de encontrar una fecha o un “inventor”. 

​”No hay referencias precisas de los tactos vaginales. En algunos escritos antiguos se describen pero no con precisión. El tema de la maternidad siempre ha estado en manos de las mujeres, y, por tanto oculto, y no ha sido tratado con el mismo interés por parte de los impulsores de la medicina. Tampoco se han usado los tactos vaginales como se utilizan ahora (para registrar una “progresión”). Los tactos han sido, y deberían volver a ser, una intervención invasiva que sólo se utiliza para tomar decisiones.​”

 

“Los tactos han sido, y deberían volver a ser, una intervención invasiva que sólo se utiliza para tomar decisiones.​”

Ascensión Gómez, Matrona

 

¿Cómo se reconoce la línea púrpura?

​ “La línea púrpura es visible entre las nalgas con la dilatación y, sobre todo, con el avance de la presentación fetal por el canal del parto. En algunas mujeres es muy evidente, y en otras no tanto. Para verla, la mujer debe estar inclinada hacia delante y tener luz en la zona.”.

 

¿Es aconsejable observar el lugar dónde estará antes del trabajo de parto para reconocer las diferencias?

​”Antes del trabajo de parto, no se aprecia en la inmensa mayoría de los casos. Sabemos que aparecerá en la línea interglútea, pero ​su aparición real es cuando la presentación empieza a bajar por el canal del parto”.

¿Los tactos vaginales son estrictamente necesarios?

“​No. Como decía antes, los tactos deben ser una guía o una herramienta para la toma de decisiones. Para conocer y valorar una dilatación, hay otros signos (movimientos, sonidos, movimiento vulvar) que nos indican si hay avance o no. Cuando hay dudas, o cuando se precisa una información más específica (posición del bebé o algún otro dato), es cuando el tacto vaginal se hace necesario y útil.”.

¿Qué alternativas existen para conocer la consistencia, borramiento y dilatación?

​”El tacto puede proporcionar información sobre el cuello (dilatación, borramiento, consistencia y posición) y sobre el bebé (posición de la cabeza y presentación del punto guía). La posición del bebé se puede palpar por la barriga, pero para conocer con más exactitud la posición concreta de la cabeza (si está deflexionada, o asinclítica) es mediante un tacto.”.

¿Los tactos vaginales son el único método de conocer la posición de la cabeza del bebé o es un dato que no tiene relevancia hasta que no se presenten otro tipo de problemas?

​”Conocer la posición precisa nos puede orientar ante un problema de descenso, por ejemplo. Si no hay problemas, no es necesario saberlo.”.

¿La observación de la línea púrpura sustituye al tacto vaginal, o realmente por la posición de litotomía que en muchas ocasiones se obliga a adoptar a las mujeres, esta observación se ha perdido dando paso al tacto vaginal?

“​La línea púrpura, como los movimientos, los sonidos o ciertos gestos, son señales de cómo va el parto, pero no son exactos ni son imprescindibles, es decir, que por la postura que tiene la mujer no vea la línea púrpura, no significa que esté perdiendo información. Los tactos no sustituyen a la línea púrpura porque no son lo mismo ni proporciona informaciones iguales; son cosas diferentes.”.

El resultado del tacto vaginal es subjetivo, igual que la observación de la línea púrpura, porque no para todo el mundo 10cm es lo mismo, ni el tamaño y grosor de los dedos es el mismo: ¿Qué es más fiable?

“​Lo más fiable es que la persona que hace la valoración sea siempre la misma, y que tenga capacidad para observar e integrar toda la información, venga de donde venga. Si son diferentes personas, o si la misma persona no integra todas las señales, no sirve de nada un tacto o la línea púrpura. Eso sólo son datos aislados que no significan nada si no se incluyen en una situación concreta, con una mujer, en un momento determinado. Ninguna de estas cosas son un metro de medir: son datos sin sentido por sí solos.”

¿Cuenta con evidencia científica? ¿Algún organismo oficial lo recomienda? ( solo he encontrado información de Lesley Hobbes en un artículo publicado en la revista “The practising midwife” Noviembre 1998 habla de la observación de la línea púrpura en parturientas)

​No es una herramienta precisa ni exacta. No aparece en ningún manual oficial que yo sepa. Tampoco aparecen los gemidos y los sonidos respiratorios, y para mí, son más fiables que los tactos vaginales, si sabes observarlos y ver su evolución en cada mujer. Eso forma parte del ARTE de las comadronas. No se pueden hacer estudios objetivos con esos datos.​

¿Actualmente se incluye en la formación de las matronas o se comenta en las clases de preparación al parto a las mujeres embarazadas como alternativa?

​No conozco todas las formaciones de matronas. A mi no me lo enseñaron en mi formación, pero hace ya unos años. Yo lo leí y me puse a investigar y observar. ​

¿Todas las mujeres lo presentan?

​No podría decirte, porque no hay registros de ello. Yo lo he observado en un altísimo porcentaje de las mujeres que he atendido (un 99%), pero no siempre lo he buscado, ni siempre lo he visto.​

En tu experiencia, ¿piden la observación de la línea púrpura muchas mujeres?

​ A mi, ninguna.​

 

 

Quiero agradecer a Ascensión el tiempo que me dedicó para contestar a estas preguntas con tanta amabilidad.

Gracias a ella obtengo varias conclusiones: los tactos vaginales son necesarios para medir ciertas cosas, pero es una intervención invasiva que sólo se debería utilizar para conseguir información cuando hay que tomar decisiones y que lejos de ser completamente necesario hacer tactos, otras señales como la respiración, los gemidos o la línea púrpura deberían ser tomados más en consideración de lo que actualmente se hace. Creo que esto se podría conseguir si se integrasen los modelos de matronería One to One en los hospitales, para que la parturienta esté atendida durante el trabajo de parto ininterrumpidamente y con la misma matrona. Los partos en casa son un ejemplo claro de este tipo de atención.

 

¿Conocías la Línea Púrpura?

¿Crees que hay otras señales más importantes que los tactos a tener en cuenta durante el parto?

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¿Para qué están las matronas?

Hoy 5 de mayo, es el Día Internacional de las Matronas.

La matrona es el profesional sanitario adecuado y formado para atender los partos. Son enfermeras (y últimamente también enfermeros) que tras realizar pruebas de acceso EIR se especializan en Obstetricia y Ginecología. Hay que recordar que la gran mayoría de partos son normales y no requieren de la presencia de un obstetra, las matronas están preparadas para atenderlos hasta el final, expulsivo incluído.

Pero estas no son sus únicas funciones, también proporcionan una atención integral a la salud reproductiva, sexual y maternal de la mujer, atendiendo a la madre en el diagnóstico, control y asistencia al embarazo, parto, puerperio normal y la atención al recién nacido.

Puede que muchas de nosotras no lo sepamos, pero las matronas no solo acompañan a las mujeres durante su embarazo y parto, también están preparadas para atender a mujeres durante su adolescencia con actividades educativas en materia de salud sexual y reproductiva, información y asesoramiento en métodos anticonceptivos o enfermedades de transmisión sexual, y durante el climaterio con información y consejos sobre la menopausia, prevención de alteraciones del suelo pélvico, incontinencia urinaria, etc… No conozco a muchas mujeres que hayan visitado a la matrona para este tipo de consultas a lo largo de su vida, yo misma solo he acudido a su consulta durante mi embarazo.

La matronería es importante para la salud de la mujer y cumple unas funciones necesarias según el momento en el que esta se encuentre. Puede que por eso, la mayoría de sus funciones no son conocidas, porque es un profesional sanitario específico para la mujer. Y puede que por eso mismo, en muchas maternidades se les trate como un profesional de segunda sin autonomía ni capacidad de decisión, relegado al poder y sabiduría de los obstetras.

No es algo nuevo si digo que no hay suficientes matronas, ni en los centros de atención primaria, en los cuáles atienden a un gran número de mujeres, (muchas veces tienen pocos minutos para hablar con una embarazada que a lo mejor no es capaz de transmitir todas sus inquietudes y preguntas en tan poco tiempo), ni en los paritorios ni plantas de maternidad de los hospitales españoles.

Dudo mucho que las matronas hoy en día dispongan del espacio y de las herramientas propias para realizar las funciones mínimas.

Para ser completamente sincera, también dudo que algunas matronas se reciclen en la forma de atender los partos bajo la evidencia científica actual. Algunas siguen dando una preparación al parto anticuada, que responde a los protocolos de los hospitales en los que trabajan, protocolos que no respetan las recomendaciones de los principales organismos oficiales. A causa de esto, muchas mujeres tienen información desactualizada y errónea, y dan como buenas, prácticas que no son favorables ni necesarias en un parto.

Por otro lado y por suerte, cada vez más matronas se involucran y luchan por un cambio en la atención al parto desde los hospitales. Otras lo hacen atendiendo partos domiciliarios. Todas saben que las mujeres necesitan volver a ser las protagonistas de sus partos, que merecen tener un parto respetado y que no es una utopía.

Algunos estudios concluyen que los centros de parto regulados y dirigidos por matronas, ofrecen una alternativa segura, satisfactoria y costo-efectiva para las mujeres que experimentan un embarazo y parto normal sin aumentar la mortalidad ni la morbilidad. (Hallet (2000), Saunders y cols (2000), Olsen Jewel (2000), Albers Katz (1991))

La presencia de matronas durante el parto mejora la satisfacción de la parturienta, se sienten más empoderadas y con la capacidad de tomar decisiones durante su parto, algo que no se tiene en cuenta pero que es lo más importante de todo.

La atención de las matronas disminuye el uso de epidurales, de petidina, de episiotomías, de monitorización fetal electrónica, de amniotomías, de infusiones intravenosas, de exámenes vaginales. Y existe una baja incidencia de distocia de hombros, son partos más cortos, con más uso de hidroterapia y menos distrés fetal

Por supuesto la satisfacción laboral de las matronas aumenta cuando se les permite trabajar con autonomía y no están supeditadas a órdenes de algunos sanitarios acostumbrados a intervenir los partos y que tratan el embarazo y el parto como una patología, cuando no lo es.

El modelo de matronería One to One (instaurado en Reino Unido) es necesario para que las mujeres obtengan una atención personal y continua. Que una misma matrona atienda el parto de principio a fin favorece la actitud de la parturienta, le proporciona seguridad e intimidad y está comprobado (McCourt C. 1996 y Beake S. 2001) que las intervenciones disminuyen y los partos son más cortos. Incluso se sabe (Waldenstron U, 1998) que las mujeres atendidas durante su embarazo por matronas tienen menos probabilidad de sufrir una inducción o una estimulación al parto, de pedir epidural, de partos instrumentales o episiotomías, o de acabar en cesárea.

Después de leer todos estos datos, de conocer que la atención y acompañamiento de las matronas es el adecuado para una mujer en su embarazo y parto normal, ¿por qué en muchos hospitales no es el profesional sanitario que los atiende? ¿Por qué las matronas escasean en los paritorios y plantas de maternidad? ¿Por qué me ha costado tantísimo encontrar fotografías de partos atendidos por matronas respetando la fisiología del parto?

Las respuestas a estas preguntas suelen ser que falta presupuesto para contratar más matronas, que no puede haber una matrona por cada mujer que está dando a luz. Además, si no se tuercen los partos, ¿dónde quedan los obstetras? Pero es que las matronas ahorran dinero. ¡Si no medicalizamos los partos, salen muchísimo más baratos! Y si la presencia de matronas favorecen los partos naturales, está muy claro.

Los partos normales en los que respetan los tiempos de cada mujer, el movimiento libre, que no son estimulados con oxitocina, son más baratos porque no existe cascada de intervenciones y no hay que solucionar problemas que se provocan por no respetar la fisiología del parto. Y puede que ese sea el problema, que son gratis. Nadie gana con ellos, ni la farmacéutica que no vende epidurales, ni el obstetra que programa una cesárea en el hospital privado. Solo ganan las mujeres y sus bebés, y parece que no es suficiente.

Si solo necesitamos matronas para dar a luz, y eso no es un negocio (ni tiene que serlo), ¿por qué insisten en meternos prisa para parir con inducciones, monitores en la semana 37, en obligarnos a dar a luz en una posición inadecuada? ¿Por qué no dejan que los partos simplemente sucedan? ¿Por qué a veces estar embarazada y dar a luz se convierte en un momento de estrés y preocupación por ser tratado como una enfermedad?

Las matronas están para eso, para atender partos.

Para respetar las decisiones de las mujeres y no considerarlas enfermas. Para evitar procedimientos innecesarios, dar información y actuar bajo la evidencia científica.

Pero, ¿les dejan hacerlo?

 

Feliz día de Matrona a todas aquellas que hacen bien su trabajo, que se preocupan y que disfrutan con ello.

¡Seguid así por favor!

DECALOGO DE LA MATRONA

Un día antes de la FPP

Hoy hace un año a las 11:30h, me despertaba después de no haber podido dormir nada en toda la noche, (algo que venía siendo normal en las últimas semanas de embarazo), con unos dolores en los riñones “como de regla”. Recuerdo que entre dolor y dolor volvía a dormirme y que le dije a Súper Papá, que se iba a hacer running, que tenía dolores pero creía que me dolía la espalda porque hacía días que me estaba molestando… La cuarta vez que me dió ese dolor me levanté de la cama pensando que eran contracciones. Y lo eran.

Me levanté, fuí al baño y me puse a limpiar el polvo del salón mientras que cronometraba el intervalo entre las contracciones: entre 7 y 8 minutos e irregulares también en duración.

Súper Papá volvió de correr y me dijo que fuéramos a dar un paseo, que hacía un día precioso y mucho sol. Y lo hacía, un sol brillante y un cielo despejado del que me acordaré siempre, pero Lucy había decidido que nos quedábamos en casa a dilatar y eso hicimos.

Yo intentaba seguir limpiando para distraerme pero las contracciones molestaban. Llegó un momento en el que pensé que sería mejor guardar fuerzas y lo dejé todo para centrarme en el trabajo de parto.

Súper Papá hizo la comida: filetes rusos. Pero yo no podía comer, no podía estar sentada, estaba incómoda y aunque recuerdo haber tenido hambre y querer comer, mi cuerpo no me lo permitía.

Ahora pienso qué quizás ese sol tan brillante me molestaba bastante y no era capaz de verbalizarlo. 

Pelota de pilates, colchoneta en el suelo, líquidos… Recuerdo que me obsesionaba no pasar frío, me abrigaba, me tapaba mucho. Cogía una buena postura y pasaba un par de contracciones bien, pero en seguida tenía que volver a moverme. Contracciones cada 6 minutos.

Recuerdo que Súper Papá me preguntó si estaría más a gusto en nuestra habitación. Me pareció una idea genial y cuando entramos estaba a oscuras, iluminada solamente con velas que habíamos comprado con anterioridad. Me sentí segura, con intimidad y afortunada porque él había preparado todo sin que nadie lo dijera. Yo no podía pedir ni pensar con claridad en esos momentos.

No se que hora era, yo perdí por completo la percepción del tiempo.

Con ese nuevo escenario, tumbada en la cama, tranquila, cómoda y casi a oscuras, Súper Papá y yo hablábamos entre susurros y yo callaba cuando una contracción llegaba. Las pasaba bien, excepto alguna que subía de intensidad, pero notaba como mi cuerpo se acostumbraba al dolor para la siguiente que llegaba cada 5 minutos.

Se hizo de noche y pensé que a lo mejor un baño me venía bien, sobre todo para ver si las contracciones seguían o se paraban.

Súper Papá me preparó un baño calentito con velas y me vino bien para aguantar mejor el dolor. Creo que me relajé bastante y eso favoreció que mi cuerpo fluyese. Las contracciones aumentaron de intensidad notablemente, y yo empecé a sentir la necesidad de evacuar, varias veces y entre contracciones. Mi cuerpo se preparaba.

Botes en la pelota de pilates de nuevo, las manos de Súper Papá agarrando las mías y las primeras lágrimas cuando las contracciones aumentaban de intensidad. “Esto ya duele” recuerdo haber dicho.

Súper Papá me ofrece otro baño y accedo. Me dice que está siendo tranquilo y precioso, y que el siguiente parto será en casa. Yo pienso en el frío que hace fuera de esa bañera, de mi casa, en el coche de camino al hospital, en el hospital, las luces, la gente… y pienso que no quiero irme.

En la bañera dos contracciones muy intensas, cada tres minutos. Se me caen las lágrimas. Él dice que nos vayamos al hospital. Yo accedo pero preferiría quedarme y no irme ni ahora ni más tarde.

Me visto con unos pantalones de chandal de Súper Papá y alguna contracción me hace arrodillarme en el suelo. Le insto a que llame a mi hermana, que le cuente la evolución, cómo estamos y que nos vamos, por si algo se nos olvida. No escucho lo que dice pero está emocionada. Ya viene Lucy.

Queremos llegar después de el cambio de guardia, así que salimos sobre las 20:30. Ahora pienso que la inexperiencia nos hizo adelantarnos y tenemos interiorizado que cuando algo duele hay que ir al hospital.

En el coche contracciones menos fuertes. Frío, tensión, nervios… En alerta por primera vez.

No tenía miedo. Sabía que lo estaba aguantando, que mi cuerpo aguantaba y se acostumbraba al dolor. Que esto pasaría y que ni me acordaría del dolor. Y no lo recuerdo, tan solo me viene a la memoria un ligero escozor.

Llegamos al hospital y burocracia en recepción. Ando de un lado a otro, impaciente, como una leona enjaulada, no quiero estar ahí. Hay gente, me miran, me tengo que poner de cuclillas para pasar las contracciones, mucha luz y las contracciones no son las mismas, no duelen tanto y pienso que estoy perdiendo tantas horas de dilatación…

Nos pasan a una consulta. ¿Hola? Llevo con contracciones 9 horas, subeme a maternidad. ¿Qué narices necesitas preguntarme? Necesito oscuridad, intimidad y tranquilidad. ¿Te parece que aquí las tengo? Pero no puedo hablar.

Sala de espera de maternidad. ¿En serio? Debe ser que estoy aguantando muy bien o que no he llegado gritando y no me tomáis en serio. Así no.

Monitores. Las contracciones no son las mismas pero siguen apareciendo cada 5 minutos. Me dijeron 10 minutos y me estoy revolviendo de impaciencia e incomodidad en este sillón ortopédico. Necesito moverme, irme de aquí. Hay ruido, tengo a otras personas al lado, me da vergüenza gritar y quejarme, mucha luz… No son 10 minutos.

Llega una matrona que no es la misma que me recibió. Esta no me gusta. Según salgo de monitores una contracción me hace caerme de rodillas al suelo. Me deja que se me pase, esperaba un “levantate” pero no, me deja pasar la contracción y me ayuda a levantarme cuando ya puedo hacerlo.

Me pasan a hacerme un tacto. Ufff… Con lo que dicen que duele… Y esta matrona no me gusta. Dilatada de 4 cm. Yo creía que iba a ser más, pero no está mal. No me hace daño. Me pongo un camisón y mis bragas.

Me pregunta como quiero dar a luz y le pregunto si está la bañera libre. Me dice que si y que tengo esa habitación disponible si la quiero.

Entramos a la habitación, atenúa las luces y me dice que ahora vuelve.

Súper Papá y yo nos abrazamos emocionados. Estamos allí, tenemos bañera y un paritorio que parece estar bien equipado para nosotros solos. Hemos dilatado en casa bastante, lo hemos pasado bien y yo tengo fuerzas y ganas de ver por fin a Lucy, de ver su carita, de cogerla en brazos… Había quedado con ella el 9 de diciembre, mi FPP y parece que no piensa llegar tarde.

CÓMO DENUNCIAR LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA 

Actualmente millones de mujeres sufren a diario Violencia Obstétrica en todo el mundo y la gran mayoría son silenciadas por los profesionales sanitarios, por familiares que consideran como algo “normal” las vejaciones que aún hoy en día se sufren en un momento tan vulnerable y que debiera ser tratado con respeto e intimidad como el parto, y en última instancia por ellas mismas, confundiendo una depresión posparto con un estres postraumático por haber sido maltratadas y abusadas en un momento emocional tan sensible. Existe mucha ignorancia e incomprensión sobre este tema y hacia las mujeres que la sufren.

Afortunadamente algunos hospitales empiezan a concienciarse y a crear centros especializados en Partos Respetados, pero muchos otros siguen anclados en una obstetricia equivocada, obsoleta, que no respeta la fisiología del parto ni a las parturientas.

Muchas mujeres son conscientes de haber vivido alguna situación abusiva que les ha traumatizado y no saben a quién ni como reclamar. Y en la inmensa mayoría de los casos lo único que quieren es dar a conocer esa mala praxis y que no le vuelva a pasar a otra mujer lo que les pasó a ellas. Y esa, es la gran razón para denunciar: que no vuelva a pasar.

Denunciar o mandar una reclamación a un hospital se hace cuesta arriba para una mujer puérpera dolorida, hundida y traumatizada por un mal trato recibido y muchas veces encontrar información para proceder es complicado.

Y la gran duda: ¿es la Violencia Obstétrica un delito tipificado actualmente? ¿Se puede denunciar?

Susana Ferreiro, la coordinadora de La Revolución de las Rosas en España contesta: “Aunque España aún no las ha tipificado específicamente, las prácticas constitutivas de violencia obstétrica se encuentran prohibidas en nuestro país, ya que suponen la vulneración de derechos básicos reconocidos en Convenios internacionales, así como en nuestra Constitución: a la integridad física y moral (artículo 15), a la libertad personal (artículo 17) y a la intimidad (artículo 18).

También pueden suponer una violación de, entre otras, las siguientes normas:

  • La ley General de Sanidad, que impone al personal sanitario la obligación de actuar conforme a la evidencia científica.
  • La ley de Consentimiento informado, siendo este un derecho de todos/as los/as usuarios/as del sistema sanitario.
  • Los delitos de coacciones y amenazas del Código penal.
Por eso creo que en principio no sería necesaria una tipificación expresa de la Violencia Obstétrica, aunque, visto que la Justicia no la está reconociendo, quizá sería necesaria una ley específica (como en Venezuela, Argentina y México) para abrir camino y crear conciencia al respecto.”
Como decía anteriormente, cuando una mujer siente que ha sido vejada muchas veces sufre la incomprensión de su alrededor, que quita importancia a esos sentimientos y los confunden con los de “una mujer recién parida”. ¿Cómo sabe una mujer que ha sufrido Violencia Obstétrica?
Susana Ferreiro recuerda unas palabras de Francisca Fernández Guilén:
“Obligarnos a parir en una determinada posición, separarnos de nuestros hijos al nacer, privarnos de apoyo emocional, inducir los partos por conveniencia o engañarnos diciendo que hay que programar una cesárea porque tenemos la pelvis estrecha, crear un ambiente falto de intimidad en torno a la mujer que está de parto o la práctica rutinaria de la episiotomía son formas típicas de la violencia obstétrica denunciadas por las organizaciones de mujeres de países de todo el mundo.”
Pero según Susana no hay lugar a dudas “Las mujeres que consideran que han sufrido Violencia Obstétrica es que la han sufrido realmente.”
Una mujer que ha sufrido Violencia Obstétrica puede enviar una queja, una reclamación o denunciar y no debemos olvidar que una mujer que es consciente de haberla sufriso, necesita apoyo de su familia y de su entorno y es importante que piense en la posibilidad de acudir a algún grupo de apoyo como los de El Parto es Nuestro, pedir ayuda en El Observatorio de Violencia Obstétrica o ponerse en contacto con La Revolución de las Rosas.

Para mandar una queja, sugerencia o reclamación, se debe actuar de manera diferente en la sanidad pública y en la privada:

SANIDAD PÚBLICA

Enviar al Servicio de Atención al Usuario del hospital en cuestión una carta explicando los motivos de la reclamación, los perjuicios y el tipo de atención que nos hubiera gustado recibir. También debería hacer llegar una copia al Jefe/a del Servicio de Obstetricia como a la Dirección de Enfermeras/os a través del servicio de registro del hospital. Puede enviarlo como Burofax o por correo certificado con acuse de recibo.

También se debería enviar una copia de la reclamación al Defensor del Paciente de nuestra Comunidad Autónoma, y a los Servicios de Calidad y Atención al Usuario de la Consejería de Salud.

SANIDAD PRIVADA:

Enviar una queja a la Dirección del hospital y a la Oficina de Atención al Cliente de nuestra aseguradora. También podemos dirigirnos a las Oficinas de Atención al Consumidor y al Servicio de Reclamaciones de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones

Otra forma de reclamar es dirigirnos al Colegio de Médicos o de Matronas. Los servicios de salud están obligados de facilitar el nombre, apellidos y categoría profesional de las personas que nos atendieron.

Otra forma de reivindicar y dar a conocer la mala praxis que han ejercido en un hospital es contar nuestro caso a los medios de comunicación,  asociaciones de defensa de los derechos de la mujer, de consumidores y usuarios, webs, blogs, grupos de apoyo, etc… En algunos grupos de apoyo aconsejan también escribir una carta al médico que nos atendió para que sepa y tenga presente el daño moral, físico o psíquico que nos pudo causar.

Respecto a contar nuestra experiencia y nombrar hospitales, Susana Ferreiro dice: “Es controvertido si las personas jurídicas tienen o no derecho al honor y de hecho hay alguna sentencia del Tribunal Constitucional que se lo reconoce a las de carácter privado. No obstante, creo que en base a la libertad de expresión, ello no obsta a que una mujer pueda relatar su parto y el lugar donde ocurrió. Me parece que es un caso de conflicto entre derechos fundamentales en el que pesa más este último.”

DEMANDAS JUDICIALES

Para llevar a cabo una demanda judicial lo primero es conseguir nuestra historia clínica. “El Parto es Nuestro” (EPEN) facilita este modelo para pedirla. Se debería enviar por fax o correo con acuse de recibo a un centro privado o por vía administrativa desde las oficinas de correos (Burofax) o través de cualquier registro público si es un centro público. Llevar dos copias y que sellen una como recibida.

Los requisitos para poder demandar son:

a) Que se haya producido un daño o perjuicio por acción u omisión, además de una incongruencia de la atención a las recomendaciones de la evidencia científica, la ausencia de consentimiento informado…

b) Que exista una relación de causalidad entre la lesión y el agente que la produce.

c) Que no se haya producido fuerza mayor.

Para realizar una demanda es necesario procurador y abogado y los costes pueden ser altos. Existe la posibilidad de una sentencia negativa.

RECLAMACIÓN DE RESPONSABILIDAD PATRIMONIAL (RRP) (sólo en la Sanidad Pública).

Los costes son menores comparados con una demanda porque no se necesita procurador, ni hay tasas judiciales ni costas. Resulta muy difícil para el ciudadano medio hacer una buena RRP sin abogado, así que será necesario. El hecho de que se trate de un proceso encaminado en exclusiva a obtener una compensación económica es utilizado en muchos casos para fomentar la idea de que lo único que hay detrás de las reclamaciones del paciente es el deseo de hacer dinero.

En caso de resolución desestimatoria de la RPP, el siguiente paso sería un recurso contencioso-administrativo.

Una demanda puede ser un largo, caro y duro camino, pero esto solo puede ponerlo en la balanza la persona que ha sufrido el daño.

Se llegue a demandar o no, lo que siempre aconsejo es utilizar todos los recursos extrajudiciales que podamos y que consideremos necesarios. Las quejas y reclamaciones a centros u hospitales específicos, y a médicos o matronas no caen en saco roto. Mandando reclamaciones a los hospitales conseguimos diferenciar a los buenos profesionales de los desactualizados.

Nadie puede ni debe callarnos. Contar nuestra experiencia a embarazadas, a otras madres y mujeres hará que estén sobre aviso sobre ese centro en cuestión y elijan otro. Al bajar la tasa de atención se preguntarán que están haciendo mal y es posible que algo cambie.

Cada 25 de Noviembre gritamos más fuerte que el resto del año para erradicar la Violencia Obstétrica. La Revolución de las Rosas liderada por Jesusa Ricoy Olariaga es un movimiento global contra la Violencia Obstétrica que cada año desde el 2011, propone acciones en todo el mundo con la finalidad de concienciar sobre su existencia y así conseguir erradicarla. Haciendo esto muchas mujeres víctimas de violencia obstétrica encuentran una forma de poder quejarse y, por tanto, un espacio desde el que empezar a superar las secuelas de lo vivido.

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Utiliza esta foto de perfil en tus redes sociales para apoyar el movimiento.

Quiero agradecer a Susana Ferreiro su amabilidad contestando a mis preguntas, toda la información que me ha aclarado con suma rapidez y su lucha para que la Violencia Obstétrica deje de ser invisible. También a Jesusa Ricoy Olariaga por ponerme en contacto con ella y crear La Revolución de las Rosas.
Este año además La Revolución de las Rosas lanza esta petición en Change.org para poner fin al abuso y falta de respeto durante el parto:
Utiliza en Facebook, Twitter, Instagram estos #hastag para poyar el movimiento:

#rosrev #25N #Yanonoscallan #stopobstetricviolence #endabuse

La Violencia Obstétrica es violencia contra la mujer, una forma más de Violencia de Género.

No podemos ni debemos callarnos.

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Informaciones de:

EPEN: http://www.elpartoesnuestro.es/informacion/conoce-tus-derechos-area-legal/guia-sobre-reclamaciones-y-demandas

EPEN: http://www.elpartoesnuestro.es/informacion/conoce-tus-derechos-area-legal/como-reclamar-campana-stop-kristeller